El Descontento en España

01/07/2011

El movimiento ciudadano en España se ha revitalizado con las concentraciones organizadas desde el 15 de mayo. Éstas muestran un descontento que viene gestándose desde hace tiempo, pero que no había tenido una expresión popular tan masiva. A la concentración en la Plaza del Sol de Madrid le siguieron numerosas acampadas en el resto de las ciudades españolas. Este descontento tiene lugar en un contexto de una grave crisis económica que asola al país desde el año 2008, pero también constituye una demanda por parte de la sociedad civil de cambios orientados a la regeneración democrática y a determinadas reformas políticas. La cuestión de fondo es entender cuáles son las demandas de los concentrados, el contexto socio-económico español, la representatividad de estos grupos y su plasmación política.

 

El lema de las concentraciones ha sido “Democracia real, ¡ya! No somos mercancía en manos de políticos y banqueros”. A pesar de que en ciertos medios se ha querido trazar un paralelismo entre los movimientos democratizadores del norte de África y Medio Oriente, hay que remarcar el abismo que existe entre estos países y España, un estado plenamente integrado en la Unión Europea con un sistema democrático bien consolidado. Entonces, ¿por qué tienen lugar estas manifestaciones?, ¿cuáles son las demandas de los participantes del movimiento 15-M? Las demandas a favor de una democracia real no niegan la existencia del sistema democrático en España, pero quieren señalar las contradicciones del sistema político y económico en un país donde la mayoría de los ciudadanos se sienten indignados y, al mismo tiempo, confundidos y desconfiados respecto a los partidos políticos, la clase empresarial y los sindicatos.

 

El movimiento ciudadano demanda la necesidad de que se produzca una reforma de la ley electoral. En España se aplica la ley electoral de Hondt, una ley que está a medio camino entre los sistemas electorales proporcionales y los mayoritarios, pues favorece a los partidos mayoritarios (Partido Socialista y Partido Popular) y perjudica principalmente a los partidos minoritarios de implantación nacional, como es el caso de Izquierda Unida. A esto le debemos añadir el tamaño de las circunscripciones electorales, que en el caso español corresponden a la provincia. Así, hay provincias como Barcelona con más de 5 millones de habitantes y otras como Soria que no llegan a los 100 mil. Se produce la paradoja de que un voto de una persona de Soria vale cinco veces más que el de un elector de Madrid, Barcelona o Valencia. Los argumentos a favor de este sistema remarcan la necesidad de que exista una representatividad territorial, pero en mi opinión debería ser el Senado el escenario de los intereses regionales y no el Congreso de los Diputados. El movimiento del 15-M ha denunciado el bipartidismo del sistema y ha alentado la participación política en todos los ámbitos más allá de la contienda electoral.

 

Otra de las demandas con mayor aceptación popular es la de acabar con la corrupción de los partidos políticos, ya que partidos de signo contrario albergan en sus listas a imputados por casos de corrupción. El sistema de listas cerradas y bloqueadas impide a los electores elegir el orden y la preferencia por los candidatos que presenta un partido. Ésta es una demanda que viene exigiéndose desde amplios sectores, pero que a la hora de la verdad no ha existido ningún interés en llevarla a cabo por parte de los grandes partidos. Un sistema de listas abiertas apartaría a los imputados por corrupción, permitiría saber qué grado de apoyo consigue cada facción ideológica a nivel interno de partido y facilitaría la inclusión de nuevos candidatos e ideas regeneradoras.

 

Pero, ¿éstas son las razones por las cuales las movilizaciones han tenido éxito? En mi opinión, estas propuestas que he mencionado también existían años atrás cuando el país crecía económicamente e incluso el presidente Zapatero decía en los medios que España iba a adelantar a Francia en PIB per cápita. Pero este optimismo “provindencialista” era compartido por mucha más gente, que no quería percatarse de la fragilidad de la estructura económica española centrada en la construcción y en servicios de poco valor añadido como el turismo. En la actualidad más de 45% de los jóvenes españoles no encuentran trabajo, siendo una de las generaciones mejor formadas del país. Un sueño roto con expectativas frustradas es el que realmente motiva a la gente a salir a la calle. Los jóvenes no buscan ser subsidiados, lo que realmente demandan son oportunidades laborales para poderse formar como profesionales pero también como personas. Las cifras de desempleo llegan a 21% y se alejan de las cifras de países de nuestro entorno: Francia (9%), Alemania (7%), Reino Unido (8%). Por lo tanto, es la situación económica el factor desencadenante de estas manifestaciones con las que se formulan algunas reflexiones interesantes sobre el sistema político actual y que, sobretodo, tienen la función de recoger parte del descontento social causado por la crisis económica.

 

Este descontento y descrédito de la clase política no sólo es compartido por aquéllos que acudieron a las manifestaciones, sino que se trata de una desafección política generalizada que afecta a personas con diferentes ideologías y pertenecientes a distintos grupos sociales. La mayoría de los españoles coincidiría al identificar algunos de los principales problemas ante los que se enfrenta el país pero no llegarían a ningún acuerdo a la hora de proponer soluciones. Los resultados de las últimas elecciones municipales indican que es el Partido Popular el partido que recoge más apoyos entre los electores, con más de 2,200,000 votos de diferencia respecto al Partido Socialista. La visión de la crisis y las soluciones propuestas por los grupos que se movilizaron en las calles son muy diferentes a las del Partido Popular, hecho que indica que, si bien las manifestaciones han sido un ejercicio democrático y una expresión del descontento, éstas o no tienen suficiente plasmación política a causa de la abstención de la izquierda y el sistema electoral o realmente no son representativas de la voluntad de los ciudadanos. Probablemente la explicación obedezca a distintas causas. La única forma eficaz de saber cuál es la voluntad de los ciudadanos es el voto expresado mediante las urnas, pues el descontento en forma de abstención resulta difícilmente interpretable y no cambia la realidad que se pretende transformar.

 

Por último, querría recordar a nuestros lectores las palabras de Calderón de la Barca en su obra de teatro La vida es sueño:

¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

En una época en la que nada parece real ni duradero,

en la que la confusión reina en nuestras conciencias, no tenemos que perder la esperanza en que trabajando juntos el futuro está en nuestras manos y que si la vida es sueño, al menos que nos dejen soñar.

 

 

 

 

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