Consumo y Medio Ambiente

01/07/2011

 

En el año 2007 fui contratado por el Instituto Nacional de Ecología (INE), para realizar un estudio acerca de la venta de madera certificada. Las certificaciones ambientales son un tema emergente que trata de impulsar menores impactos a través de productos que, por su manufactura, forma de producción, métodos de obtención o consumo de energía se diferencian de los convencionales. Existen entidades certificadoras que mediante procesos estandarizados otorgan una “eco etiqueta” que da ciertas garantías acerca de la sustentabilidad del producto en cuestión. 

 

En el ejemplo con el que inicio esta colaboración, el INE nos pedía que investigáramos acerca del consumo de madera certificada comparada con la que no contaba con ningún sello en muebles de cocina. El estudio planteaba realizar una campaña promocionando las ventajas de los muebles de madera certificada y analizar el comportamiento del consumidor. La primera sorpresa fue que la tienda (El Palacio de Hierro) no sabía que vendía muebles de madera certificada y en consecuencia no entendía el alcance comercial del producto. La segunda fue que los precios de ambas opciones eran equivalentes, derrumbando la extendida percepción de que absolutamente todos los productos sustentables tienen un sobreprecio.

 

Frecuentemente nos cuestionamos si nuestro planeta tiene una capacidad de carga, es decir, un número finito de pobladores que pueda sostener sin colapsarse. La respuesta es relativa ya que depende de nuestra capacidad de consumo. Si todos nos comportáramos con los patrones de gasto energético de Estados Unidos, se necesitarían siete planetas Tierra para abastecernos. La clave está en el consumo, ya que el norteamericano promedio es siete veces más costoso en términos ambientales que un mexicano, por ejemplo. Es obvio, en consecuencia, que la forma y sensatez con la que consumimos recursos tiene un efecto importantísimo en la viabilidad del planeta. Sin embargo, es un tema que cabalga lento debido a factores como la esperanza tecnológica, una especie de terapia planetaria que deposita su confianza en la ciencia y la tecnología como los salvoconductos a un mundo sustentable y, en consecuencia, se auto exonera de participar de forma activa.

 

Sobre los productos sustentables o verdes existen varios recelos, el primero es su aparente sobreprecio. En las condiciones económicas actuales no parece existir una sensibilización suficiente para librar ese escollo. Un segundo elemento es la falta de información acerca de sus beneficios que muchas veces se vuelven vagos e intangibles.

 

Estos son dos retos a superar de manera urgente. Una de las palancas más importantes para revertir la crisis ambiental que enfrentamos se basa en una modificación de nuestros patrones de consumo que, en algunos casos – como en el de las camionetas de ocho cilindros-, son simplemente una barbaridad sobre la que deberíamos reflexionar sin dilación.

 

 

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