A 66 años del Fin de la Segunda Guerra Mundial, los Nuevos Fascismos en el Mundo: Limpieza Étnica y

El siglo XX es, sin duda, el periodo histórico que ha alcanzado los mayores adelantos en el ámbito de la ciencia, el conocimiento y la educación, así como en el progreso material, el desarrollo y el crecimiento de la humanidad. La población es mucho más numerosa que en cualquier otro periodo. La mayor parte de la gente vive mejor que sus padres, aun cuando las catástrofes en el tercer mundo lo hagan difícil de creer. En algunas economías el nivel de vida es superior a lo que nunca podría haberse imaginado. Minuto a minuto el mundo se transforma, proporcionando oportunidades, información y capacidades sin precedentes a la raza humana.

Sin embargo, el siglo XX es también el siglo más mortífero y conocedor de las mayores catástrofes humanas. La frecuencia, duración e impacto que los conflictos armados han alcanzado en el siglo pasado no tienen parangón alguno. El siglo XX ha sido capaz de arrojar desde las mayores hambrunas de la historia hasta el genocidio sistemático. También ha enseñado que el ser humano puede vivir bajo condiciones brutales e intolerables. En cada conflicto armado el número de civiles muertos y de ataques contra infraestructuras estatales y sociales aumenta su incidencia, lo que es visto con mayor tolerancia por la comunidad internacional.

El asesinato, la tortura o negación de los derechos básicos es cada vez más frecuente en los sistemas de seguridad de los estados modernos, lo que constituye una brecha en la evolución del sistema jurídico positivo.

Los mecanismos sociales que vinculan la experiencia del pasado a las generaciones contemporáneas parecen no funcionar de manera lógica. Las sociedades de final de siglo han sido incapaces de aprender de los errores del pasado para mejorar el presente. Las nuevas generaciones carecen de memoria histórica y los acontecimientos de un pasado prácticamente inmediato dejaron de formar parte del entramado de sus vidas.

La Segunda Guerra Mundial es considerada por muchos uno de los momentos más oscuros de la historia humana. Sin embargo, a más de 66 años del fin de la guerra, los odios, intolerancia y conflictos han alcanzado niveles que han llegado a sorprender a los mismos sobrevivientes del holocausto.

La nueva sociedad no ha destruido la herencia del pasado, sino que la ha adaptado de forma selectiva y conveniente a sus propios intereses.

Fenómenos como la limpieza étnica o el desarrollo de nuevas teorías jurídicas, tales como la teoría penal del enemigo, vuelven a segregar a la sociedad contemporánea y repiten las atrocidades y errores que marcaron el siglo pasado. La supresión de garantías jurídicas a los enemigos o no-personas, o la acción de exterminar o desplazar a una sociedad en su totalidad por razón de etnia, raza y religión, es cada vez más frecuente dentro de los conflictos que envuelven a la sociedad contemporánea.

La situación comienza a volverse alarmante y, sin embargo, las fuerzas de oposición no parecen tener la fuerza o voluntad necesarias para oponerse. El siglo XXI, en vez de comenzar por el camino de la paz, parece estar encaminado a ser más sangriento y brutal que el siglo pasado. La situación política internacional se ve fuertemente amenazada y puede ser el reflejo de una situación de violencia a nivel mundial por venir sin precedentes en la historia humana, por lo que es menester indispensable disminuir el carácter salvaje y sin control que en gran medida han adquirido las nuevas guerras postmodernas, étnicas y nacionalistas.

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