A través del Tiempo ¿Qué implica ser Maestro?

02/05/2011

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Estudié la Normal en educación preescolar hace 24 años. Al egresar mi nombramiento lo designaron en una institución del municipio de Valle de Bravo. Solicité mi cambio de adscripción y la respuesta fue: eres recién egresada, tienes poca experiencia, bajo puntaje escalafonario. Sentí que me habían castigado después de haber salido con un excelente promedio de la escuela. Pero, ¿por qué varias compañeras de abolengo que no tenían buen promedio estaban cerca de su casa en lugares privilegiados?

 

Pasaron dos años y con base en insistencia me cambiaron como educadora a una escuela que creó un nuevo grupo en el municipio de Lerma. Como era la nueva todo me tocaba hacer: maestra de ceremonias, comprar los materiales, elaborar el periódico mural y las invitaciones, preparar el número artístico, ayudar a la directora, salir más tarde, cubrir guardias más temprano y sobre todo atender a un grupo de alumnos que se integró con niños sobrantes de todos los salones etiquetados como “problemas”. Fue un gran reto y afortunadamente una gran experiencia. Por todo lo realizado alguien me observó y me invitaron a formar parte del equipo de supervisión, en esa época del año, en 1990, se denominaba apoyo técnico o apoyo administrativo. Me convencieron de trabajar con el sueldo de la misma plaza de Profesor Titulado y con una pequeña compensación. La supervisora que me invitó me dijo: me gustaría que me resuelvas ya y a partir de mañana te vengas conmigo porque nadie quiere ese lugar, ya se lo ofrecí a todas las educadoras de la escuela y ninguna dice que sí, y lo bueno es que tú eres dispuesta, estás soltera y sabes hacer muchas cosas.

 

Acepté cerrada de ojos y al otro día inicié una nueva experiencia. Me agradaba el trabajo, era arduo e interesante. La zona escolar estaba integrada por tres municipios: San Mateo Atenco, Lerma y Xonacatlán, para ser exactos 105 jardines de niños ubicados en territorio geográfico de zonas rurales, con caminos de terracería y de escasos recursos económicos; solamente las escuelas ubicadas en cabeceras municipales eran urbanas y de organización completa. Más del 80% de las instituciones estaban conformadas por una o dos docentes.

 

Redactar documentos, llenar estadísticas, realizar concentrados, preparar cursos, dar capacitación, visitar las escuelas, llevar y traer información a las dependencias para cubrir los requisitos, asistir a festivales y eventos en representación, cubrir grupos de docente multigrado que presentaban incapacidad… todo esto era cotidiano.

 

Pasaron tres años y la reforma de 1992 trajo como consecuencia la integración de las supervisiones escolares en educación básica, lo que provocó la solicitud de mi cambio de adscripción a mi lugar de origen. Las supervisiones escolares se integraron por jardines de niños, primarias, secundarias y telesecundarias en cada municipio del Estado de México. Cuando me presenté con mi nueva supervisora yo tenía 25 años de edad y ella pensó que iba a trabajar como educadora, cuando le entregué mi oficio de cambio y observó que iba a apoyar en supervisión no me creyó, me puso a prueba y no me tenía confianza; sin embargo, con el tiempo le demostré lo que sabía hacer y poco a poco me deslindó responsabilidades, algunos directores escolares me rechazaban por mi edad, con el tiempo los conquisté con el trabajo y me adapté a un nuevo equipo.

 

Después de trabajar en educación básica lo hice para preescolar. El trabajo se volvió una rutina: llevar y traer documentos, dar asesoría y adaptarme al ritmo de varias supervisoras, trabajábamos dos o tres años y se cambiaban o solicitaban permiso. En 18 años acumulé cuatro años como responsable de supervisión, al solicitar la plaza me decían que me faltaba preparación, sin embargo, a las personas que asignaban como supervisoras de la zona yo siempre les veía defectos. Estaban poco preparadas, llegaban tarde, o sólo iban los días cercanos a la quincena, no les interesaban mucho los problemas de las escuelas y sobrellevaban el trabajo de manera superficial.

 

Finalmente, las contradicciones y la falta de comunicación generaron muchos conflictos. He aprendido que nunca hay que saber más que un jefe que no es líder, porque se viene abajo tu trayectoria y además te etiquetan como problemático.

 

Buscar un nuevo empleo es estresante, tocas puertas en el sindicato, en los departamentos, en las direcciones, en las subsecretarías y todo es vuelta y vuelta y al final te dicen cualquier cosa y no te resuelven nada. El entusiasmo por el trabajo educativo, la preparación, los años de servicio, el lograr un buen puntaje no vale de nada.

 

Es cotidiano enterarse de cambios a nivel supervisión de personas que no tienen muchos méritos, pero sí tienen un buen apellido o una buena relación con personas que están en un gran rango de trabajo.

 

Conquistar al sistema educativo requiere de mucha tenacidad, como maestros tenemos grandes satisfacciones profesionales por nuestro esfuerzo; sin embargo, los años pasan muy rápido y las oportunidades aunque uno las busque tardan en llegar.

 

Mis preguntas serían: ¿qué implica ser maestro?, ¿y la experiencia y trabajar con eficiencia y la preparación y el escalafón?, ¿cuándo se jubilarán aquellos maestros que tienen más de 30 o 40 años de servicio, que están en una supervisión privilegiada, que realmente no creo que tengan tanto entusiasmo por mejorar la educación? Es necesario pues que reconozcamos la realidad educativa, donde no se pueden esconder los tintes políticos. Reformas educativas van y vienen, a pesar de ello seguimos siendo de los últimos en aprovechamiento a nivel internacional.

 

¿Es que acaso hace falta decir la verdad con un seudónimo para que alguien se dé cuenta de la realidad educativa mexicana?

 

 

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