¿Y después de la Alternancia qué? Análisis de la Teoría Sobre la Transición Democrática en México

02/05/2011

Las elecciones presidenciales realizadas el 2 de julio de 2000 tuvieron un importante significado político en México. Por primera ocasión fue plenamente reconocido el triunfo electoral de un candidato presidencial perteneciente a un partido político distinto a la hegemonía PNR-PRM-PRI* que gobernó el país desde 1929. La alternancia había llegado finalmente al ejecutivo federal mexicano. Por supuesto, un hecho de tal magnitud no puede entenderse sin el respaldo mayoritario de una sociedad que desempeñó un importante activismo político durante la campaña y la jornada electoral.

 

Debido al contexto histórico y la coyuntura política en la cual se desarrollaron estas elecciones, se generaron una serie de altas expectativas por parte de la sociedad en torno al nuevo gobierno. Dichas expectativas no estaban del todo infundadas, ya que el Partido Acción Nacional (PAN) pidió durante la campaña el voto de los electores para “quitarle el freno al cambio” y ofreció que, de obtener el triunfo, representarían el “gobierno del cambio” a través de la implementación de una serie de transformaciones que por fin llevarían al país a un estadio democrático. La estrategia electoral del PAN funcionó y obtuvieron una clara victoria sobre un desgastado PRI que no tuvo otro remedio que aceptar su derrota.

 

Sin embargo, una vez en el poder, el gobierno panista mostró claramente la imposibilidad de cumplir a cabalidad todas las promesas de campaña formuladas, lo cual se tradujo en una especie de desencanto por parte de una sociedad que ahora se pregunta: ¿y ahora qué sigue?, ¿éste es el cambio ofrecido?, ¿vivimos en una democracia? Las respuestas brindadas por los analistas lejos de aclarar el tema lo hacen más complejo, ya que dicha cuestión carece de consensos absolutos. No obstante, a pesar de las múltiples perspectivas formuladas sobre el tema, la mayoría de los estudios realizados coinciden en ubicar al sistema político mexicano en una especie de transición a la democracia, aunque incluso en este punto existen claras divergencias, ya que algunos señalan que la transición concluyó con las elecciones del año 2000 y otros, que en realidad comenzó a partir de entonces.

 

El presente artículo evalúa la presencia de la alternancia en el sistema electoral y de partidos mexicano con el objeto de conocer algunas de las cuestiones principales acerca del debate sobre la teoría de la transición política en México.

 

El debate sobre la transición democrática

 

La idea de transición implica el paso de un estadio a otro por parte de un algo en algún lugar y tiempo. Esa transición implica un cambio de lo viejo a lo nuevo, tomando en cuenta características que se replantean y se reformulan. El cambio es “una sucesión de diferencias en el tiempo en una identidad persistente” (Nisbet, 1979, p. 12).

 

De acuerdo con la definición anterior, la teoría de la transición democrática está basada en la acumulación de diferencias en los sistemas electoral y de partidos mexicano. Sin embargo, muchas veces las diferencias que se ofrecen como prueba se limitan a la serie de alternancias entendidas como simple resultado en los tres niveles de gobierno del sistema político, lo cual resulta insuficiente y equívoco ya que los resultados electorales deben ser contextualizados con el desarrollo previo de la campaña y posterior a la toma de gobierno. Asimismo, comparar alternancias a nivel municipal, estatal y federal como una sola cosa incumple la premisa de la identidad persistente, ya que cada nivel de gobierno tiene sistemas electoral y de partidos propios.

 

En el ámbito político mundial, el concepto de democracia ha sido reinterpretado en infinidad de ocasiones. Sin embargo, más allá de los debates políticos, filosóficos e ideológicos sobre lo que debemos entender realmente por democracia, podemos considerar que “desde el punto de vista operativo, su variable es la realización de elecciones limpias y periódicas” (Varela, 1998, p. 257). La sola existencia de las elecciones no indica por antonomasia un sistema democrático, además de que éstas deben darse en un marco de libertad y oportunidad de elección, es decir, deben ser competitivas, pues sólo de esa manera podrán considerarse legítimas en términos democráticos.

 

La teoría democrática liberal sostiene que la democracia no acaba con la dominación política, pero intenta acotarla a través de conceptos como la división de poderes, la vigencia de los derechos humanos, el derecho a la oposición y la oportunidad de ésta de llegar al poder. Es decir, reconoce las limitaciones de la democracia como sistema a la vez que limita sus alcances al aspecto puramente político de la vida social. “El enfoque democrático liberal se opone al concepto radical de la democracia que pretende superar la dominación del hombre por el hombre. Dado que las elecciones no pueden lograr este objetivo, se les atribuye menor importancia” (Nohlen, 1998, p. 14).

 

Es importante tener en consideración la distinción entre la democracia liberal y la democracia radical, ya que diversos autores que abordan el tema de la democracia pretenden establecer una relación de causalidad entre la celebración de elecciones competitivas y el desarrollo económico, social y cultural de una sociedad y es aquí donde se equivocan desastrosamente, puesto que pretenden atribuir a la democracia efectos radicales sobre la base de causas estrictamente liberales. Tal es el caso en la interpretación que generalmente se hace de la democracia en México a través del tema recurrente de la transición democrática mexicana.

 

Consideraciones finales

 

La teoría de la transición democrática en México cobró un auge importante principalmente a raíz de las elecciones de 1988. Dicha transición llegó a su fin en 2000, con la primera alternancia en el ejecutivo federal ya que ésta inaugura un sistema político competitivo. Lejos de sentir frustración al respecto, los mexicanos debemos entender que la democracia en sí misma es un medio político para poder articular nuestras relaciones sociales y no un fin que resolverá todos nuestros problemas de manera automática.

 

* Partido Nacional Revolucionario – Partido de la Revolución Mexicana – Partido Revolucionario Institucional

BIBLIOGRAFÍA

Nisbet, Robert (1979). “Introducción: El problema del cambio social”, en Robert Nisbet (coord.), Cambio social. Madrid: Alianza Universidad.

Nohlen, Dieter (1998). Sistemas electorales y partidos políticos. México: Fondo de Cultura Económica.

Varela Petito, Gonzalo (1998). “Perspectivas comparadas sobre los procesos de transición política”, en Silvia Dutrénit (coord.), Huellas de las transiciones políticas. Partidos y elecciones en América Latina. México: Instituto Mora.

 

 

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