La Mujer: El Mundo en sus Manos. Marzo-Abril 2011.Año.1.Núm.6

05/03/2011

Estimad@s lector@s:

Es difícil negar que existe discriminación de género. Ésta podemos encontrarla cuando vamos por la calle y recibimos “elogios” que más que cumplidos los sentimos como insultos. Cuando mentimos a nuestros maridos para poder realizar actividades que se traduzcan en una remuneración económica. Cuando nos sentimos avergonzadas por preferir los estudios y el trabajo por encima del matrimonio y los hijos. Cuando se nos niega un empleo por estar embarazadas. Cuando por un mismo trabajo se nos paga menos que a un hombre. Cuando, también, se nos niega desde casa la posibilidad de asistir a la escuela porque hemos nacido para casarnos, y una vez casadas no necesitamos de estudios, con dominar las labores del hogar basta. Entre otros muchos ejemplos.

Pero ¿dónde están las madres de los hombres que nos gritan cumplidos cuando vamos por la calle? ¿Dónde están nuestras suegras cuando tenemos que mentirle a nuestros maridos para trabajar? ¿Dónde están nuestras madres cuando nos sentimos avergonzadas por preferir el desarrollo profesional al familiar? ¿Dónde están las mujeres empresarias cuando pedimos trabajo estando embarazadas? ¿Dónde estamos todas cuando se nos paga menos por la misma actividad? ¿Dónde están nuestras madres cuando desde casa se nos niega la oportunidad de una formación académica? Pareciera que la verdadera pregunta es ¿por qué permanecemos calladas?

Para que exista una equidad de género palpable, las mujeres debemos comenzar por asumir nuestra responsabilidad. Al día de hoy seguimos siendo nosotras las principales promotoras de la educación en el hogar, qué mejor trinchera desde la cual inculcar a nuestros hijos valores que transformen nuestras sociedades, valores que constituyan los pilares de una cultura de equidad, no de igualdad. Porque una sociedad en la que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades, y en la cual ninguno de los dos sufra discriminación de género, se fundamenta en lo positivo y no en lo negativo.

No se trata de negar la efectiva discriminación que ha sufrido la mujer en nuestra sociedad, una sociedad indiscutiblemente patriarcal. Se trata de construir en valores distintos, de construir a partir de la propuesta y no, como se ha venido haciendo, de una llana denuncia.

Asumamos nuestra responsabilidad como mujeres. Hagamos algo desde todos y cada uno de los lugares en los que nos encontremos. Seamos amas de casa que eduquen en valores de equidad. Seamos legisladoras que promuevan reformas a favor de las mujeres. Seamos profesionistas y servidoras públicas que en lugar de seguir ciegamente los patrones establecidos por los varones, propongamos agendas más adecuadas para nosotras. En pocas palabras, seamos mujeres reformadoras desde todos los ámbitos en los que nos desempeñemos.

Porque ser mujer es un privilegio.

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