La Desigualdad de Género como Fenómeno Cultural

05/03/2011

El análisis de la igualdad entre hombres y mujeres en el Estado de México y de la implementación efectiva de políticas en la materia va más allá de crear leyes y de implementarlas, pues se trata de un fenómeno que nos acompaña desde el nacimiento como país, de la tradición y de los consumos en que estamos sumergidos como sociedad.

El Estado de México es una entidad muy compleja en donde convergen múltiples factores, entre los que se encuentran mantener la población más grande del país que constantemente se incrementa por ser la entidad receptora de población más importante a nivel nacional, debido al foco económico que representa el Distrito Federal y el precio elevado de su vivienda.

Como respuesta a esta situación se ha creado la zona conurbada más grande de América Latina y la tercera en importancia a nivel mundial, entre otras de no menor importancia; situaciones que obligan a los responsables de las políticas públicas a un análisis riguroso que debe ser acompañado de la sensibilidad necesaria para ofrecer soluciones reales a todos los habitantes.

A esta situación se suma un escenario en el que más de la mitad de la población se compone de mujeres y –paradójicamente— coexiste con una fuerte carga de tradiciones poco sensibles a las necesidades específicas de género.

Esta desigualdad se hace más evidente en las posibilidades de independencia económica para el sector femenino, las cuales se ven reducidas de manera severa, pues aunque como entidad representamos el campo más importante de generación de empleos a nivel nacional con el 13.7% del total1, de cada tres puestos de trabajo sólo uno es ocupado por una mujer. Esta cifra resulta incomprensible debido a que porcentualmente las mujeres mantienen mayores niveles educativos según el Gobierno del Estado de México, pues 12.5% de la población femenina tiene los grados de licenciatura, maestría o doctorado, mientras que, en el caso de los hombres, solo 9.8% los ostenta.

La inequidad en materia laboral arroja que, para puestos profesionales o de dirección, los empleadores prefieren a personal masculino y se relega al femenino, además de que los niveles de ingreso económico para las mujeres son menores en comparación con los ingresos del sector masculino por el mismo trabajo desempeñado2.

Por tal situación, como representantes populares tenemos la obligación de crear propuestas en los terrenos de igualdad y justicia que se implementen en forma real.

Para nadie resultan extraños los diagnósticos sobre la adversa situación femenina en el mundo entero, pues se trata de un tema analizado desde diversas ópticas a lo largo del tiempo y, como sociedad, estamos conscientes de que debemos ser lo suficientemente creativos para establecer políticas que permitan la realización efectiva de la igualdad de género.

En el recuento observamos que se contabilizan cuatro leyes que a nivel nacional atienden los derechos de género, las cuales se han visto atendidas por ocho a nivel estatal; sin embargo, se trata de un fenómeno que va más allá del establecimiento de normas que instituyan obligaciones. Se trata de una manifestación que nos rebasa por mucho como legisladores, gobierno y sociedad.

De acuerdo con Fernand Braudel3, los pueblos son determinados por sus estructuras sociales, las cuales incluyen las mentalidades heredadas y transmitidas inconscientemente de generación en generación a la par de costumbres y creencias, las cuales forman al ente social y de las que difícilmente podemos librarnos, ya que nos definen en diversos niveles, por lo que debemos considerar ya un avance descomunal la discusión del derecho de las mujeres y demos en conclusión que hace falta un gran trecho por avanzar.

Con esto no quiero decir que debamos hacer caso omiso de los pendientes y nos quedemos en la alabanza de los logros, pues el pasado nos determina en el presente. Esta mención constituye un llamado a establecer líneas de trabajo bajo las cuales recomencemos la edificación en materia de equidad de género; un diálogo constructivo entre sociedad y gobierno en el cual debemos aglutinar esfuerzos para consolidar una sola directriz: la equidad de género.

Para atacar la raíz del problema debemos entrar hasta el núcleo familiar y observar los agentes que lo determinan, pues en su seno germina el respeto social, incluido el de género.

Coincidimos en que como mujeres debemos mirarnos de manera diferente y acabar con la complicidad de quienes no nos respetan. Una frase pequeña, pero con mucho contenido y que las mismas mujeres debemos replantearnos.

Desde la perspectiva de género decimos sí a los cambios, sí a las políticas en la materia pero también al compromiso de impulsar los cambios desde el seno familiar bajo la eliminación de los estereotipos entre hombres y mujeres, así como trabajar en la construcción de opciones educativas que desplacen el papel que hasta estos momentos han detentado los medios de comunicación como grandes responsables de esta situación y otorgar nuevamente un papel más determinante al núcleo familiar.

La construcción de estos cambios sólo será posible mediante la implementación de políticas que involucren a la sociedad en la solución de este problema y la hagan partícipe de su arreglo a través de campañas masivas de reeducación efectivas y de largo plazo.

La perspectiva de género es un tema incumplido en el Estado Mexicano, pues la inclusión del factor femenino en las decisiones gubernamentales es una muestra de la poca atención que el sector merece al gobierno en general, ya que si partimos desde la estadística la representación femenina es escasa, pues de 19 secretarías de estado en México, sólo dos están encabezadas por mujeres. Además, la Cámara de Diputados federal cuenta con 138 mujeres de 500 diputados y la de Senadores con 25 de 128.

Por su parte, el Estado de México es administrado por 16 secretarías de estado, de las que sólo tres son tituladas por mujeres; mientras que en la Cámara de Diputados local tenemos 13 de 75 curules. En las decisiones a nivel municipal el panorama es más desolador, pues en 125 ayuntamientos sólo hay 12 alcaldesas, 34 síndicas de 136 y 545 regidoras de mil 238 espacios.

Con estas cifras no es extraño que el corte de las políticas públicas deje entrever la poca sensibilidad de las estrategias en materia de género, pues requerimos un mayor compromiso y el establecimiento de bases con  el objetivo de que su diseño permita las mismas posibilidades a todos los mexicanos, aunado a una estrategia que logre un cambio cultural que se acompañe desde el vínculo familiar, que es el cimiento de la sociedad.

1. Instituto Nacional de Geografía y Estadística. Cifras ENOE, comunicado 031/11, p. 9.

2. Instituto Nacional de Geografía y Estadística. Resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación

y Empleo, cifras del cuarto trimestre de 2010.

3. Fernand Braudel. El Mediterráneo y el mundo Mediterráneo en la época de Felipe II. México, FCE, 1989.

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

Carta de la directora

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo