La Mujer, La Guerra y el CICR

Hablar de los derechos humanos de la mujer desde distintos puntos de vista puede resultar un pleonasmo. Una figura retórica que utiliza palabras innecesarias, ya que su significado es explícito.

 

 

Los derechos humanos, en su contexto de igualdad y dignidad, establecen que no existe diferencia alguna entre varón y mujer. Los derechos humanos no hacen distinción de sexo, edad u otras circunstancias. No existe, hoy en día, ninguna clase de privilegios o poder por el simple hecho de diferencia de sexos. Aunque esta afirmación parte de lo jurídico, en el terreno social y político se encuentran infinidad de capacidades y necesidades distintas, como las reproductivas.

Estas diferencias colocan a las mujeres en situaciones vulnerables o desventajosas, y aunque a través de la historia la situación ha cambiado diametralmente, las diferencias son grandes y siguen provocando profunda violencia e injusticias. Es imprescindible la revisión de la construcción histórica de los derechos humanos y la reafirmación de los compromisos nacionales e internacionales que promueven la igualdad de género, mediante la construcción sociocultural basada en la equidad.

El nivel de violencia contra las mujeres, sustentado por las diferencias de género, varía según la sociedad o la situación social.Sin embargo, la violencia extrema contra las mujeres se manifiesta durante los conflictos armados contemporáneos.

Hoy día los conflictos armados, en su mayoría, son internos, luchas intestinas de un país o región entre diferentes grupos étnicos, religiosos o políticos y, cada vez con mayor regularidad, las distintas poblaciones civiles se ven atrapadas en el conflicto y se vuelven el blanco de los ataques de los bandos combatientes. Este tipo de conflictos internos tienen un importante impacto en las mujeres.

El colectivo de las mujeres padece, además del sufrimiento al que el resto de los colectivos está expuesto, otro tipo de violencia relacionada con su género y condición de madres, como puede ser la violación, maternidad forzada, prostitución, pornografía y asesinato sexual.

Las mujeres durante la guerra también desempeñan actividades y distintas funciones al resto de los colectivos. Han participado activamente en los conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial, como reservistas o en unidades de apoyo, sin embargo, al día de hoy la mujer ha tomado parte de manera mucho más activa, ya sea como combatiente, como parte de la sociedad o como constructoras de paz.

Se suele decir que las mujeres son un grupo especialmente vulnerable o débil durante los conflictos armados, sin embargo, son las mujeres las que desarrollan una fuerza y valentía extraordinarias en tiempos de guerra y, en la mayor parte de los casos, son las que mantienen unido el tejido social, ya que además de desempeñar sus responsabilidades cotidianas deben de adoptar los deberes de aquéllos que ya no están o han partido a la guerra, protegiendo o apoyando a su familia y miembros de su comunidad, ingeniándoselas para superar la situación de especial vulnerabilidad impuesta por un sistema discriminatorio y un ambiente de violencia extrema.

Aunque son muchos los proyectos y medidas que se han realizado para proteger y asegurar la equidad de género, es necesaria una revisión de éstos para acabar con las diferencias aún existentes.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) es una de las organizaciones que mayor éxito ha tenido en disminuir la situación de vulnerabilidad a la que se enfrentan las mujeres y otros colectivos, durante y después de los conflictos armados.

 

El CICR forma parte de una de las tres instituciones que conforman el Movimiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja y es lo que se conoce en el lenguaje corriente como la Cruz Roja Internacional. Además, tiene como objetivo disminuir el impacto de la guerra o conflictos armados en la población civil o los grupos de no combatientes, y tiene importantes proyectos destinados a las necesidades específicas de las mujeres. La labor que realiza varía dependiendo de la situación y las necesidades de cada colectivo.

Todas las operaciones de emergencia del CICR están destinadas a miles de mujeres que han quedado viudas y han sido obligadas a dejar sus hogares debido a la violencia o a las condiciones medioambientales causadas por las hostilidades y otros factores. Ellas y sus hijos viven, mayoritariamente, en campamentos y luchan para mantener a sus familias, no teniendo otro protector que el CICR. Cuando la situación lo permite, la organización proporciona la ayuda indispensable para la supervivencia de la población civil y así evitar nuevos desplazamientos.

Otra gran aflicción que acosa a las mujeres es el problema de los familiares desaparecidos. El CICR trata miles de casos anualmente. A manera de ejemplo podemos mencionar la guerra de la exYugoslavia en la que miles de mujeres siguen sin saber el paradero de sus maridos, hijos o familiares desaparecidos. El CICR trató más de 20 mil casos de personas desaparecidas durante el conflicto de Boznia Herzegovina, aunque sólo se han encontrado 4 mil cuerpos y muy pocos han sido identificados. Para poder ayudar a las familias a identificar y realizar una labor de mayor impacto, el CICR ha producido un libro de pertenencias que contiene fotografías de la ropa y objetos personales que han sido encontrados junto con los cadáveres.

 

Por lo general, las personas que acuden a revisar el libro lo hacen con el ánimo de no encontrar nada y mantener la esperanza de que sus familiares sigan vivos. Sin embargo, encontrar un indicio de la muerte de un ser querido representa acabar con la angustia, ofrecer un merecido luto y regresar a una vida normal. El hecho de no saber la suerte de los familiares causa una profunda pena y tiene consecuencias sociales sumamente profundas que afectan a familias y poblaciones enteras.

 

En aquellos conflictos que se desarrollan al interior de la población civil y sus comunidades, las mujeres están directamente expuestas a los peligros resultantes de las hostilidades.Por ello, el CICR envía delegados a visitar mujeres que viven en situaciones sumamente precarias o de riesgo, con el objetivo de diagnosticar la situación en la que se encuentran y mejorarla a través de programas específicos.

Es esencial que la mujer tenga acceso a la asistencia médica en tiempo de conflicto armado. Durante la guerra el servicio médico puede resultar de difícil acceso, debido a que las vías de comunicación son peligrosas o inaccesibles, o simplemente la infraestructura sanitaria ha sido destruida o está en manos del enemigo. Para disminuir los efectos de este fenómeno el CICR pone a disposición de distintas sociedades, afectadas por la guerra, unidades médicas móviles. De las personas que llegan a los dispensarios, 90% son mujeres y niños. Estas unidades atienden, sobre todo, los casos de urgencia, vacunación de infantes y brindan servicios de odontología y obstetricia.

En poblaciones donde el conflicto se ha prolongado por años o décadas y los medios de subsistencia han sido arrasados y en los que las mujeres se han quedado sin vivienda y medios para mantener a su familia, el CICR ayuda a grupos de mujeres que trabajan en plantaciones de hortalizas y legumbres y establece proyectos para reactivar la economía de la población.

Aunque existen algunas organizaciones en el mundo que no cejarán en sus esfuerzos por disminuir el sufrimiento de las mujeres que se ven afectadas por la guerra y la violencia, existe un inmenso número de mujeres completamente desprotegidas. La necesidad de protección y asistencia es de proporciones enormes y la ayuda no llega con la velocidad ni en la cantidad suficiente.

La violencia contra la mujer en los conflictos contemporáneos es el resultado de un sistema social basado en la discriminación.La estructura social que prejuzga las funciones que mujeres y varones desempeñan en sus comunidades, y se olvida por completo de la equidad y la igualdad, como derecho humano fundamental, está destinada al fracaso y destrucción. Es necesario un cambio radical que sea capaz de desaparecer las construcciones socio-culturales basadas en la desigualdad e inequidad. Es menester indispensable endurecer las medidas legales e instrumentación para obligar a los estados a implementar políticas públicas que incluyan a las mujeres en la toma de decisiones.

 

 

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