Los Derechos de las Mujeres. Una Reflexión en Torno a la Conciencia y la Vida

02/03/2011

A lo largo de la historia se ha luchado por los derechos de la mujer. No sólo eso. Se han ganado. Pero, ¿qué sucede que aún no podemos dar por consumada una sociedad de equidades e igualdades?

Es verdad que a partir de movimientos sociales y negociaciones políticas las mujeres hemos logrado ganar el reconocimiento de nuestros derechos a niveles nacional e internacional; sin embargo, no ha bastado para que en el concreto de lo cotidiano éstos se vean reflejados. Seguimos pisando tierras de inequidades y desigualdades a partir del sexo y de la conceptualización que de éste se ha hecho. Situación lamentable que no sólo merma la realidad de las mujeres sino la de los varones también.

Se han ganado espacios públicos, espacios de participación política, escenarios de participación en igualdad de condiciones. Se ha pugnado por una vida libre de violencia; se ha promovido la libertad para elegir para sí. Se ha logrado un reconocimiento y respeto a las capacidades; se ha conseguido la valoración de la persona libre de estereotipos, prejuicios o expectativas relativas al sexo y que son generalmente de tinte cultural, históricos y dinámicos. Además, hoy por hoy, tenemos también derecho a participar en la vida económica y de toma de decisión en lo que a nosotras nos compete desde un reconocimiento a la singularidad.

Ésos son sólo algunos de los logros. Entre otros, también hemos conseguido el derecho a decidir por el número de hijos, el derecho a la denuncia ante cualesquier tipo de ataque o evento discriminatorio, a expresar nuestras opiniones, a elegir trabajo de acuerdo con nuestras capacidades e intereses, a ser protegidas y atendidas en el terreno de la salud; entre otros muchos derechos alcanzados. Los podemos consultar y los podemos conocer. Son valiosos para una vida libre, plena y digna.

Los derechos de la mujer son un asunto de conciencia personal y de vida.

Sin embargo, pese a todas esas ganancias algo sucede. Algunas mujeres aún viven bajo la penumbra de la desprotección absoluta de sus propios derechos, sea que los desconozcan, sea que no los ejerzan, sea que no tengan apoyo para exigirlos o que ellas no cuenten con las herramientas para pedir los mismos para sus vidas.

 

Qué sucede con nosotras, qué nos falta por aprender, qué nos falta para comprender que somos dueñas de nuestros cuerpos, de nuestra conciencia, que sólo nos pertenece a nosotras la capacidad de elegir. Cómo comprender que la estructura social nos propone determinadas formas de ser, pero a nosotras nos toca elegir por nosotras. A qué le tememos cuando deseamos hacernos partícipes de nuestra propia historia.

Acaso son tan fuertes los estereotipos, los prejuicios y las expectativas que aún nos cuesta trabajo asumirnos como artífices y constructoras de nuestra vida. Es verdad que en muchos escenarios no es así –el discurso oficial así lo dice–, lo cierto es que en la mayoría de los estratos sociales sí seguimos con la amenaza de la discriminación por ser mujeres, resultado de lo que ideológicamente se ha construido en torno a ello.

Por poner un ejemplo, no es raro escuchar a alguna mujer, que desea ser dueña de sí, plantearse las siguientes preguntas (refiriéndose a su grupo de relación): ¿qué dirán cuando yo sea quien desee decidir por mí?, ¿me dirán egoísta, narcisista, que poco me importan los otros?, ¿qué dirán cuando les diga que el ser ama de casa es relativo a mis intereses?, ¿qué dirán si me organizo y trabajo, crío a mis hijos, le doy su espacio a mi marido, escribo, me preparo, soy profesional competente y atiendo a mis amistades?, ¿pondrán en tela de juicio mis capacidades por ser múltiples, diversas y no todas de acuerdo con lo que me corresponde por ser mujer?, ¿dirán que hago mal todo, que no se puede con tanto, que sacrifico tiempo “efectivo familiar”?, ¿y si les digo que la familia no es todo en la vida?, ¿qué me expresarán?, ¿que soy mala siendo madre, que descuido a mi marido? Al final del día, con todo ello, ¿quiero, deseo seguir siendo quien soy?, pregunta válida dadas las condiciones del ser mujer.

Por qué muchas mujeres seguimos en dilemas de éstas características lanzándonos a veces al

 

terreno de las culpas por incumplimiento “óptimo del quehacer propio del sexo femenino”.

Los derechos de las mujeres son eso, DERECHOS que no deberían pedirse por favor, deberían exigirse y hacerse respetar.

Debemos hacer conciencia de nosotras, preocuparnos por conocernos, por conocer nuestra sociedad, por reconocernos personas con necesidades e inquietudes y que nuestras sociedades han decretado que podemos ser quienes deseemos en una sociedad que debería ser abierta, incluyente y respetuosa de cada persona, independientemente de su sexo y condición.

Hagamos quehacer permanente de la promoción de la conciencia, del darse cuenta, de hacernos dueñas de nuestra vida para poder disfrutar de lo que tenemos enfrente y exigir que en los diferentes ámbitos, como el político, el económico, el cultural, tengamos una participación activa. Que no es nuestro espacio solamente lo doméstico. Que, si bien es cierto que el discurso social sí dice algo distinto a la discriminación, en lo privado, en lo concreto, en muchos estratos y escenarios se sigue manejando el que las mujeres son quienes se deben hacer cargo de la casa y de los hijos.

De manera lastimosa la sociedad aún no considera la libertad de las mujeres como parte de la ideología. Es lamentable porque también tenemos capacidades y potencialidades que todavía no son reconocidas abiertamente y que los prejuicios que circulan nos limitan en muchos sentidos.

Sólo me resta decir que en una sociedad donde la mujer no tiene una participación igualitaria y en equidad, el varón tampoco. Somos ambos sexos los lesionados en un mundo lleno de inequidades y desigualdades. A ambas partes nos siguen mutilando. Aunque se pudiera decir que lo anterior es cosa del pasado, basta mirar con sensatez para darse cuenta de que es presente.

Somos seres humanos, mujeres y varones, deberíamos ser libres, disfrutar de nuestras habilidades, capacidades y recursos personales sin distinción, sin crítica y siempre pensando en la vivencia de las personas de manera íntegra. Deberíamos pensar en sociedades libres de ataduras dadas por modelos establecidos de ser mujeres o varones. Deberíamos construir para cada quien lo que desea de sí mismo o sí misma sin mayor problema y vivir en libertad y con responsabilidad en una sociedad que se crezca a partir de seres integrales, éticos y libres.

 

Si no tenemos conciencia de nuestro valor como personas, jamás podremos exigir los derechos que por ley nos corresponden.

Fotografías: http://www.icrc.org

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