Reflexiones Sobre el Presupuesto 2011

Si todos los días, al iniciar nuestras actividades en el aula de clase o en la fábrica, en la oficina o en el taxi, en la cancha o en la palestra, nos preguntáramos qué país queremos para nosotros y para nuestros hijos, seguramente la respuesta llegaría más pronto, porque tendríamos el coraje, la voluntad y la disciplina de trabajar con afán por un objetivo cierto y valedero.

Esta pregunta, se encuentra latente en nuestra Carta Magna, cada precepto y cada principio nos señalan un rumbo claro, nos muestra un camino, nos dice qué debemos hacer y nos brinda la posibilidad de crear y proponer acciones contundentes. Concretando estas ideas, nos ocupa un tema de elemental relevancia para todos los mexicanos, el presupuesto 2011, es decir, la distribución de los recursos, su asignación y su implementación.

Nuestra Constitución Política, estipula en su artículo 26, que es obligación del Estado organizar un sistema de planeación democrática del desarrollo nacional que imprima solidez, dinamismo, permanencia y equidad al crecimiento de la economía. Asimismo, el artículo 134, señala a la eficiencia, la eficacia, la economía, la trasparencia y la honradez como los principios que delinean la manera en que se deberán administrar los recursos económicos de que disponga la federación, los estados, los municipios y el Distrito Federal; con la finalidad de satisfacer los objetivos a los que estén destinados dichos recursos.

Estos principios rectores no son otra cosa que el espíritu y la esencia que da vigencia a nuestra norma, convirtiéndola en texto regulador de nuestro presente como nación, principios que, al ser aplicados, dan solidez y claridad al futuro que anhelamos todos los mexicanos. Sin embargo, pareciera que esos principios de los que hablamos poco se comprenden y en consecuencia poco se aplican.

Partimos de estas premisas para enunciar que el Ejecutivo Federal, presentó a los legisladores, su propuesta de presupuesto 2011, quedando en un monto de 3 billones 438 mil 895 millones 500 mil pesos mediante el cual, el gobierno busca un modesto aumento en el gasto.

Cabe mencionar que esta propuesta se limita a señalar un crecimiento marginal y poco efectivo en materia de recaudación, propone el establecimiento de mayores controles de gasto federalizado, que se interprete en mayor transparencia y rendición de cuentas y prioriza el gasto en temas como la seguridad pública, seguridad social e infraestructura, como sabemos, la variación que se tenga corresponde al incremento de la inflación, más que al de la productividad del país.

Además, en materia fiscal no contempla adoptar alguna estrategia efectiva de recaudación, ni sugiere la ampliación de la base tributaria de forma eficiente, como tampoco señala con claridad la eliminación de privilegios fiscales; estas carencias que se advierten, se suman a la caída del petróleo que traerá como consecuencia una presión importante sobre las finanzas públicas para el presente año.

Lamentablemente existe omisión por parte del Ejecutivo, como de los legisladores, -emanados de diversas fuerzas políticas-, sobre el debate de reformas estructurales en materia económica; una vez más se dejó pasar la gran oportunidad que llegó con el año del bicentenario, “año de reflexiones”, para establecer reformas de fondo, efectivas y reales que le den al país la posibilidad de asegurar un crecimiento económico y social. Sin lugar a dudas, la falta de acuerdos no permite ver hacia adelante con objetividad.

Otra vez, la falta de acuerdos, las presiones políticas, un año electoral que se antoja complicado, el buscar negociaciones de grupo en lugar de permitir continuidad y sustentabilidad de proyectos nacionales han dejado inconclusos temas de interés colectivo, quedando pendientes la generación de empleo, la inseguridad que nos aqueja a todos, la carencia de una reforma fiscal, laboral, energética y sobre todo educativa que impiden que México encuentre su camino hacia un desarrollo sostenido.

Pareciera inapropiado hablar de cifras macroeconómicas, cuando la mayoría de los mexicanos amanecimos este 2011 con aumento en el precio de la gasolina, con el aumento en el transporte público en algunas entidades del país y sin haber logrado con éxito la disminución del IVA, buscando una ampliación de la base tributaria donde todos paguen poco y no pocos paguen mucho.

Carlos Fuentes afirma: empecemos a pensar en crear trabajos en el país. Es tiempo de un nuevo pacto para México, financiado por el dinero del petróleo que ahora costea una considerable parte del presupuesto federal, por la cooperación bilateral e internacional y por el éxito de la agenda misma.

No debemos de perder la esencia del presupuesto, como el instrumento primario destinado a


la ejecución de programas y acciones que importan al desarrollo del país, que son la base de todo lo que se pretenda desarrollar, como un ejercicio de colaboración de poderes, como instrumento regulador del gasto público, que tenga un amplio sentido social y el alcance del interés colectivo.

Es decir, que el presupuesto contemple las prioridades, entendiendo que existen situaciones de fondo que urge atender. Sobre este punto la Gaceta Parlamentaria del mes de noviembre del 2010 señala en uno de sus párrafos que: “El Ejecutivo propone una política de gasto público orientada a fortalecer la seguridad pública y apoyar el desarrollo social con particular énfasis en educación, salud y combate a la pobreza”.

Una vez más, interpretando la visión del gobierno federal que busca destinar recursos para fortalecer la seguridad pública, con el tan sonado tema del combate al narcotráfico, la delincuencia y el crimen organizado y apoyar, solamente apoyar, al desarrollo social.

Pareciera que las palabras no importan, pero cada una tiene un valor particular y un mensaje claro. Por qué no, fortalecemos el desarrollo social, consolidamos la educación, garantizamos el acceso a la salud y, con estas acciones estoy seguro, se apoya a la seguridad pública. Se sigue pensando que con mayor equipamiento y presencia policial y del ejército en las calles se garantiza la seguridad, cuando es al revés, la seguridad pública es garantizar el desarrollo de capacidades y el ejercicio pleno de libertades.

La libertad se logra con educación, las capacidades con salud y oportunidades reales. Por supuesto que es urgente el combate al crimen, siempre ha sido así, pero no podrá ser combatido de forma eficiente sin una estrategia igual o mucho más importante, que detone el desarrollo social.

El concepto de seguridad tiene que ver más con el desarrollo de las personas, con el empleo, la cultura, la salud, las oportunidades, la equidad en los juicios, la profesionalización de las administraciones públicas y la participación ciudadana.

El presupuesto federal no es para suplir insuficiencias e ineficiencias, sino para acercarnos cada vez más al concepto de justicia, de equidad y de desarrollo.

México necesita de una visión que genere progreso, de voluntad que construya porvenir y de acuerdos que garanticen un cambio constante y duradero.

Artículo de la semana
Próximamente habrá aquí nuevas entradas
Sigue en contacto...
Artículos recientes
Secciones
Archivo

Revista Pensamiento Libre "Por la libre comunicación de las ideas" ®