Para Reflexionar sobre el Sentido Humanista de la Educación

05/01/2011

 

Reflexionar sobre los fines  y el sentido de la educación, como un proceso que dura toda la vida, advierte una revisión conceptual que nos permita rescatar el valor de educar  desde una concepción filosófica, que implica también analizar el modo de concebir el mundo y la vida, ya que educar no sólo es instruir y capacitar, demanda  un compromiso más serio con la vida y con el hombre. Educar es mucho más que un método de enseñanza y de organización escolar, es más que el cumplimiento formal de las tareas escolares que llevan a cabo los padres, los maestros y los estudiantes.

La relación que puede existir entre la educación, la escuela y la presencia del sujeto a educar tendría que estar orientada por interrogantes básicas: ¿Quién educa y cómo lo hace? ¿A quién se educa? ¿Para qué se educa? ¿Cuál es la misión de la escuela? ¿Cuáles son los fines de la educación?…

En este sentido, en el presente artículo, abordaremos el concepto de educación desde una perspectiva humanista al considerar que el hombre se hace hombre sólo entre los hombres, y es a través de la educación que el ser humano puede mejorarse a sí mismo y a sus semejantes mediante la interacción de unos con otros y la utilización del conocimiento.

Educar es formar al hombre. Creer en la perfectibilidad humana. Señala Savater que al igual que todo empeño humano, la educación es sin duda el más humano y humanizador de todos (1999, 11-13). Si esto es así, reflexionemos sobre la tarea de educar con las mismas interrogantes que hace este pensador: ¿debe servir para preparar competidores aptos para el mercado laboral o formar hombres completos e íntegros? ¿potenciará la autonomía de cada individuo, a menudo crítica y disidente, o incentivará la cohesión social? ¿reproducirá el orden existente o instruirá a los rebeldes que puedan derrocarlo? ¿mantendrá una escrupulosa neutralidad ante la pluralidad de opciones ideológicas, religiosas, sexuales y otras diferentes formas de vida (drogas, televisión, polimorfismo estético…) o se decantará por razonar lo preferible y proponer modelos de excelencia?

 

Sin pretender una respuesta única a estos cuestionamientos y con el debido respeto al sitio en que nos ubicamos frente al hecho educativo, hemos de reconocer que uno de los puntos frágiles en nuestro afán educador es la formación del sujeto, ¿están los alumnos en el centro de la educación? ¿se actúa con la convicción de que el alumno es un ente individual que luego se proyecta como ser colectivo?Desde una visión humanista el individuo tendría que ser visto como el sujeto de la educación y no como objeto para la producción, la reproducción y el consumo.

Si la meta de toda educación es la formación del hombre, conviene tener claro qué tipo de hombre queremos formar.O ¿es la preparación del hombre máquina, capaz de integrarse al engranaje de la producción o del consumidor compulsivo que exige la ley de la oferta y la demanda? Pregunta Tenti Fanfani. Yo agrego, ¿seguirá presente el enfoque humanista que propugna nuestra Carta Magna en el Artículo 3º? Que en relación a la función social de la educación indica desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentar el amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.

Frente a todas estas disyuntivas la Organización de la Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), sugiere el despliegue completo del hombre en toda su riqueza y en la complejidad de sus expresiones y de sus compromisos; del individuo, como miembro de una familia y de una colectividad. El ciudadano y el productor, inventor de técnicas y creador de sueños… del hombre que confía en la educación como medio para alcanzar esa realización. Educación que es a la vez un proceso extremadamente individualizado y una estructuración social interactiva (Delors; 1997: 98-101). Responsabilidad, que no compete sólo a la escuela. Todos podemos  y debemos contribuir en la construcción de una sociedad más amigable y más humana.

En esta perspectiva, toda educación debe estar orientada hacia la formación del espíritu, lo que nos lleva a la libertad, a la conciencia crítica, a la participación activa en el quehacer universal, pero ello demanda otorgar un valor cualitativo al conocimiento que adquirimos en la escuela, en la calle, en la casa o en el espectáculo.

Por otra parte, a la institución educativa se le  cuestiona por centrar su atención en la instrucción más que en la formación de las personas, ha priorizado los contenidos informativos más que el desarrollo de actitudes y valores. Aún cuando parece que la institución educativa ha privilegiado el saber intelectual, los resultados del aprendizaje de los alumnos mexicanos se revelan poco satisfactorios. Por lo tanto, consideramos la necesidad de una evaluación no sólo de los resultados educativos en términos de aprendizaje y de conocimientos. Habrá que abordar la problemática desde una perspectiva holística y poner en la balanza además de las cuestiones pedagógicas, también las sociales, económicas, políticas y culturales.

La escuela en su modelo actual ha caducado, afirma Rosa María Torres (1998:20). Necesitamos, entre todos, “construir una nueva escuela”. Los organismos educativos de corte internacional reconocen el agotamiento de un modelo educativo que cumplió su función pero ahora resulta obsoleto. Sugieren ir más allá del “deterioro” y el “mejoramiento” asumiendo la necesidad de un cambio radical, profundo e integral. Un replanteamiento de fondo en virtud de los cambios vertiginosos que vivimos en todos los sentidos.Ahora el conocimiento pronto pierde su vigencia y “la escuela paralela” de los medios de comunicación ha ganado mucho terreno.

En este sentido, la escuela y la familia como principales agentes educadores tendrían que ver a la educación como el principal instrumento para el desarrollo integral del individuo a lo largo de su vida. En este sentido es conveniente recuperar la visión humanista de la educación para formar personas capaces de comprometerse activamente en la construcción de un mundo que dé respuesta a los derechos básicos de todo ser humano, fundamento de la convivencia pacífica entre los pueblos y las culturas.

Para finalizar con esta reflexión humanista de la educación, tomaremos las ideas de Savater quién sugiere que “Para ser hombre, no basta con nacer, sino también hay que aprender. La genética nos predispone a llegar a ser humanos, pero sólo por medio de la educación y la convivencia social, conseguimos efectivamente serlo” (Savater; 1997: 37). Por ello, sería importante preguntarnos una y otra vez qué significa educar y cuál es el sentido de la educación No basta con desarrollar los contenidos programáticos. 

No  es suficiente una organización escolar que privilegia los procesos administrativos y el control de la disciplina. No basta con incorporar la tecnología y los idiomas en los sistemas escolarizados, imponer enormes tareas o usar sofisticados uniformes escolares. Educar es mucho más que instruir.Educar es un proceso de formación humana y desde luego, una responsabilidad compartida entre la escuela, la familia y la sociedad.

 

 

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