Los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU: Perspectiva y Balance Enero-Febrero 2011.Año.1.Núm.5

05/01/2011

El año que ha concluido debió haber sido una oportunidad para que los mexicanos definiéramos el rumbo que queremos para nuestro país. Tristemente, fue todo menos un año de verdaderas acciones y compromisos para con la patria que nos vió nacer. No me cabe la menor duda de que la historia se encargará de reprocharnos esta falta de voluntad y capacidad de propuesta.

Los procesos electorales que se llevarán a cabo en 2011 comenzaron a opacar el panorama político mucho antes de que este año iniciara. Del debate nacional han desaparecido las reformas estructurales tan necesarias para dar cabida a las rivalidades partidistas. Los partidos políticos son el medio para acceder a los puestos de representación, pero no son un fin en sí mismos. Situación que los miembros de la clase política normalmente suelen no tener presente.

El presupuesto que se ejercerá en el presente año fue aprobado en el último minuto, fue una asignación bien negociada entre los legisladores pero que la ciudadanía no recibió con beneplácito. Se priorizó la infraestructura y el combate al narcotráfico por encima de la educación. No podemos pretender un país donde los jóvenes sean capaces de decir “no a las drogas” y “no a los actos delictivos” si no nos comprometemos con invertir fuertemente en educación. Las ciudades más limpias son aquellas en las que menos basura se tira. De igual forma, los países en los cuales impera la paz son aquellos en donde existe una verdadera ciudadanía, una ciudadanía con acceso a una educación de calidad, a fuentes de empleo, a servicio médico, y por ende, consciente, responsable e involucrada en el acontecer nacional.

Pero esta falta de compromiso tanto con las metas establecidas, como con el planteamiento de otras, no es un fenómeno que ocurra exclusivamente en nuestro país. A cuatro años de que se venza el plazo para el cumplimiento del los Objetivos de Desarrollo del Milenio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, lo alcanzado está aún demasiado lejos de la meta. Resulta interesante cuestionarnos por qué no seremos capaces de lograrlo. La respuesta es sencilla: porque ni los gobiernos ni sus ciudadanos estuvieron dispuestos a trabajar y a luchar para ello.

Sirvan estas líneas, así como las de todos nuestros colaboradores, como una invitación a iniciar el año reflexionando no sólo qué ciudad o país queremos, sino qué mundo estamos dispuestos a construir.

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