La Enseñanza Mentora, una Tercer Vía del Saber

05/01/2011

 

La sociedad moderna nos ha enseñado que existe una clara correlación entre el desarrollo de un determinado núcleo social y el grado de educación o preparación profesional que sus habitantes logran a lo largo de la vida.

Para este fin, los sistemas educativos históricamente han promovido una dinámica de enseñanza-aprendizaje tradicionalista, variando dentro de ella un cúmulo de vertientes pedagógicas aplicadas en distintos momentos y diversos espacios. No obstante, gran parte de estás dinámicas pedagógicas encuadran sus procesos dentro de instituciones o templos educativos, utilizando para ello un salón de clases con un profesor al frente interactuando con un grupo de pupilos, mediante un abanico de actividades escolares que buscan ayudar a absorber y almacenar de la manera más eficaz el conocimiento que día a día se va exponiendo.

Pese al éxito de estas prácticas y procesos cognitivos en la historia, se han dejado de lado los antiguos modelos de enseñanza utilizados por los grandes pensadores y filósofos griegos, donde la base del éxito era mantener una relación personalizada que facilitara un canal de enseñanza y de aprendizaje enfocado a los temas en que el maestro era experto. Esto lograba preparar de manera competitiva a la nueva generación de pensadores para incidir en el mundo de las ideas del momento y así nuevamente formar a sus discípulos, de esta manera la historia nos enseñó que Aristóteles fue el gran mentor de Alejandro Magno.

Sobre la base anterior (sin pretender de manera alguna incentivar la idea de sustituir las prácticas, sistemas e instituciones educativas que han llevado a estados y naciones a ser grandes potencias económicas, sociales y políticas), ha surgido en el lenguaje de la enseñanza el termino de mentoring, visto como un mecanismo para reforzar los esfuerzos que brinda la educación dentro de los salones de clase.

Existen diversas perspectivas para la definición de mentoring, no existiendo así una traducción directa al español, por ello llamémosle proceso mentor, sin ser ésta la única forma de nombrarlo. De igual modo, a esta dinámica educativa se le conoce desde el área administrativa, en un sentido profesional, como coaching; asimismo, en el ámbito de la política a esta relación bilateral entre dos individuos se le puede llegar a conocer como padrinazgo.

Tradicionalmente la tutoría o mentoría se basa en un proceso donde participan como mínimo dos individuos: el mentor y el mentee o tutoreado. El primero tiene como papel fundamental incidir o servir como guía al segundo, quien es el que tenderá a percibir y procesar la información y experiencia del tutor. Los intereses de estas relaciones suelen ir orientadas a desarrollar de forma más concisa ciertos talentos, a realizar de forma más efectiva trabajos específicos y, en general, a orientar al tutoreado para que progrese en su vida personal y profesional, acertando con ello al reforzamiento de capital humano dentro de una sociedad determinada.

El surgimiento de este proceso de enseñanza-aprendizaje, como se dijo anteriormente, data de siglos antes de Cristo, donde de acuerdo con la mitología griega, Mentor, personaje de la Odisea, se queda a cargo del entrenamiento, enseñanza y guía de Telémaco, hijo de Ulises, una vez que éste tuvo que partir a la guerra. Subsecuentemente este concepto fue puesto en práctica en el lenguaje como el consejero, sabio, experimentado y preceptor.

De este modo, la mentoría actual se basa en una relación lineal con un canal de permanente comunicación informal, pero reforzada por un compromiso entre las partes. Esta interacción variará de acuerdo con una serie de factores como el objetivo, cultura, normas, miembros involucrados, entre muchas otras variables. Asimismo, son múltiples las actividades que ayudarán a regir esta relación, ya sea mediante el continuo entrenamiento, el debate, la retroalimentación o la orientación.

Esta relación bilateral entre individuos se ha venido formalizando en diversos sectores de la cultura norteamericana, desde el ámbito empresarial, donde comúnmente la habíamos visto, hasta los espacios educativos donde recientemente se está instrumentando. Así, surgen grandes instituciones y asociaciones que integran e invitan a diversos sectores a seguir las prácticas y métodos que más les han funcionado para el desarrollo de esta disciplina. Por ejemplo, en el caso específico de la University of New Mexico se ha creado el Mentoring Institute, como un centro de investigación y promoción de esta práctica para toda la comunidad estudiantil y los diversos sectores que en ella se involucran. De igual modo, esta misma oficina organiza anualmente junto con la International Mentoring Association un Congreso que reúne a grandes profesionales de todo el mundo para exponer de manera práctica las investigaciones y resultados a los que continuamente han llegado en el establecimiento y la utilización de las redes de mentoring en
las diferentes disciplinas.

Por otro lado, en el caso del sistema educativo mexicano no ha existido una propuesta real con suficiente fuerza para lograr integrar tan valuable práctica de enseñanza en la cotidianidad de la educación formal. Hace falta incentivar a los estudiantes mediante ejemplos presenciales a desarrollar o liberar aquel potencial o talento que pocas veces conocen o tienen la capacidad de explotar. Hace falta formular una propuesta que sea tomada en cuenta por los hacedores de la política educativa para poner en práctica dentro de los centros educativos esta disciplina educacional y formativa.

Por último, no debemos quedarnos con posibles propuestas, debemos ir más allá de la propia política pública, debemos tener el compromiso como ciudadanos para fortalecer y estar dispuestos a compartir lo que sabemos a aquellos genios en potencia que son la niñez y juventud de nuestra gran nación.

Una relación personalizada lograba preparar de manera competitiva a la nueva generación de pensadores para incidir en el mundo de las ideas del momento y así nuevamente formar a sus discípulos, de esta manera la historia nos enseñó que Aristóteles fue el gran mentor de Alejandro Magno.

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