Desafios en la Formación de los Maestros de Profesión y de Grado

05/01/2011

 

Hasta antes de 1983, la docencia era una subprofesión porque no se requerían estudios previos de bachillerato ni se necesitaba estudiar una licenciatura. A quienes egresaban se les autorizaba ejercer como profesor de educación preescolar, primaria o secundaria, sin embargo, estos títulos imposibilitaban cursar una maestría. Era una condición sine qua non haber concluido estudios superiores y obtenido el grado de licenciado. Y, por lo tanto, no deberían decirles, en el sentido estricto, maestros, aunque socialmente se ha aceptado nombrarles así a los profesores.

He aquí la paradoja, algunos eran legítimos maestros de profesión más no legalmente maestros de grado. Después de ese año, se elevó el rango y las escuelas normales impartieron licenciatura en distintas líneas propias de la educación. A partir de los 90, con mayor énfasis en la última década, se ha exigido una mayor y mejor preparación profesional a los docentes. Una de las vías para lograrlo han sido los estudios de posgrado. Y, hoy en día, es más común encontrar profesores con grado de maestría. Es decir, maestros por condición, de profesión y de grado. Algunas instituciones universitarias impartían programas afines a la educación, por ejemplo, pedagogía y ciencias de la educación. La formación recibida en las normales enfatizaba la adquisición de las técnicas de enseñanza y la universitaria, una visión más holística de la educación.1

He tenido la experiencia en la formación de los docentes de educación básica desde diversos referentes pedagógicos, espacios educativos y modalidades didácticas, incluso tecnológicas. A continuación reflexiono acerca de ello.

¿Qué oferta pedagógica proponen algunos posgrados dirigidos a los docentes de educación básica? ¿Cuáles son las intenciones educativas? ¿Qué podemos esperar de ellos? Conocimiento especializado. ¿Cuál es la obligación moral y profesional de quienes asisten a ellos? ¿Qué pudiera esperarse que ellos hagan con ese conocimiento? Transformarlo. ¿Y cómo? Investigando. Empleando metodologías. El ciclo virtuoso en el uso adecuado y equilibrado de las diversas categorías conceptuales de la investigación educativa: paradigma, teoría, modelo, metodología, técnicas, instrumentos, recogida de datos, procesamiento de la información, análisis de resultados y conclusiones. Dicho de otra manera: los estudios de posgrado pudieran subsanar algunas deficiencias teóricas y metodológicas que su formación y la evolución social han dejado al descubierto.

Pero existen algunas otras ausencias formativas que no se las proporcionará ningún estudio formal de licenciatura o posgrado. La formación de los docentes resulta insuficiente para resolver los asuntos inherentes a su práctica. Los avances de la ciencia y la tecnología así lo demandan. Así como también la necesidad de abordar el ejercicio profesional desde otras perspectivas pedagógicas.

El conocimiento puede adquirirse de muchas maneras y en muchos lugares. La divulgación de la ciencia, los conocimientos de punta y las tendencias teóricas más actuales brindan la posibilidad de acceder por otras vías. Ni las instituciones educativas ni los catedráticos son las únicas fuentes del saber científico. Para suplir la carencia de esas fuentes tan valiosas es necesario poseer algunas de las habilidades básicas del pensamiento: analizar, sintetizar, comparar, abstraer, caracterizar, definir, identificar, clasificar, ordenar, generalizar, observar, describir, relatar, ilustrar, valorar, criticar, relacionar, razonar, interpretar, argumentar, explicar, demostrar, aplicar.

Las nuevas tendencias en formación de docentes, y de otras áreas, son modelos curriculares a distancia con una plataforma tecnológica, computacional o informática. En otros casos son una mixtura de modalidad presencial y a distancia. Cuando las propuestas formativas son totalmente en línea, a los estudiantes se les exige poner en práctica sus habilidades del pensamiento, estando presente el componente autoaprendizaje e incluso aprendizaje colaborativo (entre iguales). Cuando son presenciales y se utilizan plataformas tecnológicas y herramientas informáticas en el diseño instruccional, se consideran ambientes
de aprendizajes mediados por la tecnología. Estos modelos híbridos tienen más posibilidades de éxito, entendido como lograr el fin último y romántico de la formación de los docentes de
educación básica.

Notas 1 Les recomiendo la lectura de “La profesión y el grado de maestro. Una paradójica confusión entre lo socialmente aceptado y lo científicamente válido”, en Pensamiento Libre, núm. 8, julio-agosto de 2011.

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