Los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2015,Perspectiva yBalance

A cuatro años de cumplirse el plazo límite para erradicar la pobreza en el mundo, la perspectiva no es buena. Aún cuando la gran mayoría de los gobiernos se comprometieron a dotar de los derechos más básicos a las personas en situaciones de mayor vulnerabilidad, la atención internacional se ha visto distraída por problemas de distinta índole que han desviado los recursos y esfuerzos destinados a acabar con la miseria y el sufrimiento humanos.

 

Las metas propuestas en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aunque relativamente modestas, requieren de un esfuerzo global sin precedentes. Algunas de las metas son: reducir a la mitad la proporción de personas que sufren hambre, reducir a la mitad la proporción de personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar diario, enseñanza primaria universal, eliminar las desigualdades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria, reducir en dos terceras partes la mortalidad de niños menores de cinco años, reducir en tres cuartas partes la mortalidad materna, acceso universal al tratamiento del VIH/SIDA de todas las personas que lo necesiten, haber reducido considerablemente la pérdida de diversidad biológica, entre otras.

Sin embargo, en algunos casos, la situación no sólo no parece haber mejorado, sino que el problema se multiplica sistemáticamente. El fracaso que representaría el incumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio no sería otra cosa que un sueño roto por la cruel realidad. El sueño fue general, los estados del mundo, una vez derrumbado el muro Este-Oeste, visualizaban una sociedad global, basada en los mismos principios unificadores, carente de problemas relativamente graves. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio son un intento por unificar voluntades y consolidar una realidad que parecía estar muy cerca, pero que desgraciadamente nos vamos dando cuenta de que el camino todavía es muy largo.

El siglo XX, sin lugar a dudas, fue un periodo de grandes avances para la humanidad en todos los campos. Las ciudades tuvieron un crecimiento nunca antes imaginado, el cual, junto con los avances tecnológicos de la Segunda Guerra y posguerra, aunado a la división internacional del trabajo, hizo posible la Revolución Tecnológica, periodo en el que en tan sólo un instante más de la mitad de la población mundial se vio transportada de la Edad Media a los años cincuenta.

Este periodo de gran auge tuvo consecuencias sumamente positivas para grandes grupos sociales oprimidos históricamente, como las mujeres; sin embargo, también es el periodo, considerado así por un gran número de historiadores y científicos sociales, más sangriento y salvaje en la historia de la humanidad.

El debut del siglo XX tiene como acto primero la Gran Guerra. Nunca antes el mundo había presenciado un conflicto armado que involucrara tantos estados-nación, nunca antes Europa, el ombligo del mundo, había vivido tan cerca la guerra, nunca antes la humanidad había vivido la crueldad que representó la guerra de trincheras, los interminables intercambios de disparos y el gran número de bajas de la población y recursos. Y la violencia fue aumentando conforme el siglo avanzaba.

 

El siglo XX es un periodo de gran y extraña exacerbación de odios y violencia, de diferencias sociales de proporciones alarmantes y de un consumo compulsivo de recursos que redunda en catástrofe. Sin embargo, el fin de la guerra de bloques, casi entrado el nuevo siglo, provocó la esperanza en la comunidad internacional con respecto al entendimiento universal. Este rayo de esperanza se consolidó en acción cuando la gran mayoría de los estados del mundo se propusieron trabajar juntos para terminar de construir la universalidad de los derechos humanos. No obstante, los grandes problemas del siglo XX parecen haber sido heredados al XXI, y la duda sobre el cumplimiento de los Objetivos del Milenio entre los distintos grupos y sectores de la sociedad se incrementa año con año.

Los graves problemas sociales, medioambientales y de pobreza afectan de una u otra forma a cada individuo, y sólo mediante la acción global la sociedad será capaz de resolverlos. Es menester absoluto la formación de ciudadanos conscientes de la gravedad de los problemas actuales y de su carácter global, preparados para participar en la toma de decisiones adecuadas, capaces de promover el consumo responsable y atender a las demandas del comercio justo, listos a reivindicar e impulsar el desarrollo tecno-científico, prestos a defender la solidaridad a nivel planetario y dispuestos a sacrificar los intereses particulares a corto plazo.

Fue Koffi Anan quien, poco después de haberse firmado los Objetivos del Milenio, planteó la situación de la población mundial de la siguiente manera: si suponemos que el mundo es una aldea de 1000 habitantes, en ella hay hoy en día 150 ricos, 780 pobres y 70 intermedios. El ingreso per cápita es de 6000 dólares por año, pero resulta que 86% del mismo es apropiado por el 20% más rico, mientras que casi la mitad de la población gana menos de dos dólares diarios. Doscientos veinte de los mil habitantes son analfabetos. De ellos, las dos terceras partes, mujeres. Menos de 60 tienen computadora y, completando el cuadro, más de la mitad no ha hecho o recibido una llamada telefónica.

Actualmente la situación no ha mejorado mucho, y en algunas zonas del planeta empeora constantemente. De no idear una manera efectiva para combatir los problemas que provocan pobreza, el cumplimento de las metas planteadas por los Objetivos del Milenio jamás dejará de ser un sueño.

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