Introducción a la Educación para el Desarrollo

02/07/2010

La doctrina promulgada por Adam Smith planteaba que la plena libertad del mercado y del individuo hacia la búsqueda del máximo beneficio, por medio de la competencia, comportaría una mejor situación para todos. Pero durante el transcurso del capitalismo neoliberal los organismos internacionales encargados del manejo del sistema, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, han concedido licencias proteccionistas o se han comprometido con la plena competencia y libertad del sistema, en función de la rentabilidad de las grandes potencias y transnacionales.

 

Este sistema injusto ha mercantilizado toda la sociedad, reduciendo todo a un precio y olvidando el valor exacto de las cosas. Pues, como dice de la Torre (2004: 11-12), “Más allá de las cosas hay personas, más allá de los objetos hay sujetos, más allá del precio hay valor y dignidad. Las personas suponen un límite inviolable al comercio y no pueden ser reducidas a meros instrumentos y medios. No podemos reducirnos en la vida a meros compradores y vendedores. Ni todo es mercado en la vida ni el mundo es una gran superficie comercial”. Pero el capitalismo extremadamente competitivo, individualista y elitista sigue desprotegiendo a los más necesitados, dejando así que los ricos lo sean más y que los pobres sean más pobres. Un dato clarificador del desequilibrado sistema mundial, que se puede encontrar en los diferentes informes elaborados por el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD), es la repetida afirmación de que 80% de la población goza de tan sólo 20% de los bienes.

Actualmente, como auguran muchos expertos, con la peor crisis financiera de la historia del capitalismo, se demuestra una vez más cómo la lógica y la mano invisible del mercado fallan, haciendo tambalear a este sistema económico, su ideología e incluso también a aquellos países y personas que gozaban de ese poder económico dominante. La crisis actual demuestra que el capitalismo neoliberal no es el modelo económico que debe seguirse.

 

El Norte con sus diferentes políticas económicas, donde ha perseguido su único beneficio y abundancia, ha desmantelado y empobrecido a la población del conocido Sur. Asimismo, sus agresivas políticas de privatización de servicios sociales ahogan a la sociedad del Norte, anulando el conocido estado de “bienestar”. Esta situación parece llevarnos a la siguiente hipótesis: el mundo necesita un cambio, propuestas, alternativas, una nueva ciudadanía global y participativa, con conciencia crítica que reflexione y transforme todos aquellos elementos generadores de exclusión y pobreza.

En este sentido la educación para el desarrollo (en adelante ED) nos enseña que nuestra sociedad no se limita a nuestro vecindario, barrio, localidad o país, sino que somos parte importante de todo el engranaje mundial.El mundo está sufriendo cambios de manera vertiginosa en ámbitos sociales y culturales, donde lo local se diluye y confunde con lo global y viceversa. Lo medios de masas nos ofrecen día a día la caótica situación mundial en nuestras casas, nos alerta de conflictos, de desastres naturales y de hambrunas. Y, a su vez, nos simplifica y nos entretiene con publicidad y programas de muy diversa índole, convirtiéndonos en seres consumistas, receptores de información y no pensantes. Este modelo consumista y abundante se exporta a los países empobrecidos, provocando que sus poblaciones migren en busca de la idea que se les ha vendido. Una vida mejor, que topa con barreras proteccionistas ante la libre circulación de las personas, olvidando que la pobreza y la exclusión no tienen fronteras.

Como señala Díaz-Salazar (1995) en la regulación moral de nuestras actitudes desaparecen los problemas de los países empobrecidos, nos introducimos en una cultura de la ceguera, comportándonos como sabios ciegos. Así, la parte de la tierra pretendidamente más avanzada y científica se convierte en la más analfabeta mental, vital y moralmente. En la situación actual es totalmente necesario evitar ser esos sabios ciegos, no podemos negarnos al conocimiento ni a la responsabilidad de nuestros actos, teniendo que conocer todo nuestro entorno, sin fronteras ni límites, y sensibilizarnos con éste.

Para ello, la ED tiene y tendrá una importante función. En palabras de Djeacoumar (2001: 1) nos “…debe conducir a la toma de conciencia de las desigualdades planetarias en la distribución de la riqueza y el poder. Debe permitir a cada individuo tener las claves de su propio desarrollo dentro de la sociedad en que se halla. Esta materia permite relacionar los contenidos académicos con la formación personal para que cada persona tenga la posibilidad de participar en el desarrollo de su entorno y comprender los vínculos entre la realidad global y el desarrollo local”.

Así, entre todas las acciones válidas, importantes e interdependientes para la consecución de la transformación social, es importante considerar la función de la ED. Mayoritariamente dichas acciones suelen ir dirigidas a aumentar la capacidad productiva, la independencia y el bienestar del Sur, relegando los cambios tan necesarios o más que se han de realizar en el norte. Tampoco se trata de rivalizar sobre qué es lo más importante, pues toda acción lo es, sino de ser conscientes de los cambios a realizar en el Norte, en nuestro modelo, en nuestra forma de ver, sentir y actuar.

Personalmente, consideramos que no hay mejor cooperación que una buena educación global, que dote de conciencia crítica a las personas y que les otorgue el poder de cambio que ellas albergan. Por ello, en esta columna trataremos de dar a conocer la ED como disciplina y acción hacia ese otro mundo tan posible y necesario, explicando brevemente su origen y evolución, su marco teórico y la importancia de la misma tanto en la sociedad actual, como en el ámbito formal de la educación. Como señala Mesa (1994: 10): “los esfuerzos y recursos destinados a la educación para el desarrollo hacia los más jóvenes serían, a modo de ‘inversión’, la garantía de una sociedad civil solidaria en el futuro”.

Los antecedentes de la ED nacen ligados a la cooperación internacional, durante la década de los cuarenta y de los cincuenta del siglo XX, por lo que sus teorías y propuestas evolucionan de forma semejante mientras avanza el debate del desarrollo, introduciéndose cada vez más en diversos ámbitos de actuación. En el contexto europeo, la evolución de la ED se ha adaptado, temporal y espacialmente, a las acciones y métodos del momento, adquiriendo en sus diferentes etapas un mayor grado de calidad, tanto en su práctica como en sus contenidos. Así, su evolución y aplicación tendrá características propias en cada país. Es importante recalcar que la progresión de la ED no está cerrada en el tiempo, ya que sus etapas no son sustitutivas ni indivisibles, pues actualmente coexisten diferentes etapas o características en una misma acción o agente. De todos modos, los agentes, acciones y contenidos que no se adapten a su evolución no conseguirán los objetivos ni los logros esperados de la misma.

A finales de los ochenta y principios de los noventa, con la nueva perspectiva de desarrollo humano introducida por Amartya Sen, la ED se configura como una “educación para la ciudadanía global” (Godwin, 1997: 15 cit. en Baselga 2004: 16), que comprende críticamente el proceso de globalización económica, el concepto de Desarrollo Humano y la promoción de una ciudadanía global, participativa y activa. Se podría decir que en esta generación la ED es una “educación global frente a la globalización” (Garbutcheon et al., 1997: 26 cit. en Baselga, 2004: 19), donde tanto Norte como Sur son los actores principales en la creación de un modelo de desarrollo justo, equitativo y sustentable.

A lo largo de los próximos artículos, profundizaremos el marco teórico de dicha disciplina y la importancia de la ED en la sociedad actual; cuestiones que, indudablemente, aportarán los datos generales y precisos para el entendimiento y enaltecimiento de la misma.

• Baselga, P.; Ferrero, G.; Boni, A.; Ortega, M.ª L.; Mesa, M; Nebreda, A.; Celorio, J. J. y Monterde, R. (2004). La educación para el desarrollo en el ámbito formal. Espacio común de la cooperación y la educación. Propuestas para una estrategia de acción integrada. Universidad Politécnica de Valencia.

• De la Torre D., F. J. (2004). “Comercio justo: una cuestión de ética” en El comercio justo en España (2004), Barcelona, Setem-Icaria.

• Díaz-Salazar, R. (1995). La cultura de la solidaridad internacional en España, Barcelona, Cristianisme i Justicia.

• Djeacoumar, A. (2001). Educación para el desarrollo. Intercultural Network for Development and Peace (INDP), India. [En línea] [Disponible en http://www.webpolygone.net/castellano/es/taller_pedagogia/pedag_indp_esp.doc] [consultado en julio de 2008].

• Mesa Peinado, M. (Ed.) (1994). Educación para el desarrollo y la paz. Experiencias y propuestas en Europa. Madrid, SODEPAZ/Editorial Popular.

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