La Metamorfosis del Trabajo en Tiempos de Globalización: Las Consecuencias de la Precarización Laboral para los Trabajadores

01/05/2010

Las consecuencias de la precarización laboral para los trabajadores. (segunda parte)

Durante las últimas décadas los empresarios, los gobiernos y ciertos sindicatos argumentaron que las reformas laborales tenían como objetivo reducir el desempleo, pues al ser más barato contratar y despedir trabajadores se crearían más puestos de trabajo. Pero el resultado fue que no se crearon más empleos y que la proporción de trabajadores con empleo provisional y sin prestaciones, es decir el trabajo precario, se multiplicó en el mundo.

Podemos caracterizar al trabajo precario por su irregularidad, su baja remuneración y, en muchas ocasiones, por la ausencia de normas que lo regulen. 

 

 

Ello conlleva a la desregulación social de los mercados, al aumento de la temporalidad, a una mayor segmentación y a la “informalización”.

Así pues, tenemos que la reforma1 o flexibilización de la ley laboral es el complemento de los sistemas flexibles de trabajo ya que permite elevar al rango de leyes las prácticas impuestas por el capital en el mercado laboral: mayores libertades y derechos para los patrones y menos derechos y libertades para los trabajadores. Por ello, dichas reformas han tenido como propósito crear la nueva regulación mundial del mercado laboral2, no su desregulación, como afirma la propaganda gubernamental y empresarial, y, por tanto, la disputa de fondo es cómo se reparte entre el capital y el trabajo la riqueza generada. Asimismo, los sistemas flexibles de trabajo y producción, la globalización de los mercados y la cambiante división internacional del trabajo provocaron una diversificación de las condiciones de trabajo incompatible con la “justa” competencia global, pues conviven en el mercado contratos colectivos de alto perfil, contratos de nuevo tipo que limitan derechos y beneficios para los trabajadores, trabajo precario, sumergido, de vasallaje, semiesclavista, esclavista y trabajo no asalariado o independiente. El propósito es igualar hacia abajo las condiciones de trabajo y contratación, tomando como referencia el trabajo precario.

 

Tenemos pues que la reestructuración laboral —debida a la disminución de la tasa de ganancia—, llevada a cabo desde los años setenta por la doctrina neoliberal, ha ahondado en la lógica de la subordinación del trabajo a la competitividad empresarial, es decir, al capital; formulando una nueva reorganización del trabajo como un mercado flexible análogo a otros mercados de bienes. Para ello se dio un proceso de reorganización, reconversión y reestructuración de las actividades; se introdujeron nuevas tecnologías, nuevos sistemas de organización del trabajo y nuevas estrategias administrativas en las empresas. Éstas, sometidas a dichos procesos de modernización y competencia, encontraron como opción, además de la actualización tecnológica y la reorganización administrativa, “flexibilizarse” para adaptarse a las fluctuaciones e inestabilidad de los mercados. Con ello el capital pretende mantener una tasa de ganancia elevada, lo que conlleva una mayor explotación de la fuerza de trabajo mundial.

 

En esa lógica, las empresas requieren trabajadores flexibles que se adapten con rapidez a los cambios. Esto será económicamente provechoso sólo si los costos de contratación y despido son mínimos o nulos y si se reducen los gastos en capacitación del personal. Por ello, los empresarios promueven e imponen reformas laborales en casi todos los países a través de su fuerte interconexión con los gobiernos. Así mismo, a nivel mundial las empresas se reestructuran pasando de las formas verticales y jerárquicas del pasado (conocidas como tayloristas o fordistas) a las formas flexibles descentralizadas en red (la empresa plana). Dichas empresas mantienen la dirección corporativa central, las finanzas, el diseño, la investigación y la distribución en la retaguardia, es decir, en el país de origen o en algunos paraísos fiscales. Las demás funciones de la empresa se descentralizan o subcontratan en la periferia. Así pues, la reestructuración de los procesos productivos queda de la siguiente forma: los de mayor tecnología se quedan en el centro y los procesos más simples, de ensamble y de uso intensivo de mano de obra se mudan a los países con bajos costos, generalmente países periféricos.

 

En la actualidad, según el Observatorio de la Deuda en la Globalización, son muchas las empresas que se marchan del centro o amenazan con hacerlo si no hay moderación salarial o medidas de flexibilización laboral y fiscal. Gobiernos y sindicatos se sienten obligados a aceptar la precarización como mal menor. Con ello, los procesos de descentralización del capital productivo (deslocalizaciones) incrementan todavía más las ganancias de las corporaciones, sin revertir en un incremento proporcional de creación de nuevos puestos de trabajo. Así y todo, los pocos puestos de trabajo que se crean tienen unas condiciones laborales cada vez más precarias. La transferencia de ganancias de las empresas trasnacionales, desde todo el mundo hacia los países centrales, complementa el esquema que deja a la inmensa mayoría de la humanidad sin posibilidades de competir en el mundo de la “libre” competencia.

 

El siguiente cuadro sintetiza las consecuencias de dicha precarización laboral para los trabajadores.

 

Así mismo, podemos establecer en el siguiente cuadro una síntesis de la vinculación entre el impacto económico de la relación de dominación capital/trabajo y su incidencia en el ámbito socio-cultural de los trabajadores.

 Estas implicaciones nos indican que lo que es subyacente a la precariedad laboral, como forma particular de acción económica, son sus graves consecuencias en el orden social en general y en la vida de los trabajadores en particular.

 

Todo ello hace destacar la paulatina degradación del empleo, de las condiciones en que se realiza y de la calidad de vida de las personas. Las estrategias de flexibilización productiva afectan a la integridad del sistema productivo y a la organización del trabajo, lo que en consecuencia impacta en el conjunto de la experiencia laboral individual y colectiva. Tal como hemos señalado en los cuadros anteriores, dicha degradación, a su vez, afecta a la propia vida de los trabajadores y sus entornos familiares, condicionando en buena medida sus formas de comportamiento así como su presente y futuro.

 

Así pues, la globalización que promulgan las transnacionales, sus gobiernos y las elites integradas por las personas más ricas y poderosas del mundo, es decir, el capital como sujeto político, no tiene cabida en la concepción de un mundo más justo y sin todas estas desigualdades. Por ello hay que aplicar toda una serie de políticas para conseguir alternativas reales, las cuales las plantearemos en el siguiente artículo.

En definitiva la flexibilidad laboral y el proceso de descentralización del capital productivo producen una subordinación del trabajo al capital que, como efecto directo empobrece a la fuerza de trabajo mundial, en un intento del capital de mantener la tasa de ganancia. Así pues, la globalización que promulgan las transnacionales, sus gobiernos y las elites integradas por las personas más ricas y poderosas del mundo, es decir, el capital como sujeto político, no tiene cabida en la concepción de un mundo más justo y sin todas estas desigualdades. Por ello hay que aplicar toda una serie de políticas para conseguir alternativas reales, las cuales las plantearemos en el siguiente artículo.

ATTAC (2002). Contra la dictadura de los mercados. Barcelona: Icaria, colección Más Madera.

Mora, H. (2002). En busca de la identidad perdida (La flexibilización del trabajo y el endurecimiento del capital). México: STAUACH, Centro de Estudios del Trabajo y Estudios Económico-Sociales, A. C., La Sociedad de los de Abajo y Organización Revolucionaria del Trabajo.

Piqueras, A. (2002). Movimientos sociales y capitalismo. Historia de una mutua influencia. Valencia: Germania.

Torres, J. (2009). La crisis financiera: guía para entenderla y explicarla. Madrid: ATTAC.

1. La reforma laboral es una demanda de los empresarios, no de los trabajadores, y la necesitan para reducir los costos asociados al uso de la fuerza de trabajo (prestaciones, indemnización por despido, seguridad social) para elevar o sostener su ganancia, según se vea. Además, legalizar el trabajo precario trae como consecuencia el abaratamiento de la fuerza de trabajo, ya de por sí retribuida de manera injusta.

2. Pero ésta sólo le es útil al capital un cierto periodo, porque a la larga resulta contraproducente en la medida que los trabajadores se empobrecen. Al ser sobreexplotados, el capital tiende a no pagar el costo de su reproducción, es decir, los trabajadores ya no pueden “producir trabajadores”, ni mantener a su familia o a ellos mismos, ni consumir. Y es en este punto donde se ve aún más claro que actualmente es el capital financiero especulativo el que intenta reproducir las ganancias del capital y no la economía productiva.

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