El Drama Alimentario en México

Los sectores agrícola y ganadero de nuestro país están abandonados; sin duda, la superficie territorial de dos millones de kilómetros cuadrados podría garantizar la autosuficiencia alimentaria.

 

Es dramático que importemos alimentos de toda naturaleza, más aún los que son oriundos de México, como el maíz, el frijol y el chile; es irónico que las tortillas que consumen los campesinos se hagan con semilla importada de África, Argentina y de los mismos Estados Unidos de Norteamérica. La carencia de planes y programas es evidente. La falta de adecuados sistemas de producción ha originado que sea más caro cultivar el maíz que importarlo. El campo mexicano se encuentra abandonado y, con los riesgos concebidos, los campesinos prefieren buscar trabajo en otras latitudes, principalmente en el país vecino del norte.

 

Refiriéndonos al sistema de producción, todavía el arado, instrumento medieval, sigue siendo cotidiano. Tractores y riegos artificiales escasos, y el pésimo sistema de propiedad de la tierra originan un desastre agrícola.

La propiedad ejidal, que de inicio constituyó una opción y una bandera legítima de la

 

Revolución Mexicana, se encuentra actualmente rebasada y debe ser la propiedad privada con reglas correctas, además de un sistema de producción masiva, lo más adecuado para lograr la autosuficiencia alimentaria, reclamo indispensable de cualquier estado moderno.

En el entorno ganadero la situación es similar, también debemos importar carne para satisfacer el mercado nacional. Sistemáticamente se venden becerros para su engorda, particularmente a los vecinos del norte, ya que en México se carece de condiciones para la engorda del ganado, situación que se ve incrementada con la falta de seguridad jurídica en el ámbito rural.

 

En efecto, las disposiciones legales no garantizan el pleno goce de la propiedad privada, permanentemente hay riesgos de invasiones o de abusos, que llegan a la extorsión, provenientes de seudolíderes campesinos. Todavía debe agregarse el hecho de la inseguridad jurídica que en todas las esferas nacionales subsiste, pero mucho más en el campo mexicano donde con frecuencia pequeños propietarios son víctimas de secuestros, robos y un sinnúmero de delitos.

 

México no podrá considerarse país en proceso o en evolución de progreso, en tanto no se satisfagan con nuestros propios medios las necesidades alimentarias de la población.

El gobierno necesita con urgencia atender este problema que ha sufrido un abandono histórico. Desde 1970 se carece de adecuados sistemas para impulsar la productividad agropecuaria nacional; actualmente los créditos escasean, los seguros del campo son insuficientes y, por supuesto, los apoyos técnicos son inexistentes.

 

 

México no solamente tiene capacidad agrícola y ganadera, sino para desarrollar un importante trabajo en materia forestal, toda vez que contamos con una biodiversidad que nos coloca entre los más ricos del mundo; la flora nativa es variada, nuestras selvas y bosques tropicales exuberantes; los bosques de coníferas de la Sierra Madre Occidental y en la Mesa Central son impresionantes. Pero todo ello, por desgracia, debido a la irresponsabilidad y corrupción, sufre deterioro irreversible; la destrucción por incendios, más los talamontes protegidos por la autoridad, constituye el gran drama contra nuestra riqueza forestal.

Otro recurso desaprovechado son los litorales de la República Mexicana, que suman más de once mil kilómetros, donde la pesca es abundante, pero se carece de proyectos adecuados para la explotación racional de la diversidad de especies marinas.

Es claro que la deforestación, la erosión extendida y el abandono del campo son los grandes problemas que urge superar y ello sólo se logrará con un trabajo serio en los ámbitos gubernamentales. Pero es ahí en donde precisamente encontramos la enorme falla, en las dependencias encargadas de la agricultura, la ganadería y la pesca. En el mejor de los casos, se observa burocratismo y abandono. Al frente de la responsabilidad de las dependencias promotoras encontramos ineptos e inexpertos que a lo más tienen como mérito el amiguismo y las figuras lamentables del nepotismo.

Tanto el Gobierno federal como los locales deben darse cuenta del grave error en el que han incurrido y deben esforzarse seriamente para superar los retrasos agropecuarios del país.

 

El abandono del campo lamentablemente no es el único signo de nuestros tiempos, más bien se suma a innumerables hechos que han provocado ingobernabilidad absoluta en el país; la politiquería, los intereses obscuros, la corrupción y una intransigencia cotidiana han acabado con las expectativas que como nación debemos tener.

El renglón agropecuario es sin duda fundamental, pero no puede resolverse ni plantearse de manera aislada; los actos de gobierno deben de estar sellados por la responsabilidad, la necesidad de buscar como aspecto primordial lo que ya hemos enunciado: la autosuficiencia alimentaria. En tanto no se logren en México producir los alimentos que la población de más de cien millones de habitantes necesita, nunca podremos salir del retraso y ostracismo en que por desgracia nos encontramos.

Dentro de los programas agrícolas que deban contemplarse, deberá considerarse de manera fundamental el pluricultivismo, que consiste en dar realce a aquellos cultivos que las condiciones del suelo mexicano permitan y privilegiar aspectos que van de la mano con las necesarias exportaciones que debemos emprender en renglones como el café, el tabaco y el cacao, entre otros.

La capacitación para propietarios y trabajadores agropecuarios es fundamental, de ahí que las escuelas agrícolas y ganaderas deban contar con el apoyo requerido y será conveniente crear el mayor número de centros escolares que permitan, insistimos, la formación de técnicos agrícolas y ganaderos con los objetivos marcados.

Es evidente que la demagogia y la corrupción deben ser marginados de manera urgente, de lo contrario se corre el riesgo de que nada importante se realice.

La seguridad jurídica implica no sólo nuevas leyes adecuadas y modernas, sino la tranquilidad que se debe tener para que los inversionistas estén ciertos de que no corren riesgo al emprender proyectos agropecuarios. La pesca tiene que ser motivo de un importante proyecto a reglamentar, ya que la riqueza que en los mares nacionales existe origina en muchas ocasiones la presencia de intrusos que de manera cotidiana pescan sin permiso nuestras especies marinas llevándoselas al extranjero.

Es también en este sentido que la educación ocupará un lugar esencial y conveniente para lograr que el pueblo encuentre en los productos marítimos una importante orientación y vocación alimentarias.

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