Educación de Dictadura. Una Comparación entre EE.UU. Y Paraguay

03/03/2010

Educaciónon diez años de experiencias que comparto de mi viaje a Paraguay con el Cuerpo de Paz. Específicamente quiero hablar de las tendencias preocupantes que están ocurriendo en el sistema educativo de mi país, los Estados Unidos de Norteamérica, y compararlas con las prácticas educativas que se suscitaron durante las más de tres décadas de dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay.

Comenzaré contando cómo llegué a este país. A finales de mi educación universitaria empecé a interesarme por la educación bilingüe que se ofrecía en algunas escuelas norteamericanas. En ese entonces, la educación ofrecida en inglés y español era fuerte en California. Me tocó participar en estos programas en una escuela pública de Santa Rosa, en un año de experiencia los resultados fueron exitosos. Nuestro objeto era que mediante un plan bilingüe se lograra mantener y desarrollar el español de nuestros alumnos de habla hispana y, de igual modo, lográramos que los estudiantes anglos, que componían 20% de la población escolar, salieran de nuestra escuela dominando el español. Existía un equipo de trabajo muy apasionado y excelente en su quehacer, además, los padres eran indispensables como parte de la comunidad escolar.

En 1998, todo se derrumbó. Un hombre de negocios de Silicon Valley llamado Ron Unz, quien se había postulado sin éxito para gobernador, consiguió suficientes firmas para que los ciudadanos pudieran votar en contra de la educación bilingüe y fue así como ésta se volvió prácticamente ilegal en el estado. En su propuesta, Unz argumentaba que los niños no aprendían suficientemente rápido el inglés en las escuelas. Usó su propia experiencia como niño inmigrante en los Estados Unidos de Norteamérica desde Europa para comprobar que la educación bilingüe no era necesaria. Se aprovechó del fuerte sentimiento antiinmigrante que reinaba en el estado para ganarse, otra vez, la atención del público.

El problema con la propuesta de Unz era que no tenía base pedagógica. Todos los estudios que publicaban las universidades y que además personalmente había cursado en los últimos dos años de universidad y puesto en práctica como docente probaban que la educación bilingüe era el mejor método de enseñanza para los niños inmigrantes. Aprenden más y aprenden mejor. Es decir, aprenden a fondo las matemáticas, ciencias, estudios sociales, etcétera. A la vez, ofrece a los niños que no hablan el español la oportunidad de aprenderlo. No obstante, Unz y la ciudadanía que lo apoyaba sólo querían que los niños aprendieran rápido el inglés. Era mala política contra buena pedagogía. Desafortunadamente ganó la política.


Los maestros luchamos mucho contra esa ley. Protestamos en las calles. Escribimos cartas a nuestros representantes en el Capitolio. Incluso, nos reunimos con Unz en una escuela bilingüe modelo llamada Cali Calmecac y argumentamos nuestra posición con autoridad. No nos escuchó. Ganó la ley y ya para el año siguiente tuvimos que cambiar nuestra enseñanza por un modelo débil de educación bilingüe, donde una vez que los niños alcanzaban el debido nivel de lectura en español, se les cambia inmediatamente a lectura en inglés.

Esto fue un detonante que no me permitió disfrutar de ese segundo año de mi carrera como maestro. Dejó de promoverse el bilingüismo, todavía una materia pendiente en los Estados Unidos de Norteamérica al día de hoy, y todo se redujo a usar mi español para presionar a los niños inmigrantes con las clases de inglés, inmerso en una dinámica rápida y antipedagógica.

Fue esta desilusión la que me llevó a decidir unirme al Cuerpo de Paz y, así, en seis meses ya estaba camino a Paraguay. En este país el Cuerpo de Paz tenía un proyecto en conjunto con el Ministerio de Educación, teniendo siempre como máxima no pretender imponer metas propias en ningún país, sino escuchar lo que la gente quiere y dar apoyo en este sentido.

Así descubrí que una de las metas de la reforma educativa en Paraguay era alejarse de los métodos que se empleaban durante la dictadura de Stroessner, que duró de la década de los cincuenta a finales de los ochenta, periodo en el cual hubo mayor énfasis en el aspecto administrativo de la educación y poco desarrollo de la parte pedagógica. Las escuelas eran únicas responsables de demostrar que el currículum era enseñado y anotado por los alumnos en sus cuadernos. Los administradores de la capital, por su parte, revisaban que los estudiantes tenían todo lo requerido en las libretas, pero no se preocupaban en saber cuál era la dinámica que se utilizaba para hacer llegar ese contenido. El resultado era que, en la mayoría de los casos, los estudiantes simplemente copiaban lo que el maestro transcribía de su guía en el pizarrón. Si los niños entendían lo que copiaban, era secundario. Un sistema de dictadura no acepta que la población sea pensante y crítica. Únicamente quiere que copie y repita.

Hay que reconocer el trabajo excelente que había hecho el Ministerio de Educación al impulsar una reforma que buscaba resolver las deficiencias previamente identificadas por ellos mismos. De este modo, una de mis metas como voluntario era entrenar a los maestros de mi comunidad y de las escuelas de formación docente en métodos más participativos de enseñanza. Propuse juegos de matemáticas a través de materiales didácticos que los niños podían manipular para desarrollar sus destrezas de forma más concreta. Pedía a los niños que expresaran sus propias ideas, que preguntaran, que cuestionaran y que sacaran sus propias conclusiones. No tardé en darme cuenta de que éste iba a ser el aspecto más desafiante de mi proyecto. Salí de mi comunidad, dos años después, sintiendo que había tenido poco impacto en el área de pensamiento crítico. Era consciente de que no podía pretender cambiar un sistema tan arraigado de un día para otro. Observaba que pocos niños entendían lo que escribían y, en el peor de los casos, parecía que al maestro tampoco le importaba.


Algunos maestros, después de escribir en la pizarra, consideraban su trabajo hecho y salían al patio a tomar “mate” o “tereré” con sus colegas. Dejaban a los niños adentro copiando. Entraban al final de la clase para ver si la tarea se veía linda y bien copiada. Al llegar el examen final del año escolar me asustó ver que para preparar a los estudiantes los maestros los hacían practicar el mismísimo examen que tenían que resolver al día siguiente.

Durante la dictadura, el guaraní (la lengua dominante en el interior del país) estaba estrictamente prohibido en las escuelas porque, según el gobierno, entorpecía el desarrollo del país. Sabiendo esto, me entusiasmó descubrir que Paraguay estaba comenzando un proyecto de educación bilingüe de español-guaraní en las escuelas primarias. Debido a mi experiencia en la educación bilingüe mi directora del Cuerpo de Paz encontró una escuela piloto donde se enseñaba con un modelo muy parecido al que yo utilizaba en los Estados Unidos. Fue ahí donde pasé los dos años siguientes, en una comunidad pequeña de ochenta familias. Todos eran agricultores. Nadie tenía auto ni tractor. Las únicas personas que hablaban un poco de español eran los hombres que habían estado en el ejército o estudiado en el pueblo más cercano.

Cuando llegué, la escuela ya llevaba varios años enseñando en guaraní y era un éxito. Los padres estaban muy involucrados con la escuela. Ellos mismos habían edificado las dos aulas de madera y, luego, la casita en el patio de la escuela donde yo viví. Los niños leían el guaraní perfectamente en la escuela. Para la comunidad era este centro una de sus fuentes de orgullo más grandes.

Debido al presupuesto limitado del Ministerio, el dinero que llegaba de la capital era únicamente para los sueldos de los maestros. Si se necesitaban libros, los padres tenían que alquilar camiones para traerlos desde Asunción.

A pesar de las dificultades, la convivencia en la comunidad era unida, positiva, feliz y trabajadora, un ambiente que nunca antes había experimentado. Hacían milagros con lo poco que tenían. Yo asistía a las reuniones de la comisión de padres con humildad y admiración. Veía que iba a ser difícil para mí crear un impacto con los métodos de enseñanza aprendidos durante mis tres meses de entrenamiento en el Cuerpo de Paz, debido en gran parte al poco guaraní que hablaba, así que me limitaba a preguntar qué era lo que ellos querían hacer y en qué consideraban que yo pudiera ser de utilidad.

Buscaban conseguir aulas nuevas y agua corriente para la escuela. De este modo, trabajamos hacia estas metas y, al final del año y medio, logramos seis aulas nuevas con dinero del gobierno local y nacional. El proyecto de agua corriente lo conseguimos gracias a una donación de los maristas, un grupo de educadores españoles que trabajaban en el área. El proyecto culminó con la visita de la Ministra de Educación. Inauguró las seis aulas con una ceremonia a la que yo no pude asistir debido a que me encontraba dando un taller sobre educación bilingüe a maestros de formación docente en una comunidad cercana. No obstante, me mostraron un video de ese día un tiempo después.


Pasé un año más en Paraguay, esta vez en la capital, como coordinador del Cuerpo de Paz del programa de educación primaria. Fue ahí donde conocí a mi esposa paraguaya y volvimos juntos a California donde era casi imposible encontrar trabajo como maestro. El estado pasaba por otra crisis económica y las escuelas despedían a maestros por falta de presupuesto. Así, decidí enseñar español y arte por un año en una escuela luterana. Poco después nos enteramos de que la educación bilingüe seguía fuerte en el estado de Nuevo México. Vendimos lo poco que teníamos y emigramos con un tercer adherente, nuestro hijo Pablo que entonces tenía menos de un año.

Resulta que Nuevo México es el único estado, tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848 mediante el cual los Estados Unidos quitó a México 55% de su territorio por la mísera suma de quince millones de dólares, donde las familias y sus gobernantes mexicanos mantuvieron algo de su tierra e influencia. Gracias a esto, hoy en día, Nuevo México sigue siendo el estado con la comunidad mexicana más fuerte en todo el país. El español es idioma oficial aquí y la educación bilingüe disfruta del apoyo del gobierno y de la gran mayoría de la población.

Escribo esto ahora, tras mi quinto año enseñando en una escuela bilingüe de Albuquerque. Nuestros estudiantes reciben 50% de su educación en español y la otra mitad en inglés hasta el sexto grado. También existen programas bilingües fuertes en los colegios. Los niños inmigrantes llegan a dominar los dos idiomas y se sienten seguros, aceptados, orgullosos de su cultura y bien recibidos.

Sin embargo, el sistema en Nuevo México tiene otra cara. Ahora, viene del programa de No Child Left Behind, el cual comenzó a nivel nacional durante la presidencia de George W. Bush y que el presidente Obama acaba de revitalizar. A primera vista pareciera ser un proyecto noble. En la práctica, sin embargo, este programa está teniendo consecuencias negativas. Las escuelas tienen que mostrar que todos sus estudiantes están aprendiendo las debidas materias y se mide esto con exámenes estandarizados.

Son justamente estos exámenes nacionales los que me hacen pensar otra vez en las condiciones prerreforma de Paraguay. Igual que en Paraguay, estamos apuntando cada vez más al aspecto administrativo y no pedagógico. Las escuelas son calificadas únicamente por estos exámenes. El no pasar estas pruebas significa represalias en la forma de reestructuración de la escuela. Los directores de escuelas de bajo rendimiento son sacados de sus centros y transferidos a otras escuelas. Se habla de pagar a los maestros según los resultados que consiguen de sus estudiantes. Hay muchísima presión sobre los maestros para que los alumnos saquen buenas notas. Amenazan con publicar en los periódicos los nombres de los maestros cuyos niños no pasan el examen.

Como resultado de esta presión, las escuelas de zonas pobres y de inmigrantes tienen que concentrar todos sus esfuerzos en pasar el examen. En mi escuela de Albuquerque, incluso, dejamos de lado las materias de ciencias y estudios sociales porque no cuentan para los ojos del estado. Nos exigen que ya no enseñemos esas materias como material curricular, sino que las integremos de alguna manera a nuestros programas de lectura y matemáticas. Llegamos a enfocar prácticamente todos nuestros esfuerzos en matemáticas y lectura. Así, hemos llegado a que gran parte de nuestro día se dedica a la preparación de los niños para estos exámenes. Los maestros tienen que seguir un horario fijo que no permite la creatividad y el desarrollo para impulsar las mismas destrezas de creatividad y pensamiento crítico que me entrenaron a enseñar en Paraguay. El ritmo es aceleradísimo y no hay tiempo para profundizar en temas que les interesan a los niños. Nuestros recreos se limitaron a media hora por cada seis horas de instrucción cuando, es bien sabido, que los alumnos necesitan más tiempo para jugar y socializar.

Por si fuera poco, el arte y la música son prácticamente inexistentes. Durante un año les damos cuarenta y cinco minutos a la semana de música y al otro año tienen cuarenta y cinco minutos a la semana de arte. Cada ciclo nuestro currículum se parece más al examen. Los maestros sentimos que ya no enseñamos otra cosa que destrezas para tomar examen y memorizar datos. Me pregunto si llegaremos a enseñar el mismo examen como observé en Paraguay, porque se enfoca cada vez menos en los métodos que empleamos y más en simplemente cubrir todo lo que aparece en el examen. Los maestros nos sentimos asfixiados y poco libres de utilizar nuestro juicio en el aula. Ya no piden que pensemos, sólo piden resultados en los exámenes. Cada vez más, las únicas escuelas que permiten que sus niños lean, exploren, investiguen, piensen y progresen son las de barrios de clase alta.

Éstas son en síntesis las conclusiones a las que he llegado de lo vivido en estos años. Mientras el sistema de educación de Paraguay está saliendo de condiciones de larga dictadura, Estados Unidos está caminando hacia eso. Mientras que Paraguay podría durar mucho en salir de la represión que sufrió durante tantos años, aquí estamos creando condiciones represivas a un ritmo alarmante. Por un lado tenemos el tema de la prohibición de lenguas minorizadas. Igual a lo que pasó en Paraguay con la prohibición de su lengua nativa, California acaba de hacer lo mismo (me refiero a nativa, porque el español se usaba en California mucho antes que el inglés) con la prohibición de una educación bilingüe. La ley 187 es anticonstitucional y va en contra de los derechos humanos. El programa de No Child Left Behind se debería llamar Poor Children and Teachers Left Behind porque exige no pensar. Exige memorizar y repetir. Estas dos tendencias en la educación entorpecen el desarrollo de una sociedad equitativa, crítica, creativa e inteligente.

Yo tengo la suerte de poder escaparme de estas condiciones. Mi esposa, mi hijo y yo hemos decidido nuevamente emigrar a Paraguay y ahí abrir una pequeña escuela privada que nos dé por fin la libertad de enseñar como consideramos es correcto y pedagógico. Seguiré trabajando con mi comunidad del Cuerpo de Paz que quedará a diecisiete kilómetros de nuestro pueblo. Y estaremos en un ambiente educativo donde la educación parece mejorar y no empeorar.

1. El Cuerpo de Paz es una agencia federal independiente de los Estados Unidos, la cual busca promover la paz y la amistad mundial en los países y áreas interesados. Convoca a los hombres y las mujeres estadounidenses que estén dispuestos a servir y estén capacitados para trabajar en el extranjero, bajo condiciones difíciles si es necesario, y ayudar a las personas de tales países a satisfacer sus necesidades de mano de obra calificada.

etiquetas:

Please reload

Artículo de la semana

La deuda urgente del gobierno con el sistema penitenciario

1/1
Please reload

Artículos recientes
Please reload

Secciones
Archivo