Conceptualización de la Educación para el Desarrollo

01/03/2010

 

En el artículo anterior se señalaron escuetamente algunas de las situaciones que revelan a la Educación para el Desarrollo (en adelante ED) como una acción a tener en cuenta ante una necesaria transformación social. De igual manera, se introdujo su origen y evolución, dándole mayor relevancia a su última generación, la cual define sus características actuales. A continuación nos adentraremos en el marco teórico de la ED y, concretamente, en el concepto de la misma. Hay multitud de definiciones de ED, que recogen distintos puntos de vista del concepto. Pues, como bien indica Polygone1 (Red Internacional de Educación para el Desarrollo y Educación Popular): “No existe una definición única y exclusiva de lo que es la educación para el desarrollo. Las variaciones dependerán del sentido que se atribuya a las dos palabras clave que componen el enunciado, cuyo significado cambia en relación a las categorías de espacio-tiempo”. Por ello, antes de exponer el concepto de ED será totalmente necesario aclarar los rasgos significativos de educación y desarrollo.

La educación, como señala el Informe del Foro Mundial Dakar (2000: 8), es “un derecho humano fundamental y, como tal, es un elemento clave del desarrollo sostenible y de la paz y estabilidad en cada país y entre las naciones y, por consiguiente, un medio indispensable para participar en los sistemas sociales y económicos del siglo XXI”. Delors (1996) en su informe a la UNESCO sobre educación para el siglo XXI, señalaba que la educación debe escaparse a la simple instrucción docente y hacer frente a los cuatro pilares básicos de conocimiento: aprender a conocer, a hacer, a vivir y a ser. En definitiva, la educación debe ser un derecho universal factible, mediante el que fomentar y aumentar las capacidades y potencialidades propias de cada persona, con el fin de mejorar su vida y de transformar la sociedad.

Si bien al concepto de desarrollo frecuentemente se le concede una connotación macroeconómica, éste es mucho más complejo y contiene muy diversas perspectivas. En la Declaración sobre el Desarrollo de las Naciones Unidas del 4 de diciembre de 1986, se dice que: “… es un proceso global económico, social, cultural y político, que tiende al mejoramiento constante del bienestar de toda la población y de todos los individuos sobre la base de su participación activa, libre y significativa en el desarrollo y en la distribución justa de los beneficios que de él se derivan”.

Concretamente, la ED tendrá como meta el conocido desarrollo humano. En su Informe Anual de 2000 (cit. en Celorio y López 2007: 79) el PNUD cita: En todos los niveles de desarrollo las tres capacidades esenciales consisten en que la gente viva una vida larga y saludable, tenga conocimientos y acceso a recursos necesarios para un nivel de vida decente. Pero el ámbito del desarrollo humano va más allá: otras esferas de opciones que la gente considera en alta medida incluyen la participación, la seguridad, la sostenibilidad, las garantías de los derechos humanos […]

En definitiva, el desarrollo humano es el desarrollo de la gente, para la gente y por la gente. Por lo tanto, teniendo en cuenta su última etapa evolutiva y el marco conceptual de la disciplina, se concluye que la educación para el desarrollo es un proceso de carácter cognitivo, continuo, intercultural, global, participativo y dinámico, que pretende generar conciencia crítica sobre las desigualdades mundiales, tanto locales como globales. Es decir, es un proceso educativo que genera conciencia crítica sobre las causas y los efectos de la situación mundial, con el objetivo de que las personas creen una ciudadanía global, responsable y activa para la transformación hacia un mundo alternativo, digno, equitativo y sustentable política, económica, social, cultural y ecológicamente. Los instrumentos, procedimientos y capacidades necesarias para la ansiada transformación se concentrarán en los contenidos, características y dimensiones pedagógicas de la ED.

El siguiente gráfico muestra tres principales características de la ED: educación en valores, global y emancipadora. Gráfico 1. Características de la educación para el desarrollo Fuente: Celorio, 1995. Las fuentes pedagógicas con las que este proceso educativo, integral y participativo hará frente a las exigencias de la materia, deberán estar destinadas a la acción y a la capacidad de conciencia crítica. Para ello, se toman las siguientes fuentes: la pedagogía de Paulo Freire, las corrientes constructivistas del conocimiento de Piaget, Vigotsky, Luria o Bruner, la pedagogía crítica de Giroux, Apple o McLaren, el modelo de investigación-acción elaborado por Lewin, retomado y profundizado por Carr y Kemmis, entre otros. (Argibay, Celorio, 1997: 25) Por otro lado, la ED reconoce a las personas como su principal fuente de acción, convirtiéndolas en sujetos transformadores y en ciudadanos globales y responsables ante un presente y un futuro digno para todos. Las etapas o el ciclo evolutivo de la ED suele tener una metodología holística de aprendizaje, que primero sensibiliza e informa de la situación mundial, posteriormente forma hacia la reflexión, el análisis y la crítica, conciencia ante la responsabilidad, los derechos y los deberes y se compromete hacia la transformación social y hacia la participación y movilización (MAEC, 2007: 19-20).

Gráfico 2. Constelación de las principales “educaciones para…” en relación con la educación para el desarrollo Fuente: adaptación de Marhuenda, 1995: 14. Finalmente, la ED, ante los desafíos de un mundo cada vez más globalizado, complejo e interdependiente, adquiere, desarrolla, completa y fortalece sus contenidos con los de otras “educaciones para…”. Las principales disciplinas que complementan y forman la ED se muestran en el siguiente gráfico. Gráfico 3. Constelación de las principales “educaciones para…” en relación con la educación para el desarrollo Fuente: adaptación de Marhuenda 1995: 14. Mediante este sucinto análisis del concepto de ED, de sus características, contenido y metodología, pasaremos en los próximos artículos a desmembrar todavía más el marco teórico de la disciplina. Con el fin principal de conocer la materia y, por ende, la relevancia que tiene en una sociedad individualista, competitiva, multicultural, consumista y supuestamente desarrollada.

Argibay, M., Celorio, G. y Celorio, J. (1997). “Educación para el desarrollo. El espacio olvidado de la cooperación”. Cuadernos de Trabajo Hegoa, n.º 19, Vitoria-Gasteiz. Argibay, M. y Celorio, G. (2005). La educación para el desarrollo. Vitoria-Gasteiz, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco. Celorio, J. J. (1995). “La educación para el desarrollo”. Cuadernos Bakeaz, n.º 9, Bilbao, Bakeaz. Celorio, G. y López de Munain, A. (Coords.) (2007). Diccionario de educación para el desarrollo, Bilbao: HEGOA. Coordinadora de ONGD España (2005). Educación para el desarrollo: una estrategia de cooperación imprescindible. Madrid: Coordinadora de ONGD España. Delors, J. (1996). La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI. UNESCO. Foro Mundial Dakar (2000). “Marco de acción de Dakar. Educación para todos cumplir nuestros compromisos comunes”. 26-28 de abril de 2000, Foro Mundial sobre la Educación, Dakar, Senegal. París, UNESCO. [En línea] [http://unesdoc.unesco.org/images/0012/001211/121147s.pdf] [Consultado en julio de 2008]. Marhuenda F., F. (1995). La educación para el desarrollo en la escuela. Posibilidades e interrogantes. Barcelona: Intermón Oxfam. Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (2007). Estrategia de educación para el desarrollo en la cooperación española. Madrid, MAEC. [En línea] [http://www.aecid.es/export/sites/default/web/galerias/programas/Vita/descargas/estrategia_educacion_desarr.pdf] [Consultado en mayo de 2009]. Red Internacional de Educación para el Desarrollo y Educación Popular. www.webpolygone.net 1. Red Internacional de Educación para el desarrollo y Educación Popular. Más información en www.webpolygone.net.

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