La Práctica Hace al Maestro

 

En mi época de estudiante, en la que fuera la Escuela Nacional de Estudios Profesionales Aragón en la Facultad de Ingeniería Mecánica, la posibilidad de practicar nuestros conocimientos en un computador del tipo que fuera eran casi nulas. Además, los laboratorios equipados tecnológicamente o no funcionaban o definitivamente era un sueño tener una máquina automatizada a nuestra disposición.

 

Recuerdo que era increíble asistir a la materia de “Máquinas herramienta” que impartía un brillante profesor invidente, quien nos hacía referencia a un torno o una fresadora y nos pedía que imagináramos su funcionamiento a través de sus detalladas descripciones. No faltaban otros maestros con muchas ganas de ofrecernos algo más, por lo que procuraban llevarnos al centro de cómputo de los estudiantes de Ingeniería de Sistemas, en donde por lo menos nos mostraban el programa de control de una máquina, irónicamente sin tener físicamente la máquina. Lo que ocasionaba que después del proceso de diseño nunca pude ver el producto final, es decir, poder fabricar algo que hubiéramos diseñado en el salón de clases.

Con todo ese sentimiento de vacío en mi carrera de ingeniería, comencé a trabajar en una empresa que fabricaba conjuntos educacionales para escuelas técnicas, los cuales eran de física, química, electrónica, entre otros. Estos paquetes incluían materiales que se podían utilizar comercialmente en la industria y los experimentos eran muy cercanos a la realidad. Un día explorando en el almacén de la fábrica encontré un pequeño torno conectado a una computadora de primera generación, la cual tenía como unidad de almacenamiento una grabadora de casetes, inmediatamente me surgió la idea de poder conectar dicha máquina a una computadora moderna, en ese entonces no había internet, por lo que pasaron algunos años para que pudiera encontrar la información requerida para lograr llevar a cabo mi experimento.

Una vez estudiado mi objetivo doné el torno al laboratorio de “Máquinas herramienta” de mi escuela y de primera instancia se rieron del regalo, ya que según ellos era un simple juguete al lado de sus máquinas. Finalmente, los convencí de comprar el kit de automatización en los Estados Unidos de Norteamérica y me encargué personalmente de armar todo el sistema (unos pequeños motores llamados a pasos, una cajita que era la fuente de energía de los mismos y una tarjeta electrónica que debía ir dentro de una computadora con su respectivo software). Después de unos días todo parecía en su lugar y yo con los nervios de punta. Nunca había operado una máquina de este tipo y los maestros tampoco, el momento tan esperado tenía que llegar. Así que procedí a diseñar algo sencillo y pasarlo al programa de control que se encargaría de poner todo en el lenguaje de la máquina (una especie de numeración por coordenadas) para poder mover la herramienta a lo largo del material a trabajar. Pues bien, al final la pequeña máquina funcionó y el asombro fue total, incluso hicieron una reunión especial con todos los profesores e invitaron al coordinador de

Ingeniería Mecánico Electricista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a la escuela para que observara el funcionamiento de la máquina.

El tiempo pasó y años después asistí a la escuela nuevamente a presenciar el examen profesional de mi hermana menor y aprovechando pasé al laboratorio para ver si todavía existía el pequeño torno, mi sorpresa fue cuando uno de los profesores me reconoció de inmediato, después de ocho años, me sentí complacido por esta reacción. El maestro me platicó que habían tenido un torno industrial de varias toneladas, pero que sólo duró funcionando un año y ahora estaba descompuesto. Esto me llevó a preguntarle qué había pasado con mi pequeño invento, a lo que respondió efusivamente: “¡Ah!, el tuyo sigue funcionando y ya tiene su propio salón de clases”. Efectivamente había un salón para la clase de control numérico y aún año tras año siguen graduándose ingenieros utilizando el pequeño torno que parece de juguete, pero en realidad funciona como uno industrial. Ese día me di cuenta que años atrás no solamente había cumplido mi sueño de automatizar una máquina y usarla, sino que había dejado algo útil al servicio de futuros colegas.

Después de la confianza ganada por mis antiguos profesores, me invitaron a conocer otra máquina nueva aún empacada y que no sabían exactamente qué era. Con gusto accedí a la invitación y fuimos a verla. A cargo de ella estaba otro profesor y, según él, ésta servía para dibujar, por lo que ya le había puesto un lápiz en donde se supone va una herramienta. Por mi parte, obviamente también desconocía la máquina, por lo que ese día únicamente tomé nota del modelo, la marca y me fui. Después de algunos días ya investigando sobre el tema descubrí que era algo muy novedoso, tanto que no lo podía creer. Al final pedí prestado un programa a otro de mis profesores, una herramienta de corte y descubrimos que cualquier cosa que uno dibujara en tres dimensiones la máquina era capaz de reproducirla en madera o alguna resina especial.

Al analizar las dos anécdotas anteriores a lo largo de los años, se me ha ocurrido pensar que el darle un uso práctico a lo que vemos en el salón de clases nos puede dar una visión muy diferente de lo que es cada profesión.También siento que ahora en esta época de grandes avances tecnológicos hay muchas más herramientas para investigar, para mí el internet fue la puerta de entrada al conocimiento. De otra manera toda la información que fui utilizando para los  proyectos anteriores me hubiera tomado meses encontrar, inclusive en un momento dado no hubiera tenido la seguridad de adquirir los aditamentos necesarios.

Una cosa importante dentro de todo esto y que por lo menos en mi caso ha sido fundamental es el inglés, ya que la mayoría de la información puede ser encontrada en este idioma, en lo que se refiere a equipos automatizados, además, las compañías en Estados Unidos son muy accesibles en enviar catálogos en formato electrónico, hecho que me hapermitido poner a trabajar muchas máquinas que en ocasiones algunas instituciones han dejado almacenadas por falta de apoyo del proveedor o porque los gastos de operación son enormes.

En este sentido, todo estudiante tiene ante sí una gran oportunidad de mejorar por su cuenta, quizá la clave está en querer investigar de forma autodidacta los temas que más le atraigan. La información está ahí, no hay que hacer fila para sacar el libro de la biblioteca o quedarse con las ganas porque el libro está muy caro o agotado en una librería. Además, paralelamente, otra herramienta son los videos en los portales de internet en los cuales se puede ver funcionando casi cualquier cosa. Aquí aplicaría el dicho “viendo se aprende” y ése ha sido mi punto de vista desde el principio, que uno pueda practicar lo que se ve en la teoría, ya que todos obviamente tenemos formas muy distintas de deducir y procesar el conocimiento. Inclusive a veces en la vida real al  llegar a una empresa el ingeniero no es tan diestro con las máquinas, mientras el obrero que tiene práctica en el proceso se ríe del profesionista falto de experiencia, entonces aquí es donde todos nos preguntamos qué falló o qué falta en la formación de gente calificada.

Quizá la respuesta no sólo está en manejar equipo importado, quizá es tiempo de pensar en cómo los mexicanos que son buenísimos para arreglar todo con una liga o un alambrito puedan desarrollar sus propios aditamentos.

Finalmente, quisiera compartir otra experiencia. En una ocasión tuve la oportunidad de tomar un curso de capacitación en Italia para el mantenimiento de equipos de laboratorio muy sofisticados. Los primeros días no entendí casi nada y al regresar venía con un montón de manuales de operación y el curso sólo había explicado la operación en condiciones normales, pero nunca explicaron qué hacer en caso de alguna falla. Para mi suerte el primer equipo que tuve que instalar trataba de analizar un tipo de muestra muy particular y ocasionó que el resultado saliera diferente o digamos que la gráfica no tenía la forma conocida. Esto llevó a que me culparan por ser el usuario, por lo que pasé momentos muy difíciles, pero al final se demostró que mi trabajo estaba bien hecho y la muestra del cliente era la que había estado mal preparada. Poco a poco fui dominando este tipo de tecnología. En otra ocasión uno de estos equipos se quemó y el cliente no podía detener su proceso, entonces le expliqué que la refacción tardaría semanas en llegar de Italia y no aceptó tal situación; así que junto con mi esposa tomamos la decisión de desarmar el equipo por nuestra cuenta, localizamos un proveedor para un material que necesitábamos y logramos reparar el equipo que funcionó por mucho tiempo más. Coincidió que por esas mismas fechas un supervisor de la fábrica italiana vino a México y me preguntó por qué no había comprado la refacción que meses atrás él mismo me había cotizado, le platicamos nuestra aventura, él se quedó pasmado y no podía creer lo que habíamos hecho, diciendo que eran equipos de alta tecnología y no era posible la reparación. Pero lo que él no sabía es que los mexicanos reparamos lo que sea con tal de ahorrarnos la refacción original, digo en la mayoría de los casos sí podemos hacer eso y más.


El tiempo pasó y nuevamente vinieron a visitarnos de la fábrica, ahora a preguntar por qué nunca nadie hablaba para quejarse de algún mal funcionamiento o un mal servicio. Lo cual me dejó un poco sorprendido ya que se supone que ésa es la función de un representante local y me platicó que en otros países la situación era desesperada y que los equipos nunca funcionaban correctamente, por lo que México parecía un caso extraño en ese aspecto. Así que decidimos llevarlo a visitar los laboratorios para que el mismo se convenciera de que efectivamente todo estaba funcionando correctamente. Quedó muy conforme con los resultados y nos dimos cuenta de que, en comparación con otros países, a los profesionistas mexicanos aún nos falta mucho que dar, aprender y superar.

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