Tres Sencillos Consejos para Salvar al Mundo

Probablemente el valor más importante que la Navidad proclama es el valor de compartir. Una época que invita a reencontrar a los seres queridos y demostrar el aprecio e importancia que representan en nuestra vida. Sin embargo, el sistema de producción y organización que rige a la sociedad actual ha redirigido este valor a un espectro más individualista, logrando que diciembre sea la época de mayor consumo en todo el año a nivel global. Dato increíble, ya que sólo 33% de la población mundial tiene como religión el cristianismo, y aún cuando la globalización ha logrado expandir el festejo de la Navidad a otras culturas, la mayor parte del mundo no celebra la natividad.

Dadas las nuevas tendencias sociales y productivas, el consumo en estas fechas se ha vuelto irresponsable, desmedido y abusivo; se ha olvidado casi por completo que dicho consumo está basado en compartir con el prójimo. Un ejemplo de esto es el sentimiento de decepción que se presenta el día de Navidad cuando el hijo, esposa, esposo, amigo o familiar no recibe el artículo deseado.

En estas fechas, con regularidad, gran parte de los gastos en un elevado número de familias se realiza sin planificación alguna. Muchas compras se realizan al azar, sobre todo regalos, o de manera compulsiva, sin detenernos a reflexionar dos minutos su utilidad, servicio o la manera en que su consumo puede alterar la vida de otros o la de uno mismo. La venta y compra de productos desechables, decorados con varios colores u otros adornos, se pone de plácemes en las tradicionales posadas mexicanas y otros eventos de la festividad. Incluso la misma administración tira la casa por la ventana y despliega una extraordinaria decoración de luces y hermosos decorados a lo largo de ciudades y comunidades, haciendo uso de los recursos públicos sin hacer un verdadero balance del impacto de dichas políticas, lo que parece raro, ya que durante todo el año se ha quejado de la pequeña partida presupuestaria que le fue asignada.

 

Cada Navidad la tradición de compartir basada en la humildad y solidaridad va siendo reemplazada por la tradición de consumir basada en la presunción y el egoísmo. La Navidad como mecanismo para regular el comportamiento social de forma positiva, de acuerdo con los sistemas morales, ha llegado a convertirse en un medio temporal para acelerar la devastación de los recursos y el medio ambiente. La terrible situación social y medioambiental en la que se encuentra sumergido el planeta queda brevemente olvidada en estas fechas, y no verá mejoría los siguientes años a menos que la sociedad comience a cambiar sus hábitos de consumo de manera drástica.

Sin embargo, como lo demuestra la historia, ningún cambio drástico en la vida del hombre ha estado exento de fatalidad o caos. El ser humano ama llegar al extremo de la situación para darse cuenta del peligro que corre, pero por lo general es demasiado tarde. Más aún, el hombre ha logrado grandes cosas y ha demostrado ser capaz de muchas otras, por lo que cabe la posibilidad de cambiar los hábitos de consumo antes de acabar con todo.

Pequeños cambios en nuestros hábitos de consumo pueden tener un gran impacto en la situación de desigualdad social y en la disminución del deterioro ambiental. Es por tal que, en esta ocasión, este espacio de discusión será destinado a tres pequeños y sencillos consejos, que pueden ser de gran ayuda para comenzar a cambiar el rumbo al que la sociedad del consumo dirige su fatal destino.

El primero y más fácil de los consejos es el de tener presente la gran diferencia que existe entre el concepto de basura y el de residuos, separando estos últimos para evitar el primero. Se debe tener muy en cuenta que todo aquello que tiramos al bote de la basura no es basura, sino simplemente residuos, los cuales pueden ser reutilizados. La basura la creamos cuando juntamos en un mismo espacio residuos de distinta composición y estos se mezclan, eliminando toda posibilidad de reaprovechamiento. El separar los residuos orgánicos del resto de los demás residuos del hogar es una acción sumamente sencilla que puede tener grandes repercusiones positivas en otros sistemas de protección ambiental como el reciclaje o el reaprovechamiento.  Si no existe una gestión integral de residuos dentro de los sistemas de recolección de la comunidad, basta con sellar de manera apropiada la bolsa de los residuos orgánicos. Una más extensa clasificación de los residuos obedece al distinto grado de concientización individual o familiar.

Un segundo consejo que puede cambiar de manera radical nuestros hábitos de consumo es la planificación. El gasto y consumo realizado en épocas decembrinas se realiza, en el mayor de los casos, de manera irresponsable y al azar. Se compra cualquier cosa y en cualquier sitio, sin detenerse a preguntar por un instante si lo que se compra es útil o si se tiene una verdadera necesidad de ello. Incluso al final del mes es fácil darse cuenta que el dinero o recursos gastados hubieran podido ser aprovechados de una manera mucho más eficiente.

El planificar los gastos para las fiestas es una acción sencilla y fácil de llevar a cabo que puede tener un impacto altamente positivo, tanto en la economía familiar como en la modificación de nuestros hábitos de consumo. El hacer una lista de las necesidades y prioridades no sólo puede lograr un ahorro o mejor utilización de nuestros propios recursos, sino que evitará la compra de productos inútiles o superficiales y promoverá la elección de productos disponibles en el mercado que menos repercusiones negativas tengan en los procesos económicos, medioambientales y sociales.

Pero planificar no sólo hace referencia a comprar en los lugares más adecuados o comprar los productos de mayor utilidad y aprovechamiento, sino también al tiempo más adecuado para hacerlo. La Navidad es la época perfecta para extender el crédito, lo que provocará una desestabilización en la economía familiar, la cual puede tener consecuencias negativas en los hábitos de consumo futuros.

Y el tercer y último consejo va relacionado con el mismo espíritu de la Navidad, compartir, lo que equivale a una mayor igualdad social. Esta Navidad habrá que reflexionar en la situación de pobreza y desigualdad en la que se encuentran sumidas millones de personas alrededor del mundo y la manera en que cada individuo puede ayudar a mejorar.

Existe un incontable número de organizaciones sociales preocupadas por mejorar la situación planetaria a nivel económico, social o medio ambiental, sin embargo el trabajo de dichas organizaciones está sustentado por la sociedad misma, a través de donaciones o medios parecidos. El involucrarse y conocer estas organizaciones implica mejorar de manera sustancial la situación de miles de personas que no tienen recursos propios para hacerlo y mejorar nuestra propia calidad de vida y la de las generaciones futuras.

Afiliarse a una de estas organizaciones es una manera muy efectiva de cambiar los hábitos de consumo, no sólo los propios, sino los de nuestros semejantes, además de que fortalece el tejido social y la lucha contra el deterioro ambiental. Son muchos los ejemplos de los grandes avances y cambios en la forma de comportamiento humano que algunas organizaciones han logrado, como las sociedades nacionales de la Cruz Roja, Amnistía Internacional, Green Peace, Oxfam o MSF entre otras tantísimas; además este tipo de organizaciones son un canal sumamente poderoso entre la sociedad y el gobierno capaz de modificar cualquier agenda política.

El cambio no va a llegar solo, se debe comenzar con la forma de comportamiento del ser humano y sólo la acción colectiva será capaz de lograrlo. 

 Cambiar los hábitos de consumo, por más pequeños que éstos sean, significa un inmenso paso en la conservación del ambiente y promueve ampliamente la igualdad social.Sin embargo, el no hacerlo implica condenar el futuro de la raza humana a una serie de catástrofes de las que ya se le ha advertido.

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