• Rafael Carlos García Sánchez

Transformación digital: las plataformas digitales en México

En los últimos años se ha observado en México un incremento gradual respecto al número de personas que tienen acceso a internet; éste permeó en cada aspecto de la vida cotidiana, llegando a ser utilizado para facilitar las relaciones sociales, laborales, comerciales, de entretenimiento, entre otras; de tal forma que actualmente se torna complejo el pensar alguna actividad cotidiana que no involucre estar conectados a la gran red.


En este sentido, durante el 2019 se registraron en México 80.6 millones de usuarios conectados a internet, esto significa que más del 60% de nuestra población tiene la oportunidad para conectarse a la red. Poder conectarse implica que un sin número de actividades encuentran nuevos canales para llevarse a cabo, permitiendo una mayor eficiencia y resultando en distintos tipos de beneficios para los usuarios. La forma tradicional para llevar a cabo distintas actividades ha evolucionado como consecuencia del uso del internet.


De esta evolución nos percatamos con distintas actividades que si bien antes podían realizarse sin estar conectadas a la red, ahora se llevan a cabo en gran medida gracias al uso de internet; por ejemplo, anteriormente era común redactar cartas para enviarlas a lugares distantes, hoy en día es común que se use algún servicio de mensajería instantánea (como un correo electrónico) para comunicar una idea de forma más rápida y eficiente; otro ejemplo (de los muchos que abundan a nuestro alrededor) lo encontramos en los servicios de transporte, respecto a los cuales anteriormente era más común abordar un taxi en algún sitio fijo o en la calle, pero en años recientes esto ha cambiado, pues ahora desde un teléfono móvil es fácil acceder a distintas plataformas de transporte que acuden a la ubicación que indiques.


De los casos anteriores se observa cómo cada uno de dichos servicios mejoró como consecuencia del uso del internet. Dicha situación en la que el internet permea en las actividades cotidianas se repite constantemente, de tal forma que es inminente el hecho de que no hay actividad que hoy en día no esté relacionada al internet; estamos frente al mundo digital.


Siguiendo esta idea, el comercio no se vio exento del uso de internet por lo que tuvo que adaptarse a las nuevas tecnologías, fue así que encontró en el internet nuevos canales para acercar los intereses de los consumidores con los bienes y servicios ofrecidos. Dentro de este aspecto comercial, el internet permitió crear lo que comúnmente se conoce como “e-commerce” el cual implica cualquier transacción comercial por medio de un sitio web. Por ejemplo, una tienda de ropa que a través de su propia página de internet comercializa sus productos. El e-commerce trajo beneficios increíbles tanto a vendedores como consumidores, pues permitió reducir factores como el tiempo y la distancia del espacio geográfico entre un vendedor y un consumidor, de tal forma que cualquiera, sin importar la ubicación, podía comprar en línea cualquier producto cuando lo deseara.


Como consecuencia de las múltiples conexiones que el internet permite crear, las actividades comerciales continuaron creciendo y evolucionando, de tal forma que llegaron a crearse lo que hoy en día conocemos como plataformas digitales. Estas son “aplicaciones que operan sobre internet y prestan servicios de intermediación a diferentes grupos de usuarios independientes”, por ejemplo los ya famosos makertplaces como Amazon, Mercado Libre, eBay, etc., que en su mayoría tienen un papel de intermediarios entre los distintos usuarios vendedores que venden sus productos a través de la plataforma y los distintos usuarios que se conectan para comprar algún producto.


Las plataformas digitales se han adaptado a los distintos mercados que tradicionalmente existen, de tal manera que hay una infinidad de plataformas que prestan distintos bienes y servicios, y conectan a distintos grupos de usuarios, como lo son: las plataformas para el transporte de personas (ej. Uber, DiDi, Cabify, etc.); las plataformas de alojamiento (ej. Airbnb, BestDay, etc.) o las plataformas para la venta de contenido (ej. Apple Store, Google Play, etc.). Hoy en día no existe mercado que esté fuera del alcance de los sitios web o plataformas digitales, llegando a crear los tan diversos mercados digitales.


Las actividades comerciales que comúnmente realizamos encuentran nuevas formas de llevarse a cabo por medio de plataformas digitales, esto implica que gran parte de los aspectos de nuestra vida diaria suelen estar ligados al mundo digital y el no formar parte de él puede implicar un rezago para los competidores al igual que para los consumidores. Esto se refleja al ver que nueve de cada diez usuarios de un celular cuentan con un teléfono inteligente o Smartphone, lo cual necesariamente nos obliga a asumir que a través de dicho móvil pueden acceder a un sin fin de plataformas digitales o sitios web. Por ello es común que hoy en día cualquier competidor busque sumar a su modelo de negocio tradicional bajo el cual trabaja, un medio digital (ya sea una página web o una plataforma digital) para no quedar rezagado en el mercado y poder acercarse a un número mayor de consumidores.


Sin embargo, estar viviendo cotidianamente en el mundo digital implica considerar riesgos y tomar en cuenta distintas regulaciones con la finalidad de cuidar tanto a los mercados digitales (que también incluyen las pequeñas y medianas empresas que comienzan a competir como las startups) así como a los propios consumidores.


En este sentido, es común que dentro de los mercados digitales los grandes competidores (Amazon, Mercado Libre, Uber, Didi, etc.) impidan que nuevas startups entren a competir con ellos, pues es imposible pensar que un sitio web o plataforma mediana o pequeña tendrá el poder comercial para ganarle a quienes controlan el mercado. A eso habrá que sumar las múltiples barreras a la entrada que existen y que muchas veces son propiciadas por las grandes plataformas, así como el desplazamiento que sufren las startups por los grandes competidores. Lo anterior sin considerar que las grandes empresas suelen adquirir a las startups ya sea para impedir que lleguen a ser grandes plataformas que puedan competir con ellas o bien, para adquirir el know-how específico para adaptarlo a sus propias plataformas; en cualquier caso el resultado implica eliminar a la startup como un posible competidor.


Los escenarios anteriores resultan en múltiples afectaciones dentro y fuera de los mercados digitales. Por un lado, las startups que desean ingresar a un mercado digital encontrarán diversos obstáculos que dificultarán su participación, de tal forma que no podrán entrar a competir al mercado digital o su participación será reducida; en cualquier caso las grandes plataformas serán las que dominen el mercado, afectando el proceso de competencia. Por otro lado, el que existan pocos competidores en un mercado digital (como en cualquier mercado) implica que habrá mayor facilidad para controlar la oferta y la demanda de bienes y servicios lo cual regularmente implica precios más altos que terminan afectando al bolsillo del consumidor.


Para evitar esos escenarios que perjudican la competencia y finalmente a los consumidores, es necesario que la Comisión Federal de Competencia Económica, así como el Instituto Federal de Telecomunicaciones (autoridades encargadas de regular los mercados digitales), encuentren nuevas formas de prevenir las prácticas realizadas por las grandes plataformas que tengan como finalidad desplazar o desaparecer startups y de detectar conductas ilícitas cuyo fin sea elevar los precios de productos o servicios ofrecidos por plataformas digitales.


La tarea de cuidar los mercados digitales para que todos obtengamos de ellos los mejores beneficios cobra mayor relevancia en el contexto social actual, pues como consecuencia de la pandemia, se prevé un incremento del 40% del e-commerce durante el 2020. Esto se debe a que la cuarentena originada por el Covid-19 orilló a múltiples comercios (como restaurantes, tiendas de conveniencia, tiendas de moda, etc.) a optar por continuar con la comercialización de sus bienes y servicios a través de sitios web y/o plataformas digitales. De igual forma el consumidor al cumplir con la cuarentena se ve privado de la posibilidad de acudir de manera presencial a una gran variedad de comercios, por lo que decide buscar nuevas formas para acercarse a ellos, lo cual logra gracias a los distintos sitios web y plataformas digitales existentes.


Ante esta nueva realidad, es inminente la tarea de buscar formas para proteger a las pequeñas y medianas empresas que desean participar dentro de los mercados digitales; lo anterior con la finalidad de que los mercados, los competidores y los consumidores finales podamos beneficiarnos al máximo de las facilidades que nos ofrece el mundo digital.


Rafael Carlos García Sánchez

Egresado de la licenciatura en Derecho, Universidad Nacional Autónoma de México.

Derecho de la Competencia.

rafaelcgarcias@gmail.com, @Rafael_GarSan

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