• Guadalupe Yamin Rocha

Más allá de las explosiones en Beirut

No fue solo una explosión de pirotecnia seguida de una segunda explosión que, se presume, ocurrió en un depósito de armamento del gobierno libanés. No se trata únicamente de investigar quiénes son los implicados, se trata de dilucidar si esto es producto de décadas de corrupción.


No fueron solo dos explosiones, son siglos de enemistad ideológica. No fue sólo la destrucción de una buena parte de Beirut, ciudad que algún día fuera llamada Paris de medio oriente. Es una cultura reiterada de odio a quien piense o actúe distinto. Es una cultura donde aquel que piense distinto es un peligro para mi integridad y para mi estilo de vida. Y esta cultura ha permeado a su gobierno, permitiendo que sus mandatarios guíen los destinos de sus administraciones basados en estrategias que no fomentan la integración ideológica ni el desarrollo de su nación.



No fue una bomba, es un proceso histórico donde las ideologías amparadas en las religiones han determinado que las armas y la violencia son el camino para conseguir tres objetivos. Primero, terminar con los infieles (los del otro bando religioso). Segundo, imponer su fe. Tercero, defender su soberanía nacional y la seguridad de sus ciudadanos.


Por supuesto que estas líneas no son objetivas. No pueden serlo. Mis abuelos paternos fueron libaneses y yo estoy en proceso de recibir mi nacionalidad y, con ello, reconocer de dónde vengo. Para mí es importante, es parte de lo que define mi “identidad”. Pero querer el reconocimiento de la nacionalidad de donde provinieron mis ancestros es un tema personal. No se trata de generar más enemistades. Se trata se seguir predicando con el ejemplo, se trata de seguir celebrando la existencia de la diversidad de pensamiento, de congratularme por la existencia de distintas religiones, se trata de que mis actos, determinados por mi propia identidad, siempre manifiesten el respeto que le tengo al “otro”, al “distinto”.


He caminado las calles de Beirut, asombrada de que puedes encontrar viviendas con las puertas abiertas, sin candados ni cerrojos. Impactada al ver que los niños pueden salir a la calle libremente a cualquier hora del día porque saben que nadie les hará daño. En Líbano puedes tener la seguridad de que nadie robará tu casa, pero vives preparado para que te caiga una bomba encima en cualquier momento.


También me he deleitado con los sabores de la comida libanesa, he visitado la mezquita de Beirut (que está construida al lado de la Catedral) y también he visitado el monasterio de San Charbel. Mi familia es católica, históricamente católica, pero eso no me impide ver que de todas las religiones podemos rescatar grandes enseñanzas.


Defender la diferencia jamás me llevará a justificar la violencia. Las armas y el odio no son el camino.


Entonces, no se trata solo de dos explosiones. Se trata de analizar cómo y por qué se llegó al punto de tener una bodega de armamento militar en el corazón de la capital de Líbano, colocada prácticamente al lado de una bodega de fuegos artificiales.


No se trata de una accidente que llevó a una desgracia. Se trata de analizar la suma de decisiones personales, políticas, ideológicas y religiosas que tienen a Beirut destruido y a Líbano en la bancarrota.


Ayer, al ver los videos de la explosión, estallé en lágrimas. En ese momento no sabía si mi familia y amigos estaban bien, no sabía si estaban vivos, no sabía si sus casas estaban en pie o eran parte de las ruinas. Más tarde lo supe, todos estaban vivos, todos llorando por su ciudad y su país. Pero todos, todos y cada uno de ellos estaban listos para levantarse, para reconstruir su ciudad. Y eso, eso justamente es lo que más admiro de ese mi pueblo, su resiliencia, su capacidad de prosperar.


Así que no fueron solo dos explosiones y no se trata de orar por Líbano. Se trata de cambiar la forma en la que concebimos la otredad, la forma en la que reaccionamos a lo diferente, a lo que no es como nosotros.


No fueron solo dos explosiones, es el reto que como humanidad no hemos logrado: construir una cultura de paz donde quepamos todos.


Posdata


Los ciudadanos libaneses se han organizado para reconstruir Beirut. Algunos preparan comida y la reparten entre quienes se quedaron sin hogar. Otros limpian y ordenen las viviendas afectadas. Otros más remueven escombros y proyectan la rehabilitación de esos espacios. Católicos, musulmanes y judíos trabando codo a codo. Eso nos da esperanza de que el mundo puede ser distinto.


Aquí les dejo información de organizaciones a las que pueden realizar donativos directos. Hayes, primos, hermanos, a todos los que usan un cedro en el cuello, los invito a que devolvamos un poco de lo mucho que nos ha dado el país de nuestros ancestros:


https://helplebanon.carrd.co


Guadalupe Yamin Rocha

Doctora en Estudios para la Paz y el Desarrollo por la Universidad Jaime I de Castellón, España. Ex Consejera Ciudadana de Seguridad Pública del Estado de México y presidenta de la Comisión de Participación Ciudadana del Consejo Coordinador Empresarial del Estado de México (CCE).

@lupitayamin

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