• Germán Gómez Casiano

La Medicina en tiempos de COVID-19

Hace dieciséis días, Delia experimentó un fuerte vértigo que la tumbó sobre un escalón luego de girar bruscamente para asomarse por la ventana. Después de días en los que el padecimiento se agudizó se vio obligada a visitar la consulta de una otorrinolaringóloga en la capital del país, acompañada de una de sus cuñadas, también médica. Su temor a un posible contagio era evidente, pues se rehusaba a ingresar a un espacio cerrado o concurrido y a manipular objetos con las manos. En sus palabras, la COVID-19 “se acercaba cada vez más” a ella y no soportaba el cargo de consciencia en caso de contagiar a algún integrante de su familia, quienes pertenecen por lo menos a algún grupo de riesgo y ella es la única persona que sale de casa debido a su trabajo.


Casos como el de Delia se identifican con los de miles de personas que se ven obligadas a salir de casa para proveer sustento a su familia, pero contrastan con aquellos en los que el trabajo puede realizarse vía remota o a distancia. El llamado “Home Office” se ha convertido súbitamente en una herramienta de primera necesidad que han adoptado muchas empresas con el fin de evitar contagios sin dejar de proveer sus servicios. No obstante, la vida cotidiana se ha transformado en un encierro tan asfixiante que de igual manera ha propiciado consecuencias en la salud: entre los padecimientos más comunes son cambios en el ciclo circadiano, en ciclo sueño-vigilia, lo que provoca, por ejemplo, insomnio o también, cambios en la dieta, falta de ejercicio y sedentarismo que conllevan un aumento o pérdida de peso, estrés, y en ocasiones, ataques de ansiedad.


De no vigilarse, estos padecimientos pueden contribuir lentamente como factores de riesgo para enfermedades complejas como obesidad, hiperglucemia, hipertensión, e hipercolesterolemia que conforman el Síndrome Metabólico, muy común en adultos de mediana edad.


Sin embargo, el trabajo remoto o “Home Office” no es la única herramienta tecnológica acelerada por la pandemia. Otros ejemplos son las compras en línea, los pagos digitales y "contactless", el aprendizaje a distancia, también llamado “distance learning” o “distance education” y la telemedicina; ésta última ha exigido una maduración más rápida a fin de priorizar pacientes y dar seguimiento a distancia en medida de lo posible, y postergar una consulta presencial como último recurso. Pero un obstáculo importante para la telemedicina es la infraestructura de los servicios de salud de cada país. En el caso de México, una consulta a distancia en la medicina pública es prácticamente imposible en comparación con países como Australia, EUA. y Reino Unido, en gran medida debido a que, en las grandes ciudades, los hospitales no se dan abasto y en provincias las condiciones y servicios de salud son precarias o austeras.


La idea de telemedicina o medicina a distancia, al contrario de lo que podría pensarse, no es nueva. Desde 1995 ya se hablaba de ella como un posible beneficio en la reducción de costos durante una visita al hospital. No obstante, el primer estudio formal sobre los beneficios reales de la telemedicina llegó hasta 2010, luego de estudiar a 3000 pacientes en Inglaterra. Dicho reporte no encontró una disminución de costos, pero sí en las admisiones.


Por otro lado, en Irlanda del Norte, un estudio de 400 pacientes no mostró diferencia entre la atención de la salud presencial y a distancia, pero es importante resaltar que ambos estudios emplearon monitores de signos vitales enlazados a “home hubs” o estaciones domésticas inteligentes.


Cuatro años después, en 2014, otro estudio de 300 telepacientes en Australia reportó una considerable disminución de las admisiones hospitalarias, incluso también en niveles de ansiedad, depresión y mejoría en la calidad de vida de los pacientes. Dicho estudio también consideraba el uso de monitores de signos vitales, pero a diferencia de los anteriores, incluía el uso de tecnologías de la información como videoconferencia y mensajería. Los investigadores observaron dos cosas: este enfoque más dedicado al paciente si bien no sustituía al contacto humano, sí brindaba presencia y acompañamiento a pacientes dándoles confort en sus últimos momentos de vida; también vieron que reducía la ocupación hospitalaria.


Pese a los beneficios potenciales de la telemedicina, ésta mejoró lentamente hasta la aparición del SARS-CoV-2. En abril de este año, el gobierno de Canadá realizó fuertes inversiones en los servicios de salud, para prevenir un posible escenario catastrófico en la ocupación hospitalaria al llegar el virus.


En Europa, el desastre llegó durante el primer cuatrimestre del año cuando países como Italia, España y Reino Unido no pudieron sostener la demanda de los servicios de salud y consecuentemente vieron un atemorizante aumento en sus cifras de decesos por COVID-19.


En el caso de México, pese a que no ha habido una sobreocupación hospitalaria general, las condiciones precarias de algunos centros de atención de la salud actúan en contra de pacientes sintomáticos de SARS-CoV-2. Desde un inicio, la estrategia del gobierno de México frente a la pandemia se centró justamente en lograr un pico máximo de contagios no muy pronunciado en la curva descriptiva del avance SARS-CoV-2 a cambio de alargar la duración de su paso por el país. Es decir, reducir la ocupación hospitalaria lo más posible. No mediante telemedicina, sino con el incentivo a la población de acudir al hospital en caso de presentar la manifestación clínica del virus. Sin embargo, ésta es en parte una de las razones por las cuales ha habido una cifra mayor de fallecimientos, pues personas infectadas muestran una dificultad en identificar correctamente los síntomas y acuden al hospital en un estadio avanzado de la enfermedad.


La telemedicina en México no ha sido implementada formalmente, pero cada vez más médicos empiezan a adoptarla para ofrecer consultas a nuevos pacientes o bien, para darles seguimiento durante el confinamiento, como ocurre en casos de padecimientos que no requieren exploración física. Pero en otros, la telemedicina no sustituye una visita hospitalaria.


Es un hecho que la pandemia de COVID-19 ha traído consigo grandes cambios a nivel social y económico y ha expuesto en su mayoría la fragilidad de las políticas adoptadas para hacerle frente. No obstante, tecnologías como la telemedicina han brindado consuelo a pacientes con COVID-19 pues les ha permitido despedirse de sus familias mediante tabletas o teléfonos inteligentes. Se trata de una herramienta que estará cada vez más presente en la Medicina, ya que para futuras tormentas siempre será bueno tener un paraguas en caso de tener que salir a la calle.


Germán Gómez Casiano

MSc. Molecular Genetics & Diagnostics.

German.gomez.casiano@gmail.com

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