• Arturo Cisneros Avilés

El confinamiento y el uso de las TIC’S, una paradoja

En el contexto de la pandemia del SARS-COV-2 gran parte de la población, si no es que la mayoría, ha tenido que transformar sus hábitos cotidianos de forma radical, uno de ellos es el uso de las tecnologías y del implemento de la modalidad digital de muchas actividades que antes se realizaban de manera presencial.


La Organización de las Naciones Unidas (ONU) manifestó que la situación actual es una crisis a la que no nos habíamos enfrentado desde Segunda Guerra Mundial; sin embargo, a fin de que el impacto no sea tan catastrófico, los gobiernos han tomado medidas con las que pretenden garantizar la salud pública, y para ello, las actividades que regularmente hacíamos de manera presencial ahora se resuelven desde los hogares con ayuda de la tecnología.



Sin duda alguna, las continuas innovaciones en infraestructura, medios de transporte, pero principalmente las TIC’s, han generado que las distancias entre los continentes sean más cortas, propiciando con ello la comunicación y la interdependencia entre países de todo el mundo a través de lo que hoy conocemos como la globalización.


Paradójicamente, el principal refugio de la recomendación básica de las autoridades sanitarias “#Quédate en casa” ha sido la tecnología, pues se han expandido todas las formas de teletrabajo y han crecido de manera exponecial todas las ofertas de entretenimiento a distancia. La pandemia ha transformado así radicalmente nuestros hábitos y costumbres cotidianas.


El confinamiento ha provocado una migración “acelerada y urgente” de muchas actividades hacia el mundo digital no sólo para evitar el aburrimiento, sino para atender adecuadamente las actividades laborales, educativas o de cualquier otra índole. Es evidente que la pandemia por coronavirus marcará “un antes y un después” en los usos y las costumbres de los ciudadanos con respecto a las nuevas tecnologías.


Incluso hasta hace algunos meses eran muy pocas las empresas que podían tener una estructura adecuada para instaurar el teletrabajo; prácticamente ninguna compañía estaba preparada para afrontar el escenario que ha provocado el coronavirus. De hecho, algunas de ellas ni siquiera consideraban este modelo de trabajo ventajoso para la productividad, ni se estaban planteando ponerlo en marcha a corto plazo; otras, se limitaban a trazar un difuso planteamiento sobre el papel. No obstante, la Covid-19 rompió cualquier esquema y obligó a implementar de manera forzosa e imprevista el teletrabajo; las familias han comenzado a usar herramientas tecnológicas para hacer reuniones virtuales, incluso hasta las personas mayores, que al no poder salir a la calle, se ha animado a usar plataformas para ver series o hacer videoconferencias con sus familiares.


La tecnología, con el paso del tiempo, ha sido considerada una de las principales herramientas que nos han permitido avances inusitados, tales como eliminar algunas enfermedades, romper las distancias entre países, adquirir productos que vienen desde el otro lado del mundo, en fin. No obstante, así como ha traído beneficios también a través de ésta es posible conocer las grandes diferencias que separan a los diversos grupos sociales desde el ámbito económico hasta el social y cultural.


Sin embargo, ante este panorama es preciso plantear nuevas paradojas, pues una excesiva digitalización también supone riesgos. El confinamiento ha servido para poner a prueba muchas opciones que hasta el momento se planteaban sólo como posibilidades. “Si ahora todos sustituimos algunas actividades por las alternativas que han ayudado a sobrellevar el encierro, podemos dificultar la recuperación de la crisis económica que dejará la pandemia”.


Por ejemplo, el trabajo a distancia podría acelerar la automatización de ciertos puestos de trabajo que no requieran una presencia física o las compras por Internet podrían hacer peligrar a las pequeñas tiendas de barrio que no cuentan con infraestructuras para distribuir sus productos.


El pronóstico nos precipita aún más dentro del mundo virtual: “Si hace cinco meses estábamos digitalizados, ahora lo estaremos mucho más. El mundo ha cambiado por un problema de gran envergadura que aunque termine paliándose transformará muchos hábitos por motivos de seguridad, así que en el futuro un 20% de nuestra vida quizás sea confinada”.


En este país, en donde las desigualdades sociales aún se encuentran muy marcadas, no todas las personas tienen acceso a Internet, a un equipo de cómputo que cuente con las características primordiales para poder realizar el trabajo en casa, por lo que será para muchos el principio de la pérdida de sus fuentes de empleo y, para otros, tener que actualizarse en los nuevos sistemas de tecnología de la era digital.


Algunas reflexiones me llevan a plantear lo siguiente:


1. El confinamiento ha provocado un salto cualitativo en lo digital que, en otras circunstancias, habría tardado uno o dos años en producirse.

2. Lo mejor de la tecnología es su practicidad, te soluciona la vida; lo peor es que te distancia del mundo real.

3. En momentos como esta crisis del coronavirus es cuando se nota si una propuesta tecnológica ofrece valor añadido.

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