• Nazario Pescador Pereda

Hombres, a callar

Aclaración


Soy un hombre mexicano mestizo y opinar sobre el feminismo y el racismo es claramente una paradoja. Sin embargo, estas líneas no van dirigidas a las mujeres ni a las minorías oprimidas, son para nosotros los hombres. Les quiero compartir mis reflexiones sobre los movimientos feminista y Black Lives Matter. También les quiero proponer, hombres, que nos quedemos callados.


Los sucesos


Días antes de que la pandemia por el virus SARS-COV2 azotara el planeta entero, en nuestro país, tras un repunte en los casos de violencia de género, las mujeres se movilizaron para exigir cambios estructurales que les garanticen justicia, seguridad y la libertad que merecen como seres humanos.


En Estados Unidos, justo cuando la sociedad se preparaba para un regreso lento a la normalidad post Covid-19, un policía de Minnesota asesinó a George Floyd. La sociedad indignada invadió las calles exigiendo que se haga justicia en este caso -y en miles más- y que se genere un cambio estructural o de sistema.


Desafortunadamente, ambos gobiernos -y algunos sectores de la sociedad- con ideas misóginas y racistas profundamente arraigadas no reaccionaron adecuadamente.


Como pudieron notarlo, ambas protestas exigen cambios estructurales o de sistema. ¿Por qué no piden que cambiemos las personas? ¿Qué el cambio no está en uno?


¿Qué son la estructura y los sistemas sociales?


Como este no es un texto académico -en ningún sentido- me permitiré hacer una sobre simplificación respecto a lo que son estructuras y sistemas sociales. En la literatura sociológica la estructura suele ser explicada como las columnas de un edificio, el esqueleto de un cuerpo o el patrón fundamental de las relaciones sociales (Thompson, 1988). Anthony Giddens, y otros sociólogos, fueron enriqueciendo la definición al explicar que la estructura también son sistemas de reglas, valores y conductas ubicados en momentos y lugares determinados. Dichas reglas y recursos dentro de la estructura son, a grandes rasgos, los sistemas sociales (Thompson, 1988) que sirven para mantener las relaciones sociales existentes. En resumen, las estructuras sociales son antiguas y duraderas, y se explican y justifican por medio de los sistemas sociales que las componen (Marías, 1955).


La realidad nos da suficientes ejemplos para que lo podamos valorar. Es un hecho innegable que no encontramos la misma cantidad de mujeres ni de personas pertenecientes a minorías en posiciones de poder y toma de decisiones. Esa es la estructura. Por otro lado, las ideas compartidas y transmitidas por los miembros de una sociedad -hombres y mujeres- en las que se afirma que ni las mujeres ni los miembros de minorías pueden realizar las mismas actividades que los hombres (blancos), y que a las mujeres y a las minorías les corresponden otro tipo de actividades. Ese es el sistema social.


Por ejemplo: como sociedad seguimos diciendo que las mujeres no pueden ser buenas líderes porque son “hormonales” y “emocionales”. Como si la testosterona no fuera una hormona que alterara las emociones y comportamiento de los hombres. Repetimos hasta el cansancio comentarios como: “pareces niña”, “vieja el último”, “así no se comporta una dama”, etc. Es decir, el patriarcado es la estructura y el machismo -o misoginia- es el sistema social.


En el caso de las minorías, un afrodescendiente o un indígena son considerados inherentemente malos para manejar dinero, malos padres o personas sin educación. Para eso tenemos también expresiones como: “no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre”, “trabajo como negro para vivir como blanco”, “nunca falta un prietito en el arroz”, etc. Es decir, la esclavitud y la segregación social son la estructura, mientras que el racismo es el sistema social.


Conclusión


Estimados hombres, con las líneas anteriores les quise explicar que las protestas feministas y Black Lives Matter no van dirigidas a nosotros como personas. Las y los activistas sociales quieren hacer cambios estructurales y sistémicos. Lo que quieren es que cambiemos la forma en la que nos relacionamos los unos con los otros para que eventualmente podamos lograr una sociedad más justa y equitativa para todas y todos. No debemos sentirnos agredidos, no nos están atacando como personas.


Tampoco debemos criticar la violencia con la que están protestando en este momento ambos movimientos. Es extremadamente hipócrita de nuestra parte reprochar las formas en las que se están manifestando cuando nunca denunciamos la violencia sistemática y abrumadora a la que hemos sometido a mujeres y minorías. Si nos molesta tanto la violencia, hubiéramos hecho algo antes, pero no, estuvimos callados cuando secuestraban, violaban y asesinaban mujeres. Tampoco hicimos mucho ruido cuando oprimían, arrestaban y asesinaban a las minorías.


Apreciables hombres, ahora no es el momento de hablar y opinar. Tuvimos muchas oportunidades, no aprovechamos ninguna. En este momento, debemos guardar silencio para escuchar los pesares y sentires de quienes sufren por culpa de las estructuras y sistemas sociales. Escuchemos y hagamos caso. Es lo único que podemos hacer.


Nazario Pescador Pereda Maestro en Ciencias Sociales. nazario.pescador@revistapensamientolibre.com

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