• Pedro Padilla

El lastre de la derecha en España

El contexto es en ocasiones más importante que el propio hecho. No en vano, durante la guerra de los Balcanes distintos bandos empleaban la misma fotografía para denunciar las barbaries cometidas por el enemigo. Por lo tanto es necesaria una explicación previa.


Este artículo no se dirige contra una concepción política, liberal o conservadora; su espíritu pretende poner en tela de juicio a determinados partidos político y al contexto que los ampara y alienta. El autor del texto asume y agradece la confrontación de ideas. Las considera como piezas necesarias del juego democrático.



En la Europa de entreguerras, consecuencia inmediata del nacionalismo bélico de la Gran Guerra y posterior a la crisis del 29, se generó un fenómeno que dio auge a dictaduras con marcado carácter nacionalista; Alemania, Italia, Portugal, Hungría y Grecia, entre otras.


España es una más, pero a diferencia de las anteriores, la dictadura de Francisco Franco se mantuvo hasta que el General falleció en 1975. El círculo vicioso en las décadas del franquismo se retroalimentó con un importante apoyo social y económico, además del respaldo internacional motivado por su anticomunismo; eso propició que fuese la más duradera de todas las dictaduras europeas.


Cuando fallece el único dictador no depuesto, una vez más reluce el contexto, la situación política europea no invitaba a una simple renovación de líderes, sino que se imponía una trasformación a los nuevos tiempos. Una dictadura en la Europa de las democracias hubiese sido un anacronismo difícil de digerir.


El aparato político, judicial y económico español inició entonces el necesario proceso de camuflaje, no de adaptación. Instituciones que se fueron a la cama como franquistas, despertaron al día siguiente erigidas en el adalid de la democracia.


Quizá el caso más paradigmático resulte el del Tribunal de Orden Público, cuya misión durante la dictadura fue la represión de lo que se consideraba como delitos políticos, pero para 1977 se suprime al mismo tiempo que se instaura la polémica, Audiencia Nacional, órgano judicial competente para materias de especial importancia, como delitos contra la Corona, terrorismo o narcotráfico.


Para profundizar en este aspecto es recomendable la lectura de, El país de la desmemoria, autoría de Juan Miguel Baquero Zurita y editado por Roca.


Poco ha cambiado el panorama político español en los últimos 40 años. En clara paráfrasis a Baquero Zurita, lo que se denominó como “franquismo sociológico” logró resistir al interior de las instituciones, pero sobre todo mantiene intacto su apoyo social; pero se podría decir que recientemente ha sufrido a causa de la ola migratoria, la crisis económica y el proceso de secesión en Cataluña, aunque esto último constituye un repunte para su orgullo, pues de alguna y otra manera siempre ha estado presente.


En el espectro derechista español conviven 3 partidos; el Partido Popular, de marcado sesgo católico y en cuyo seno integró desde corrientes centristas a franquistas, dado que se fundó por exministros afines a Franco; durante las últimas décadas fue la voz exclusiva de la derecha en el Congreso de los Diputados, es decir, la Cámara Baja en el sistema Legislativo español.


Del Partido Popular se desprendió VOX, un sector que se escindió en plena crisis económica pues se oponía a la política antiterrorista de quienes asumieron primero el poder. VOX abreva de las corrientes ultranacionalistas que recorren Europa en los últimos años, como el Frente Nacional de Marine Le Pen, la Liga Norte de Matteo Salvini o Unión Cívica Húngara de Viktor Orbán. Como ellos, defiende una política nacionalista y antimigratoria pero no rechaza su herencia franquista, pues se postula como antifeminista y anticomunista.


El tercer partido es Ciudadanos, que nace en 2006. Pese a que sus fundadores provienen de familias vinculadas al franquismo, se autoproclama como un partido de ideología socialdemócrata. Ante los numerosos casos de corrupción que han lastrado al Partido Popular en los últimos años, y en contramedida al auge de un partido de izquierdas; Ciudadanos se ha posicionado como un partido neoliberal y nacionalista.


No existe en el país una derecha que se catalogue como consecuente con los tiempos actuales, una derecha liberada de la herencia franquista. La falta de oposición de Ciudadanos al matrimonio gay o al aborto, no resultan suficientes para adquirir esta condición.


La sombra del franquismo se mantiene presente en la política española. El miedo a salirse de los trazos que marcan sus seguidores, así como los poderes fácticos que los alientan, marcan las pulsaciones de la política nacional. Partido Popular, VOX y Ciudadanos tienen más similitudes que matices en sus diferencias ideológicas.


El proceso de secesión en Cataluña ha supuesto el auge del nacionalismo español, del que los tres partidos tratan de allegarse para su beneficio; como hermanos que se reparten los trozos de un pastel. En España tiene lugar un fenómeno particular con los símbolos patrios, ya que fueron empleados durante la época franquista y hoy en día una buena parte de la población no se identifica con ellos ni se siente representada. Este distanciamiento fue aprovechado y subrepticiamente alentado por los partidos de derecha. A modo de ejemplo, en España es impensable ver la imagen que se apreció en Alemania, cuando tras una victoria electoral, Angela Merkel reprendió a un miembro de su partido por una actitud de este calibre.



En 2018, transcurridos más de 40 años del fallecimiento del dictador, el Partido Popular y Ciudadanos negaron apoyar una condena contra Francisco Franco promovida desde el Senado, la Cámara Alta en España. Siempre encuentran un matiz, por minúsculo que resulte, en el que sostienen su negativa, al mismo tiempo rechazan y boicotean a otros partidos nacionalistas por sus argumentos cargados de populismo; sirva el ejemplo de Bildu. EH Bildu es heredero de las reclamaciones políticas de la banda terrorista ETA, sin embargo, en sus estatutos constitutivos destaca explícitamente la condena al terrorismo, una situación que no se produce en ninguno de los partidos de derecha, ni el Partido Popular, ni Ciudadanos; muchos menos en VOX. Pese a ello, la derecha española y sus medios afines, identifican a Bildu con los diversos partidos que fueron el brazo político de ETA, en una insistente campaña por mantener constante la llama del odio y sus réditos políticos.


Respecto a los medios de comunicación con poder para crear opinión, existe un consenso en lo que se refiere a la postura política. No existe en prensa escrita un medio que se posicione en su línea editorial con posturas de izquierda. Los medios televisivos, sobre todo a raíz del procès en Cataluña, se desenmascararon como lo que son: marionetas de las grandes corporaciones que controlan sus consejos de administración.


Del mismo modo que nos quejamos de la telebasura que inunda la televisión, pero que se mantiene gracias al respaldo de nuestras audiencias; en la política suele producirse un fenómeno similar: existe una extendida repulsa popular hacia la clase política, cuando no es más que fiel reflejo de cómo respira la sociedad. La extrema derecha saca músculo porque existe un sector de la población que apoya sus tesis. Quizá la peor enfermedad de Europa es la xenofobia.


En España es un fenómeno reciente. En las últimas décadas dejó de ser un país con un porcentaje importante de emigración, para recibir migrantes de África, China, Europa del Este y Latinoamérica. Una situación favorecedora para la economía del país, tal como avala un estudio de La Caixa de 2011, pero que ha generado un rechazo en la población, sobre todo, en aquellas regiones donde la presencia inmigrante adquiere un mayor peso, y que los discursos políticos no hacen más que potenciar al hacer buena la máxima de que con la crispación aumentan los votos hacia la derecha. Esta situación se convierte en un círculo vicioso: para evitar el riesgo de perder el voto hacia VOX, del importante sector de la población que actualmente hace suyo el mensaje más xenófobo, el Partido Popular y Ciudadanos radicalizan sus posturas.


Por último, me gustaría concluir con un mensaje positivo, con un poco de esperanza. Recuerdo que tras la Restauración de Fernando VII, conocido como el Rey felón; el pueblo, hambriento y descompuesto tras la guerra de Independencia con los franceses; gritaba, “vivan las caenas”.


Pedro Padilla

Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla, España.

pedro.padilla.autor@gmail.com

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