• Germán Gómez Casiano

El brote del movimiento antivacunas

El 23 de enero de 2015 el Centro de Control de Enfermedades (CDC) de California determinó que el brote de sarampión que llegó a Norteamérica y registró 125 casos en Estados Unidos, uno en México y 10 en Canadá, fue provocado por una persona no identificada que estuvo en ese estado para visitar Disneylandia, cuando llegó estaba enferma y no había sido vacunada. El análisis genético reveló que el virus era el mismo que había originado brotes en otros seis estados de la Unión Americana y en al menos 14 países más, medio año antes. Afortunadamente ese brote no fue de los más grandes registrados en este país en los últimos años, pero fue el más mediático, expuso lo que los expertos advirtieron por años: el sarampión y enfermedades como poliomielitis, tuberculosis, viruela, malaria, tosferina o difteria; podrían ver su regreso debido principalmente a la falta de vacunación en la población. No es casualidad que a pesar de haber sido declarado como erradicado en Estados Unidos en el año 2000, el sarampión haya reaparecido en varias ocasiones, cada vez con más frecuencia.

Sin embargo, los expertos también atribuyen esta regresión a la globalización, que no sólo ha eliminado barreras en la comunicación y el transporte, sino que ha trasladado enfermedades a lugares nuevos. En su libro Spillover, David Quammen, también señala la invasión del hombre en la naturaleza, pues al cambiar el ecosistema estimula la evolución y adaptación de patógenos para infectar nuevamente en un ambiente ahora predominado por humanos, como ocurrió con el AH1N1 en México en 2009 y el Ébola en Sierra Leona en 2014. Además, Quammen explica que las enfermedades aparecen cada que el bicho descubre una nueva forma de infectar y esparcirse por una población que por años desconoció su presencia. Caso parecido es el de las bacterias resistentes a antibióticos, que al aprovechar su uso indebido se convirtieron en una amenaza seria, que se estima, será una de las principales causas de muerte a nivel mundial en los años siguientes.


Cabe señalar que el rechazo a las vacunas tiene argumentos teológicos, religiosos, escépticos, y a menudo, obstáculos legales para inmunizar a determinados sectores, lo que ha permitido cierto margen de supervivencia del movimiento antivacunas. Por ejemplo, con la introducción de las primeras vacunas, algunos teólogos creían que ayudaban a evadir el castigo divino hacia la humanidad por sus pecados. En el caso de argumentos religiosos, comunidades hindúes, protestantes, musulmanas y judías, rechazan algunas vacunas por el uso de células de tejido fetal en la producción de la vacuna triple viral (MMR, por sus siglas en inglés), sin considerar el componente porcino que incluye para su almacenamiento. Los llamados obstáculos legales yacen principalmente en el debate que plantea si el Estado debe obligar a la vacunación de todos, en violación a la autonomía de los padres para la crianza de sus hijos. No obstante, las razones escépticas han cobrado más fuerza en años recientes por temor a los posibles efectos adversos en la salud, debido a la supuesta composición tóxica de las vacunas. Estos grupos se caracterizan por criticar la administración obligatoria de múltiples vacunas que incluyen los programas nacionales de salud. Irónicamente este rechazo se ha vuelto más difícil de erradicar que las enfermedades que minimiza, y existe una razón.


El 28 de febrero de 1998, el médico e investigador, Andrew Wakefield, publicó un texto en la revista británica The Lancet, en el que describió la conexión entre la vacuna MMR y el autismo en doce niños. El artículo fue escandaloso y rápidamente adoptado por antivacunas. Por su parte, los científicos no tardaron en descalificar el estudio de Wakefield por inconsistencias en su metodología, resultados claramente falsificados y conclusiones tergiversadas. La bomba explotaría hasta 2004, cuando se destaparon conflictos de interés y alteraciones de evidencia en la investigación de Wakefield. Seis años después perdió su licencia para ejercer y The Lancet retractó el artículo en su totalidad, incluso lo calificó como un fraude elaborado. No obstante, estas medidas no repararon el daño que había causado, pues aparecieron cada vez más brotes de grupos antivacunas en diferentes partes del mundo, principalmente en Estados Unidos y Europa. La negativa de los padres en vacunar a sus hijos desplomó las tasas de vacunación hasta niveles mínimos históricos. Para 2004, la tasa de vacunación en Reino Unido era tan baja que la incidencia de sarampión incrementó 800 por ciento; ese año se registraron 449 casos. Entre 2008 y 2013, Francia reportó 22 mil casos confirmados y desde entonces en Estados Unidos se han registrados múltiples brotes cada vez más frecuentes con cifras variables. En este año, hasta el 29 de enero, Washington reporta un nuevo brote de 41 casos confirmados de sarampión.


Este declive en la vacunación pone en peligro un fenómeno que los epidemiólogos llaman inmunidad colectiva, en el que la fracción de individuos vacunados de una población actúa como barrera contra la posible infección de otra porción menor de individuos no vacunados. Esto explica porque las comunidades que no se vacunaban, religiosas y antivacunas, no se infectaban o bien, se mantenían como casos aislados, dada la inmunidad de la mayoría de la población. Pero ahora que el porcentaje de inmunidad de la población ha decaído, el sarampión ha logrado penetrar en varias poblaciones. En México el panorama no pinta bien, pues recién se descubrió un desabasto de la vacuna MMR durante todo 2018, ello provocó que simplemente no se aplicara. Tras esto se cree que el porcentaje de protección en nuestro país es apenas de 81.9 por ciento, lo que se traduce en poco más de 24.5 millones de mexicanos no vacunados, sólo es cuestión de tiempo para que surjan los primeros brotes.


La desinformación ha tenido un papel clave en el movimiento antivacunas, pues desde que el público puede acceder a información médica en internet, es muy complicado distinguir cuál es real y cuál es falsa. Al aprovechar ello; los antivacunas sesgan información, censuran los argumentos que los evidencian y reviran a sus críticos con teorías conspirativas que desafían la razón. La situación se vuelve más molesta cuando estas ideas son expuestas por celebridades y personas públicas, quienes usan la fama para generar controversia, como el caso de los flat-earthers. Los antivacunas se justifican con las posturas de Rob Schneider, Jim Carrey, Mayim Bialik e incluso Donald Trump para respaldar su movimiento. Y aunque es un hecho que los casos confirmados de autismo han incrementado considerablemente en años recientes, esto se debe en gran medida a la mejoría en las técnicas de diagnóstico, no a la aplicación de la vacuna MMR.


La ilusión del conocimiento es frecuente en estos grupos, quienes incluso creen saber lo mismo que los médicos en cuanto a las causas del autismo. Este comportamiento se dejó entrever a mediados de enero de este año, cuando en la revista Nature Human Behaviour, se publicaron los resultados de un estudio que analizaba la relación entre el grado de oposición, conocimiento objetivo; así como el grado de percepción del conocimiento sobre transgénicos, terapia génica y cambio climático; con participantes de Estados Unidos y Europa. Los autores demostraron que los opositores más férreos a estos temas son en realidad quienes menos saben, pero creen saber más. Estoy convencido que esta actitud y la desinformación, fortalecen el movimiento antivacunas, ya que no parece acabar pronto. Puedo asegurar que se escucharán más casos de sarampión en las semanas siguientes.


Más vale frenar este movimiento sin sentido, pues las generaciones que lo alimentan, sin saber, reviven titanes que nunca han visto.


Fuentes consultadas


Arteta, I. (2019). "El gobierno de Peña Nieto dejó de vacunar contra el sarampión en 2018; se investiga el desabasto”. Animal Político. [online].


V. Demicheli, A. Rivetti, M. Devalini, C. Di Pietrantonj, “Vaccines for measles, mumps and rubella in children” 2012. Cochrane DatabaseSystRev 5;(2):CD004407


J. Domercant, F. Guillaume, B. Marston, D. Lowrance, “Update on Progress in Selected Public Health Programs After the 2010 Earthquake and Cholera Epidemic — Haiti, 2014”. 2015. MMWR 64(6):137-160.


P. Fernbach, N. Light, S. Scott, Y. Inbar, P. Rozin, (2019). Extreme opponents of genetically modified foods know the least but think they know the most. Nature human behaviour.


A. Hussain, S. Ali, M. Ahmed, S Hussain, “The Anti-vaccination Movement: A Regression in Modern Medicine”. 2018. Cureus 10(7): e2919. DOI 10.7759/cureus.2919


T Sathyanarayana, C. Andrade, (2011). “The MMR vaccine and autism: Sensartion, refutation, retraction and fraud”. Indian J Psychiatry53(2).

Germán Gómez Casiano

MSC. Molecular Genetics&Diagnostics.

german.gomez.casiano@gmail.com



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