• Susana Victoria Uribe

Musas del siglo XXI. El papel de los museos en la actualidad

¿Para qué sirven los museos?, la pregunta resulta seria si tomamos en cuenta que hoy en día, gracias a los avances de la tecnología, podemos tener experiencias estéticas a través de reproducciones de alta calidad, recorridos virtuales y un torrente de información catalogada, desde opinión hasta artículos de revistas reconocidas internacionalmente.


¿Para qué “gastar” parte del presupuesto que podría ser utilizado en temas de alimentación o salud, si en realidad la gente no visita este tipo de recintos?, seguramente la respuesta generará polémica entre dos visiones diferentes de entender la gestión cultural como proyecto de nación.


Hace unos días en una radiodifusora francesa se reunieron en mesa de debate varios especialistas, incluidos autoridades del Museo de Louvre, para discutir el tema. Las primeras respuestas resultaron un tanto provenientes de un diario de viajes decimonónico donde se hablaba de memoria, de aventuras, de reencuentros y de historias. Otro de los argumentos positivos sobre el hecho de visitar museos, estuvo encaminado a programas con gran vigencia y efecto positivo en la salud mental de los visitantes. Así entre ambos argumentos, el radioescucha fue testigo de una declaratoria honesta de lo que pasa cuando se visita un museo: la posibilidad de conocer al otro, y de hecho, a sí mismo.


Los museos tienen gran vigencia en nuestra sociedad, y por supuesto los presupuestos destinados a ellos, un gran sentido social. Lo importante es reconocerlo más allá de los cortes de listón, las fotografías en las revistas de sociedad o las egotecas, o listas de créditos, donde los curadores y museógrafos se visten de un halo que parece separarlos del mundo exterior.


Comencemos por el argumento romántico de la memoria. Los orígenes de los museos son las colecciones de tiempos ancestrales, de hecho, se sabe que el hombre de la prehistoria coleccionaba objetos raros e incluso heces fecales. Ello genera un sentido de pertenencia y también una historia implícita. Evidentemente esta acción de coleccionar evolucionó hasta encontrar, hoy en día, complejos sistemas de catalogación y valuación de obras de arte, que en otros países ya forman parte de la estructura económica, pero que continúan en el hilo fino de contar una historia y preservar la memoria. Los museos son el espacio donde esa memoria adquiere sentido; desde el curador de hace cinco siglos cuya función era cuidar las piezas, como lo es hoy de coordinar su estudio y presentación ante el mundo. Se narran historias, tiempos, momentos que pertenecieron a una persona, una comunidad y un pueblo. ¿Qué sucedería si no tuviéramos memoria?, sin duda, los procesos cognitivos del ser humano no serían los mismos.


Los museos también son albaceas, sí, del patrimonio cultural de una comunidad, por más pequeña o grandilocuente que esta signifique. Un espacio donde se puede, o se debería, tener la tranquilidad de que el patrimonio cultural se encuentra resguardado. Ello significa que no esté empolvado ni que nadie sepa lo que representa. Aquí cobran un sentido especial los servicios educativos de los museos, pues son los intérpretes y mediadores del patrimonio para lograr que se mantenga vivo, actualizado y vigente dentro de la sociedad que lo heredará a generaciones posteriores.

Y sí, los museos son motores económicos. Francia no sería el país más visitado si no estuviera el Louvre; pero tampoco la propuesta turística de Holanda sería la misma si en su aeropuerto, quizás el más transitado de Europa, pareciera una pequeña sede de sus museos nacionales. Asimismo, los negocios que se benefician con la presencia de un museo, es decir, transportes, restaurantes, cafeterías, tiendas y librerías, no contarían con la misma afluencia sin esos grandes monstruos como el Prado, el Hermitage o el British Museum. Y en una textura más fina; los museos de menor dimensión, si son exitosos, benefician al pequeño negocio de al lado que vende alimentos.


Hay otras ventajas en las que podría versar el artículo, como la neuroestética, los programas de reinserción social de migrantes y reconstrucción de relatos; se trata de reconocer al museo como una institución versátil, con legitimidad social y que ha logrado subsistir en pleno siglo XXI; pero, además, con necesidades propias, discursos en evolución y retos existentes. De hecho, un primer paso en nuestro país será dejar discusiones anquilosadas en la gloriosa época dorada de la museografía mexicana de mediados del siglo XX, y comenzar a desarrollar recursos, materiales, textos y soluciones para un México con altos índices de violencia, una gran desigualdad social, un severo problema de racismo, sueldos bajos y un sistema educativo que no termina por definirse, además de altos niveles de consumo de información, no siempre validada. Y seguramente cada país deberá, o ya reflexiona, en torno a las exigencias que su comunidad demanda para los museos.


Mi tercera pregunta de esta breve participación ¿Tienen futuro los museos?, sí, aún cuando el presupuesto sea bajo y las guerras o los egos terminen por acabar con el patrimonio cultural. Porque el ser humano siempre buscará recordar, u olvidar algún recuerdo, aunque termine por inventar la manera para crear sus propias explicaciones. Eso hace que los museos sigan vigentes, la interrogante platea si su vigencia es un soplo, una brisa o un concierto de la propia humanidad.


Susana Victoria Uribe

Licenciada en Comunicación por la Universidad Autónoma del Estado de México y maestra en Historia por la Universidad Iberoamericana. Museóloga y gestora cultural y coordinadora de Museografia y Desarrollo cultural del Centro Cultural Toluca.

203 vistas

Revista Pensamiento Libre "Por la libre comunicación de las ideas" ®