• Vicente Camacho Téllez

Corrupción: Apuntes desde las Neurociencias

En su origen etimológico (del latín corrumpere), corromper significa dañar, alterar o pervertir; por tanto un acto de corrupción elimina los valores creativos en una ética legítima, auténtica, del uno, del otro, del ambiente y de la sociedad (Palma et al., 2014); en otras palabras, la corrupción se contrapone a la moral si entendemos esta como el conjunto de normas y valores que guían la conducta y cuyo desarrollo más avanzado permite y mejora la vida en sociedad (Álvaro-González, 2014).


El tema de la corrupción ha sido ampliamente abordado desde la perspectiva social, pero en realidad poco se difunde acerca de este asunto y el conocimiento científico del sistema nervioso como rector de la conducta.


El método científico como vía de aproximación al entendimiento de la realidad, requiere que esta sea modelada y disecada para poder estudiar hechos concretos, lo que provoca que explicar desde una sola perspectiva sucesos muy complejos como el de la corrupción sea prácticamente imposible. Sin embargo, existen datos valiosos en relación a la anatomía y función del sistema nervioso y su vínculo con conductas consideradas corruptas.


El estudio de la función cerebral a través de la resonancia magnética funcional permite conocer qué regiones anatómicas participan en tareas específicas. Así por ejemplo, se sabe que la corteza prefrontal ventromedial (localizada en el lóbulo frontal) se encuentra involucrada en el procesamiento emocional de los estímulos en la toma de decisiones (Álvaro-González, 2014). Por tanto, esta región cerebral estará activa en todo sujeto que se encuentre en una situación en la que deba elegir involucrarse en un acto de corrupción o no hacerlo.


Se sabe que lesiones en esta región del cerebro provocan que las respuestas ante los estímulos, o en este caso en particular las decisiones, carezcan de fondo moral y altruista y sean planas emocionalmente (Álvaro-González, 2014).


Otra región del cerebro, también localizada en el lóbulo frontal, denominada corteza del cíngulo, está involucrada como mediador en el conflicto emocional-racional en la toma de decisiones (Álvaro-González, 2014). Por ello, es esta región la que entra en juego cuando alguien evalúa ser partícipe de una acción corrupta en la que obtendrá ventaja, pero reconoce que no es la mejor forma de hacerlo.


El estudio de una región cerebral específica y su función no es la única forma de abordar el tema de la corrupción y la participación del sistema nervioso. También se han realizado investigaciones que tienen que ver con los neurotransmisores, que son sustancias químicas encargadas de la transmisión de señales desde una neurona hasta otra a través de la sinapsis (unión entre dos neuronas), en otras palabras, son sustancias que facilitan el paso de la información dentro del cerebro.


Por ejemplo, se sabe que la cantidad de transportadores del neurotransmisor serotonina está involucrada con la tolerancia a la injusticia, con la honestidad y la sinceridad; particularmente en el área denominada núcleo dorsal del rafé que es el sitio de mayor concentración de este neurotransmisor. A mayor transmisión de serotonina, existirá un comportamiento más hábil y oportunista, el cual es típicamente observado en personas corruptas (Palma et al., 2014).


Estos son solo algunos ejemplos de la implicación anatómica y funcional del cerebro en actos de corrupción, de ninguna manera debe entenderse como una cuestión determinista, es decir, no toda persona con una lesión y/o disfunción de la corteza prefrontal ventromedial o de la corteza del cíngulo, será corrupta, ni todos los corruptos tendrán alteraciones en dichas regiones. Y lo mismo aplica para lo señalado de la serotonina.


Por tanto, sirvan estas líneas solamente para poner un elemento más en el análisis del complejo y multifactorial fenómeno de la corrupción y no para reducirlo únicamente a la función de tal o cual región cerebral o de tal o cual neurotransmisor.


O dicho de otra forma, la próxima vez que usted, estimado lector, se encuentre en las noticias o en cualquier otro escenario algún hecho de corrupción, además de pensar en la región del mundo en la que ocurre, la filiación política de los actores involucrados o los intereses económicos a los que responden, también considere cómo funcionan en esos sujetos, los elementos cerebrales aquí tratados.

Referencias


1. Álvaro-González, L.C. 2014. “Neuroética (I): circuitos morales en el cerebro normal. Rev Neurol. 58 (5): 225-233.


2. Palma, G., Sánches, H., Tovar, EN. y Zapata, LA. 2014. “La corrupción ¿Un proceso adaptativo? Un enfoque neuropsiquiátrico”. Educación y Salud Boletín Científico de Ciencias de la Salud del ICSA. Vol. 3, Núm. 5.

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