• Vicente Camacho Téllez

Internet y Cerebro: De la Adaptación a la Adicción

En la historia de la humanidad muy pocas veces, -por no afirmar que nunca- se han contemplado las implicaciones y consecuencias de un descubrimiento o de un invento. Sin haber sido testigo de ello, podría señalar, sin temor a equivocarme, que en 1969 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos no tenía idea de que la creación de internet, provocaría en los años siguientes un cambio radical en la forma de concebir la comunicación, el entretenimiento y la transferencia de información.



Pero aún más relevante resultaría que no se considerara la creación de internet como un elemento capaz de generar cambios estructurales y funcionales en el cerebro de quien lo usa, por tanto también en la conducta.


Es un hecho que las personas tienen la posibilidad de adaptarse al medio en el que se desenvuelven, y para ello, el sistema nervioso es un elemento clave. Por ejemplo, a principios del siglo pasado, a pocos sorprendía ver a un niño de escasos 6 años de edad montar a caballo; era una forma común de transportarse y desde temprana edad se desarrollaba la habilidad necesaria para ello. Resulta que hoy es mucho más fácil tener al alcance de la mano un dispositivo con internet, que un caballo, por ello, es natural que exista una rápida adaptación del sistema nervioso que permita el uso de computadoras, teléfonos inteligentes, tabletas, consolas de videojuegos, etcétera.


Millones de personas alrededor del mundo, especialmente adolescentes y jóvenes, se han dejado seducir por las nuevas tecnologías e internet, y las han incorporado a su vida cotidiana. Por ejemplo, recientes estudios de mercado indican que los teléfonos inteligentes tienen una penetración del 44.6% en 47 países, y se espera que esta cifra aumente. Estos dispositivos se han convertido en una “necesidad” para la vida de las personas, es lo último que ven antes de dormir y lo primero que revisan al despertar.


Del uso de internet y dispositivos electrónicos pueden resultar cuestiones muy benéficas para el sistema nervioso, por ejemplo, el uso controlado y supervisado de redes sociales muestra beneficios en pacientes con trauma cerebral que reciben rehabilitación, quienes desarrollan mejores estrategias compensatorias en comparación con aquellos pacientes que son rehabilitados tradicionalmente. El uso de internet demanda el funcionamiento de un mayor número de regiones cerebrales, aumenta la memoria de trabajo, produce mayor capacidad de aprendizaje perceptual y permite hacer frente a varios estímulos de manera simultánea.

Sin embargo, estas características de inmediatez y ejecución de varias tareas al mismo tiempo, no siempre son positivas; hay estudios que demuestran que los usuarios de dispositivos electrónicos con internet, se distraen con mayor facilidad y tienen menor control de las habilidades ejecutivas, elemento importante de las funciones mentales.


Además, la aparición de diferentes aplicaciones está ligada al desarrollo de conductas adictivas, lo que dio origen al concepto Conducta Adictiva a Internet, para el cual no hay un consenso entre los expertos de salud mental. Una de las formas de la Conducta Adictiva a Internet, es la que tiene que ver específicamente con el uso de juegos on-line, descrita en el apéndice del DSM-V, uno de los principales manuales para el diagnóstico de trastornos mentales; contempla la pérdida de control en el uso persistente y recurrente de internet para involucrarse en juegos, frecuentemente con otros jugadores, lo que provoca dificultades psicológicas, sociales y laborales.


Estudios practicados a personas que padecen el trastorno asociado a los juegos on-line, demostraron alteraciones en la capacidad para el control cognitivo; en otras palabras, al someterse a pruebas que evalúan su capacidad de inhibición, muestraron un desempeño menor al esperado.


Pero lo más sorprendente es que estos cambios no sólo son conductuales, es decir, no se limitan al puntaje obtenido en cierta evaluación, también se observan en estructuras cerebrales que guardan relación directa con la conducta medida por la prueba. Por ejemplo, la corteza orbitofrontal lateral izquierda, la corteza de la ínsula y la corteza entorrinal muestran un grosor menor en jugadores que en sujetos control.


De los hallazgos descritos en el párrafo anterior, resulta de sumo interés saber que la función principal de la corteza orbitofrontal es el procesamiento y regulación de emociones y estados afectivos, así como la regulación y el control de la conducta, además ha sido asociada a conductas adictivas a sustancias, por lo que se plantea que el mecanismo neurobiológico que subyace a la Conducta Adictiva a Internet, es compartido para otras adicciones.


En resumen, hasta el momento existe evidencia científica de las bondades y de los peligros del uso del internet. Es difícil establecer -como en muchos ámbitos de la vida-, el límite entre lo benéfico y lo perjudicial. Se necesita mayor investigación para poder saber cuál es el punto óptimo del uso de dispositivos con internet, pero por lo pronto, que nadie dude que el cerebro experimenta cambios, que van desde la adaptación hasta la adicción.

Referencias


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