• Vicente Camacho Téllez

La Ciencia como Escenario de la Mentira: El Fraude Científico


La ciencia, como cualquier actividad humana, ha sido construida, a través de la historia, a partir de aciertos y desatinos y, por ende, ha sido matizada con una amplia gama de características inherentes a cualquier producto humano, en situaciones que van de lo sublime a lo ridículo, con escala en lo estético, útil, funcional, progresista, pero también, ¿por qué no decirlo?, ha sido terreno para el engaño, el fraude y la mentira.


El presente artículo intenta echar un vistazo de manera breve a la forma en que la ciencia ha sido victimizada por algunos, quienes la han convertido en escenario de actos de corrupción. Así pues, se abordará una revisión sucinta del fraude científico, qué es, en qué consiste, cómo se regula y qué herramientas se han diseñado para evitarlo.

Hasta la fecha, existe en las sociedades de todo el mundo, la imagen idealizada del científico; aquella que tiene que ver con que estos individuos otorgan su vida entera a la búsqueda de la verdad y construcción del conocimiento, incluso en detrimento de otras áreas de su existencia que no forman parte de la laboral. Aunado a ello, por la naturaleza de su labor, se asume que solamente dicen la verdad –ya que la ciencia se basa en premisas demostrables– en su discurso no hay cabida para las mentiras.

Sin embargo, tal descripción corresponde a una idealización, ya que en la práctica intervienen muchos otros factores —además del interés por la descripción y el entendimiento de los fenómenos en la naturaleza— para la producción de artículos científicos. Tal como lo señalan Schulz y Katime (2003), aunque la mística de la ciencia predica que no se debe mentir, ocasionalmente los factores humanos son difíciles de conciliar y pueden sobrepasar la resistencia de una persona generando una mentira.

En otras palabras, un científico como cualquier otra persona, responde a emociones, pasiones, intereses, presiones y conflictos a partir de los cuales se puede explicar —mas nunca justificar— una posible conducta fraudulenta. En este sentido, existen factores como la búsqueda de reconocimiento, la competencia globalizada, la presión por los resultados y la visión de la ciencia como empresa que pueden conducir a la presentación de malas prácticas (López-Cózar, Salinas y López, 2007).

Entonces, las publicaciones científicas se convierten en la mejor carta de presentación del científico y de ellas obtiene una serie de recompensas; la principal es la propia satisfacción de admirar la realización de un trabajo concluido, tal como lo hace un artista ante su obra (Hernández-Chavarría y Verne, 2007).

Revisemos ahora cuáles son algunas de las malas prácticas y qué es el fraude científico. Este último consiste en la fabricación, falsificación o plagio al proponer, realizar o revisar una investigación, o al hacer públicos resultados de la misma (http:// www.oig.nsf.gov/resmisreg.pdf).

Dentro de la fabricación o invención de los datos, se encuentran situaciones como inventar experimentos, ocultar datos negativos, describir métodos falsos y manipular imágenes.

En lo concerniente al plagio, nos referimos a la publicación de ideas de otros como propias, a la copia total o parcial de datos, a la utilización de imágenes de otros sin darles el crédito correspondiente.

Respecto a la alteración de resultados y conclusiones, existen cuestiones como la distorsión de datos para interpretarlos a conveniencia, sesgar la selección de pruebas estadísticas y omitir citas contrarias a la posición del autor.

Finalmente, respecto a la autoría se señala lo siguiente: publicación de los mismos datos en diferentes revistas, autores fantasmas u honorarios (personas cuyo trabajo no aporta conocimiento y no cumple los criterios para ser considerados como autores) y exclusión de personas que deberían aparecer como coautores.

Existen varias estrategias para disuadir a los investigadores y científicos de incurrir en estas prácticas fraudulentas. Una de ellas consiste en hacer del dominio de la comunidad científica los mecanismos adecuados para la denuncia de un fraude.

Cualquier institución donde se lleva a cabo investigación, debe contar con reglamentos que describan paso a paso el camino a seguir ante una situación de fraude. Además de dichos procedimientos internos, los órganos reguladores de la investigación en cada país deben instituir entidades dedicadas a la recepción de las denuncias en caso de que el procedimiento interno no haya sido resuelto.

Otra estrategia tiene que ver con la declaración de la no existencia de conflictos de intereses por parte de los científicos. Estas situaciones tienen lugar frecuentemente en la investigación farmacéutica. En esos casos, los investigadores deben aclarar en sus publicaciones los intereses a los cuales responden.

Por otro lado, los datos de cualquier investigación deben estar disponibles para cualquier miembro de la comunidad científica que los solicite, durante al menos cinco años posteriores a su publicación para facilitar la replicación de los experimentos.

Las líneas precedentes plantean un panorama general del fraude científico y algunas de las presiones en las que se ven inmiscuidos sus actores, sin embargo, no debemos olvidar que el quehacer científico es arduo pero gratificante y debe ser ejercido por aquellos que tienen vocación para ello, ya que implica una actitud interna de creatividad, honestidad y humildad (Schulz y Katime, 2003).

La alternativa óptima para evitar el fraude consiste en reivindicar los principios éticos desde la formación básica y educar en la honestidad, pues su ausencia va en detrimento de cualquier acción humana, incluida la ciencia.

Fuentes consultadas

Hernández-Chavarría, F., y Verne, J. (2007). “Fraude en la autoría de artículos científicos”. Rev Biomed, 18, 127-140. López-Cózar, E., Salinas, D., y López, Á. (2007). “El fraude en la ciencia: reflexiones a partir del caso Hwang”. El Profesional de la Información, 16(2), 143-150. National Science Foundation (2013). “Normativa acerca del fraude científico” [En línea]. Disponible en http://www.oig.nsf.gov/resmisreg. pdf. Schulz, P. C., y Katime, I. (2003). “Los fraudes científicos”. Revista Iberoamericana de Polímeros, 4 (2), 1-89.

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