• José A-Ramos Clemente y Pinto

Cristianismo Católico II: Una Apróximación a las Creencias

A fin de cuentas, las opiniones de la iglesia católica son de obediencia para los católicos y ningún católico en una sociedad moderna pretenderá imponerlas a los que no comparten su fe. A modo de introducción. occidente critica sus raíces.



Si hablamos de energía atómica habrá quien piense en los éxitos obtenidos en el tratamiento oncológico y habrá quien piense en la bomba atómica. Incluso habrá quienes piensen en la energía eléctrica generada en centrales nucleares porque contaminan la atmósfera mucho menos que las de los combustibles fósiles, mientras otros harán ver los grandes riesgos de una fuga radiactiva. En definitiva, lo que planteo es que cada uno suele ver lo que quiere ver, el pensamiento es libre. Pero que sea libre no quiere decir que sea equitativo, ponderado ni medianamente informado. La libertad de pensamiento debe desarrollarse tras manejar la mejor información posible. Igualmente, cuando hablamos del catolicismo, solemos hacer un batiburrillo de ideas cristianas, sean o no católicas, que es como si mezcláramos al integrismo islámico con el islamismo sufí, pese a las grandes diferencias.

Precisamente, el respeto que se promueve en las universidades occidentales hacia el islam, para evitar islamofobias generalizadas, es lo que me movió a reclamar el mismo respeto (como mínimo) para los que hablan del cristianismo con una poco disimulada cristianofobia. Puede parecer que soy exagerado pero daré un simple dato: 80% de los muertos de forma violenta, por causa directamente religiosa y por personas de otra religión o sin religión, que se dan actualmente en el mundo, son cristianos. Todos oímos hablar de islamofobia, pero 80% de los muertos son cristianos. Tal vez (y sólo quizá) debamos ser un poco más cuidadosos en la crítica.

Opiniones y dogma

Quizá la primera cuestión que hay que aclarar es que la iglesia católica divide claramente sus creencias en dos grupos: los dogmas, que deben ser aceptados por todo el que se quiera considerar católico y que se recogen en el Credo, y las opiniones. En esta segunda parte nos enfocaremos en ellas.

Opiniones

Estas opiniones se deben respetar por un católico pero se pueden debatir y se pueden cambiar. Pondré un ejemplo. En la iglesia católica el celibato del clero fue imponiéndose poco a poco, aunque nunca se ha impuesto totalmente. Me explico. Al principio, los sacerdotes se casaban. En una segunda fase, los casados (con o sin hijos) podían ser sacerdotes, pero debían ser célibes desde que eran ordenados y sólo en el concilio de Letrán, en 1123 (casi al final de la época de las cruzadas), se impuso el celibato para todo el clero católico “de rito romano”. El entrecomillado es necesario porque había otros rituales católicos (de obediencia al Papa de Roma) a los que nunca se les ha impuesto el celibato. Me refiero a los católicos de las iglesias orientales (de oriente próximo, cuna del cristianismo, precisamente). La única restricción es que se casen antes de ordenarse y no después y precisamente para evitar que lo hagan desde una posición de influencia pastoral. Por tanto, el celibato del clero es una cuestión que aunque parece que no va a cambiar de momento, podría hacerlo en un futuro. Seguramente si el debate se hace desde dentro, con afecto y con cuidado, el cambio podría ser antes que si se hace por presiones exteriores con burlas y ofensas. Puro sentido común.

Creo que la cuestión del clero es muy ilustrativa de la división entre dogmas y opiniones. A fin de cuentas, las opiniones de la iglesia católica son de obediencia para los católicos y ningún católico en una sociedad moderna pretenderá imponerlas a los que no comparten su fe. Otra cosa bien distinta es que el católico no debe lobotomizarse y dejar de pensar y expresarse libremente. Tiene el mismo derecho que cualquier otro ciudadano a intentar influir en el debate político de su país y a intentar convencer a una mayoría de ciudadanos para hacer leyes en una determinada línea política. Criticar a un político católico por tener ideas católicas es tan absurdo como criticar a un político comunista por tener ideas comunistas. Lo criticable es la imposición de las ideas de forma no democrática. Si lo hacen convenciendo no debe ser visto como un problema, si lo hacen antidemocráticamente, sí. Pero precisamente el político católico debe ser consciente cuando legisla de que, aunque puede imponer un espíritu a una ley, debe dejar márgenes para los que no ven la vida como él.

Pisaré otro charco (valga la expresión) y lo ejemplificaré con el tema del aborto. Para un católico, la vida es un don de Dios, sólo Dios la da y sólo a Dios le está permitido quitarla. De aquí se deriva la oposición a la violencia, a las guerras, al aborto y a la eutanasia (independientemente de que en ocasiones los católicos traicionen sus propios principios). Un católico piensa así, pero un católico también sabe que no puede imponer esa visión a los no católicos. ¿Qué salidas hay? Teóricamente la respuesta es sencilla. El espíritu de la ley debe dejar claro que la vida del feto debe defenderse, que es portador de derechos y que la madre no es propietaria de la vida de otro (aunque sea su hijo no nacido como tampoco lo será una vez nacido). La ley debe facilitar alternativas a las madres que duden sobre esta cuestión y animarlas a no abortar, pero llegado el caso, evitando que el aborto se convierta en un negocio privado y lucrativo, debe permitir algunos supuestos legales para abortar, para que la mujer que realmente lo esté viviendo como un drama por tener una fe o una cultura distinta no se vea castigada judicialmente y pueda realizarlo atendida por servicios públicos. Eso no quita para que desde el Estado (en el supuesto de tener un respaldo mayoritario de una ideología católica) se hagan campañas a favor de la vida, tal como podría hacerlas otro Estado a favor del aborto si otra mayoría social así lo respaldase. Es un simple juego de influencias, de argumentar y convencer, nunca de imponer.

Entraré ahora en otra cuestión espinosa: la homosexualidad. Pocos conocen realmente la opinión oficial de la iglesia católica y creen que es cosa que depende de un papa más simpático u otro más antiguo. Nada que ver. La postura es la misma y así consta en el Catecismo de la iglesia católica. Se puede resumir en tres ideas: amar al homosexual con todo cariño, aceptar la homosexualidad como algo natural en muchos casos y detestar el acto sexual homosexual. Entiendo la crítica a este último punto. Lo único que quiero dejar claro, al entrar en este asunto, es que eso es lo que no acepta la iglesia en alguien que quiera seguir siendo católico. Pongamos un ejemplo: un católico nacido con una naturaleza homosexual que la viva como célibe (sin práctica de acto sexual) es plenamente admitido a la comunión y, en caso de ser dicha persona rechazada por algunos por ser homosexual, debe ser defendido por cualquiera que se considere católico. Por supuesto que entiendo lo duro que es para alguien que esté enamorado de otra persona de su mismo sexo tener que vivir esa especie de castración. Lo único que intento decir es que es falso cuando se afirma que la iglesia desprecia a los homosexuales o cuando se afirma que considera antinatural la homosexualidad en cualquier caso. Lo que también pretendo dejar claro es que, incluso aquí, no hay un dogma de fe definido y la cuestión podría debatirse.

Por último, brevemente una cuestión económica, la iglesia es tan enemiga del consumismo capitalista explotador como del comunismo antihumanista. La idea del bien común debe estar siempre equilibrada con la de libertad individual. Nunca una debe anular a la otra. No hay que extrañarse por tanto de que ambos sean a su vez los tradicionales enemigos de la iglesia. La iglesia propone un sistema económico basado en valores humanos y en el desapego de los bienes materiales. A veces, incluso, se hacen propuestas sistémicas como la del distributismo. Por supuesto que aprueba la propiedad privada de los medios de producción, base del capitalismo, pero se opone a la explotación de los trabajadores y a un sistema basado en la necesidad de consumir y consumir que lleva al hombre a ser infeliz si no entra en los niveles de consumo de su entorno. Por supuesto que es aceptable enriquecerse lícitamente, pero también pide, en tal caso, que se aporte a la sociedad en proporción a lo que esa persona consigue de ella.

Quien lo desee puede ampliar la información en la otra obra básica para entender el catolicismo, junto al Catecismo: la Doctrina Social de la Iglesia. Suele editarse un “Compendio” con un resumen (unas 300 páginas) de las ideas fundamentales en ecología y medio ambiente, trabajo y economía, promoción de la paz y derechos humanos, familia, etcétera. Recuérdese también la aclaración que hice en el artículo anterior sobre el tema de la caridad. En el próximo y último texto abordaré los dogmas de la iglesia católica

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