• Edgar Núñez

Entonces, ¿Hay Más Homosexuales?


La homosexualidad en humanos tiene una prevalencia de 6.2- 10.7% en hombres y 2.1-3.6% en mujeres sin importar la raza, nivel sociocultural o económico (Bailey y Zuk, 2009).

Ya en la sobremesa, las personas comenzaron a platicar de diversos temas. El grupo de comensales lo dividí de manera generacional en tres grupos: jóvenes, adultos jóvenes y adultos mayores. No voy a indicar las edades, solo voy a mencionar que yo estaba en el primer grupo. Por alguna razón acabaron platicando de la homosexualidad, las generaciones de adultos se unieron en una sola opinión: cada vez hay más homosexuales. Ante esta aseveración quise saber las razones y solo dejé que así como en los juegos de mesa, la ignorancia fuera avanzando.


Fue ahí en donde decidí intervenir y preguntar datos objetivos. ¿Cuántos homosexuales había “antes” y cuántos hay ahora? ¿Qué factores podrían existir para que ahora haya más? ¿En realidad hay más o la apertura social ha hecho que estemos más conscientes de ello? Las respuestas de los adultos estaba protegida por la seguridad que otorga la ignorancia. Afortunadamente hay una cura para ella y esta es el conocimiento. Así que en unos cuantos párrafos daré las herramientas para que la ignorancia deje de ser la ganadora en los juegos de mesa y en el juego de la vida.


La homosexualidad en humanos tiene una prevalencia de 6.2-10.7% en hombres y 2.1-3.6% en mujeres sin importar la raza, nivel sociocultural o económico (Bailey y Zuk, 2009). Esto significa que en cualquier parte del mundo en promedio 8 de cada 100 hombres son homosexuales (Rice, Friberg y Gavrilets, 2012 ). Dicha prevalencia no se ha modificado en los últimos 80 años, lo único que ha cambiado es que la primera experiencia sexual con una persona del mismo sexo es a menor edad (Turner, Danella y Rogers, 1995).


Dicha prevalencia parecería alta desde un punto de visto evolutivo, ya que estaríamos perdiendo 10% de oportunidad como especie para procrear y aumentar nuestra población. Cuestión que es evidentemente errónea, ya que incluso si ahora hubiera más homosexuales que hace 100 años, la población mundial ha crecido exponencialmente. Ahora, al comparar la prevalencia de homosexuales en animales, estamos de hecho en uno de los porcentajes más bajos. Por ejemplo, 8% de los leones montan a otro macho, los Anas platyrhynchos, cierta especie de patos, tienen un porcentaje de hasta 19% de comportamiento homosexual, mientras que en elefantes en cautiverio se demostró una tasa del 45% (Bagemihl, 1999). Ejemplos en el reino animal sobran y obedecen a diferentes factores como la necesidad de satisfacción sexual, el marcaje de territorio e incluso juegos sexuales previos a la copulación con una hembra.


Las razones que tienen los animales distan mucho de ser las mismas que las del ser humano, pero no podemos dejarnos llevar solo por el aspecto sociológico, también está el aspecto genético. Ha habido un gran esfuerzo por parte de los investigadores para comprobar genéticamente el comportamiento homosexual. Durante varios años (al ser lo único comprobado) se creyó que la homosexualidad era resultado de una insensibilidad a los andrógenos durante la etapa fetal, y aunque esto es cierto, hay muchos homosexuales que no tienen los genes para dicha insensibilidad y ciertos heterosexuales que sí la tienen.


Las investigaciones continuaron y en las últimas dos décadas se ha demostrado que existen grupos de genes involucrados en la diferenciación de sexo que contienen microarreglos, es decir, cambios aparentemente insignificantes en la estructura del ADN que al ser leídos como genes, acaban teniendo diferentes efectos. Estos microarreglos genéticos participan en varios fenómenos sexuales como la selección maternal, el cuidado de los hijos por parte del padre, la elección de pareja y por supuesto la homosexualidad. Es importante puntualizar que los microarreglos no son mutaciones y que dichos cambios no están involucrados en la evolución como especie. Estos genes “microarreglados” no se transmiten de forma convencional y su expresión no es mendeliana (Rice, Friberg y Gavrilets, 2012). A pesar de que esto es un descubrimiento relativamente joven, sabemos que estos genes nos han acompañado durante muchos siglos y no solo aparecieron hace 100 años cuando los homosexuales decidieron salir al mundo.


¿Y qué hay de hace más de 100 años? Sabemos que los griegos, por ejemplo, practicaban la homosexualidad de una forma bastante abierta, lamentablemente no contamos con pruebas genéticas o con datos estadísticos tan precisos como los ya mencionados. De tal forma que desde un punto de vista histórico no podemos analizar números de una forma seria, sino únicamente comportamientos.


Entonces, cuando alguien dice que con el término del imperio greco-romano desaparecieron las aversiones sexuales, no quiere decir que se terminó el comportamiento homosexual, solo fue duramente reprimido durante la Edad Media, y estoy seguro de que muchos homosexuales prefirieron fingir que ser quemados en la hoguera. Una vez que la Edad Media pasó de moda, como todo, llegó el Renacimiento y de ahí la Revolución Industrial. Durante estas épocas, la iglesia aún tenía un papel importante en la sociedad, no solo era el mediador de Dios con los hombres sino que seguía siendo la institución que regulaba gran parte del comportamiento social y, como la homosexualidad era considerada pecado, qué mejor que utilizar la culpa para reprimir una tendencia no deseada.


En las últimas cuatro o cinco décadas la gente no necesariamente dejó la iglesia a un lado para volverse atea y homosexual, quizá la forma de entender la religión ha cambiado. Y no solo eso, lo más importante es que después de que las generaciones actuales hemos visto los efectos de guerras provocadas por estar en contra de la raza o ideología de otro ser humano, la tolerancia hacia algo diferente ha aumentado considerablemente.


Aún estamos lejos de ser una sociedad del todo tolerante, quizá nunca lleguemos a serlo, pero hemos aprendido a aceptar que a alguien no le guste lo mismo que a uno, que el comportamiento de otro vaya en contra de lo que nos enseñaron o incluso a tolerar a las personas con las que se tiene una conversación en donde demuestran que la ignorancia les lleva gran ventaja.


Fuentes consultadas

Bagemihl, Bruce (1999). Biological exuberance: Animal homosexuality and natural diversity. St. Martin’s Press. Bailey, N. W. y Zuk M. (2009). “Same-sex sexual behavior and evolution”. Trends in Ecology and Evolution, 24, 439-446. Rice, William R.; Friberg, Urban; y Gavrilets, Sergey (2012, diciembre). “Homosexuality as a consequence of epigenetically canalized sexual development”. Quarterly Review of Biology. Turner, C. F.; Danella, R. D.; y Rogers, S. M. (1995, may-jun). “Sexual behavior in the United States 1930-1990: trends and methodological problems”. Sex Transm Dis, 22 (3), 173-90.

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