• Maricarmen Jiménez Colín, maricar.jim27@gmail.com,

Consumo Patológico: Compra Impulsiva y Compulsiva

Actualmente nos encontramos con una gran variedad de factores a la hora de escoger los productos que se ofertan hoy en día, como por ejemplo la marca, el precio, la calidad y la conveniencia de un producto, además de que las posibilidades de adquirir bienes y servicios desde los más recónditos sectores del mundo, gracias a los adelantos en comunicación y transporte, se han facilitado enormemente. Es así que como consumidores nos vemos inmersos en una sociedad donde el materialismo predomina, de modo que las personas son valoradas por lo que poseen o pueden llegar a poseer.



El psicólogo estadounidense Tim Kasser explica que ser materialista es tener valores que ponen relativamente en alta prioridad el contar con muchas posesiones y hacer mucho dinero, así como también una buena imagen social y popular, que se expresan a través de dichas posesiones. Del mismo modo, comenta cómo han influido los medios de comunicación, demostrando que cuanto más televisión ve la gente, más materialistas son sus valores, probablemente porque muchos programas de TV y anuncios publicitarios envían mensajes que sugieren que para ser felices hay que ser ricos, tener cosas bonitas y populares.

Un estudio reciente de este investigador, rastreó cómo el materialismo ha cambiado en los estudiantes de secundaria de Estados Unidos en unas cuantas décadas y cómo se conectan esos cambios con los gastos de publicidad nacional, encontrándose que cuanto más se gastaba en publicidad, más materialistas eran los jóvenes del último año de secundaria (Twenge & Kasser, 2013).

De esta manera podemos ver que el materialismo y el consumismo están relacionados entre sí, sin embargo habrá que diferenciar entre el consumo impulsivo o también llamado compra no planificada y el consumo compulsivo.

El concepto de compra no planificada se basa en la relación de las compras realizadas por el consumidor en función de una lista de compra previa o la idea prefijada de comprar una serie de productos; la diferencia de productos que se pensaban comprar con los que realmente se han comprado se considera como “compra por impulso”. La compra impulsiva se define entonces, como un deseo espontáneo de comprar un producto en una situación afectiva donde interactúa el producto, con el significado que le da el individuo, estableciendo una relación hedónica (como las de gratificación o compensación), de estimulación (necesidad de sensaciones, activación y novedad) o puramente simbólica (que le servirá de medio para comunicarse e integrarse a su medio social).

Existen algunas líneas de investigación que consideran el aspecto patológico de la compra impulsiva, sosteniendo que la compra compulsiva es un extremo de esta última y que ambas manifestaciones forman parte de un mismo continuo comportamental, sin embargo no se dispone de una delimitación precisa entre la compra impulsiva y la compra compulsiva, llegando al consenso de que esta última se relaciona más con el acto de la adquisición del producto, que con éste mismo.

La compra compulsiva o patológica podría definirse entonces, como aquella compra desproporcionada donde el sujeto atribuye a los objetos unos significados simbólicos y emocionales que van más allá de los meros objetos de consumo, siendo por lo tanto una compra que genera un placer o alivio momentáneo, por lo que el sujeto siente la necesidad de tener que volver al escenario de la compra. (Luna, 2000).

Los elementos compensatorios de este tipo de compra serían predominantes por la satisfacción de necesidades físicas, adquiriendo funciones como expresión del sentido de identidad personal, regulación de emociones o un ascenso en el estatus social; algunos autores la consideran como una forma de evadir, enfrentar o compensar situaciones insatisfactorias, ya sea relacionadas con sí mismos, con su entorno familiar y/o social. La psicóloga Helga Dittmar comenta que la compra compulsiva esta fuertemente asociada a un sistema de valores materialistas que guiarán a los individuos a utilizar la compra como estrategia para conseguir metas vitales, tales como la felicidad o satisfacción sobre la vida, asignándole un significado simbólico a ese acto, sin que esto sea acompañado por un mayor bienestar personal.

Cabe destacar que una de las diferencias visibles entre los compradores impulsivos y los compulsivos, que sostiene Luna (2000) consiste en que mientras los primeros reaccionan ante estímulos comerciales, sin controlar sus impulsos, los segundos no pueden desligarse de lo que la compra significa, aún cuando hayan abandonado los escenarios que los vinculan a ésta.

El consumo patológico poco a poco ha sido objeto de estudio, sin embargo quedan aún muchos vacíos por explorarse. Sin embargo, importantes avances se han hecho últimamente, como el hecho de pasar de la comprensión externa y conductual de la compra, hacia la comprensión simbólica y de sentido de esta misma, además de la multicausalidad y complejidad del proceso de compra patológica.

En una sociedad en la que se da un mayor énfasis al consumo, nos enfrentamos a un desafío importante al tratar de asumir que la compra es un medio para satisfacer necesidades, no una alternativa que permitirá impulsar el desarrollo personal de los individuos.


Referencias


- Luna, R. (2000). Diferencias entre la compra por impulso y la compra patológica. Ponencia presentada en el 1º Seminario Nacional sobre adicción a las compras, Valencia, España.

- Twenge, J. M., & Kasser, T. (2013). Generational Changes in Materialism and Work Centrality, 1976-2007 Associations With Temporal Changes in Societal Insecurity and Materialistic Role Modeling. Personality and Social Psychology Bulletin, 39(7), 883-897.

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