• Oscar Sosa Hernández ossosahdez@gmail.com

Panorama del Sobrepeso y la Obesidad en México ¿Qué es lo que Hacemos?



En los últimos años hemos sido testigos, y hasta cierto punto víctimas y victimarios, de múltiples cambios constantes, continuos e imparables en nuestros hábitos higiénico dietéticos, hemos aumentado en el consumo de productos procesados y con alto contenido calórico. Esto ha multiplicado los casos de sobrepeso y obesidad, tanto que nuestro país ostenta el primer lugar en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad en adultos, sólo superado en este caso por los Estados Unidos.


La principal causa de sobrepeso y obesidad es el desequilibrio energético entre el aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos (ricos en grasas, sal y azúcares; y deficientes en vitaminas minerales y otros micronutrimentos), y la disminución de la actividad física debido a una condición cada vez más sedentaria, a los nuevos modos de desplazamiento y a la creciente urbanización. Todas estas características son consecuencia de diferentes cambios tanto ambientales como sociales. A largo plazo, la obesidad favorece la aparición de enfermedades como diabetes, hipertensión arterial, altos niveles de colesterol o insuficiencia renal, entre otros padecimientos.


El sobrepeso y la obesidad se definen como la acumulación anormal o excesiva de grasa perjudicial para la salud. Para distinguir cada uno de estos padecimientos se utiliza el índice de masa corporal (IMC), que es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla, que se utiliza frecuentemente en adultos. Si el IMC es igual o superior a 25 se determina sobrepeso, si es igual o mayor a 30 se determina obesidad.


De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), más del 70% de la población adulta de México padece sobrepeso, una proporción mayor que en cualquier país de la OCDE.


México tiene distintos patrones sociales en hombres y mujeres. Los hombres con bajos niveles educativos son menos propensos a ser obesos, comparados con aquellos más educados. Por otro lado, las mujeres con nivel educativo menor son más propensas a ser obesas, comparadas con aquellas con un mayor nivel educativo, esto se observa en mujeres de zonas urbanas, no quienes viven en zonas rurales.


De acuerdo a la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT 2012), uno de cada tres adolescentes de entre 12 y 19 años presenta sobrepeso u obesidad, en el grupo de edad escolar, la prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad se incrementó un promedio del 26% para ambos sexos, lo cual representa más de 4.1 millones de estudiantes que conviven con este padecimiento.


Sin embargo, es importante mencionar que México es un país de contraste, y este tema no es la excepción, ya que la desnutrición afecta de un modo significativo a la región sur, aunque se extiende en conjunto con la obesidad a lo largo de todo el territorio nacional; queda de manifiesto la necesidad de aumentar los esfuerzos en la promoción de una dieta saludable y equilibrada en los diferentes grupos de edad, con prioridad en niñas, niños y adolescentes.


Una verdadera lucha contra el sobrepeso y la obesidad, implica un abordaje multidisciplinario, desde una estrategia de prevención asociada con campañas de promoción de la salud, regulación gubernamental y seguimiento de los pacientes obesos por su médico tratante; lo cual, en términos de costos, incrementaría el gasto, pues el recurso destinado a personas obesas es al menos 25% más alto que para una persona con peso normal.


Con este panorama, la pregunta obligada es: ¿Cuánto cuesta prevenir el sobrepeso y la obesidad? La mayoría de los programas preventivos costarían poco menos de 3.5 billones de pesos, y si existiera un seguimiento de asesoría personal por los médicos de cabecera, incrementaría hasta 19 billones de pesos.


Y, ¿Cuánto cuesta entrar en el ciclo de consumo de productos calóricos? Aproximadamente una cuarta parte del gasto de los hogares mexicanos está destinada a la compra de bebidas refrescantes, éstos se encuentran entre los cinco alimentos más consumidos en todos los grupos de población. La industria nacional de refrescos representa el 10.5% del Producto Interno Bruto (PIB), en el rubro de los alimentos, bebidas y tabacos, y el 0.6% nacional.


La regulación en el consumo de bebidas azucaradas, se ha convertido en un reto para la salud pública mexicana, en los últimos años se desarrollaron estrategias que lograron cierto impacto, pero todavía queda bastante camino por recorrer. La primera de las estrategias implementadas, es el impuesto a los refrescos o bebidas azucaradas, sin embargo, las compañías han buscado diferentes formas para contrarrestar esta medida.


Una de las propuestas del Gobierno Federal y de la Secretaría de Salud, fue la creación de la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes (ENPCSOD), que tiene como objetivo mejorar los niveles de bienestar de la población y contribuir a la sustentabilidad del desarrollo nacional a través de la desaceleración del incremento del sobrepeso y la obesidad en la población mexicana.


Este tema tiene muchas aristas, por ejemplo, la publicidad de los productos chatarra tiene muchos más adeptos que los servicios de salud con “el plato del buen comer”, o con “chécate, mídete y muévete”, a pesar de que ésta es una de las campañas más costosas implementadas por la Secretaría de Salud. Mucho se ha criticado la creación de la ENPCSOD y del Observatorio Mexicano de las Enfermedades No Transmisibles (OMENT), pues luego de un año de su puesta en práctica se realizaron comparativos sobre la prevalencia de estos padecimientos en la población afectada, y no se observaron cambios significativos. Es lógico que sólo con un año de trabajo no se modificará el panorama, y mucho menos sin otros apoyos, como mejores iniciativas y políticas públicas en salud, enfocadas en regular el consumo de productos con azúcares añadidos.


Cada uno de nosotros podemos promover el cambio; atender nuestro estado físico, proponernos, como meta tangible, mejorar nuestra calidad de vida y alimentación para mejorar nuestra salud. Lamentablemente la sociedad y nuestros roles dentro de ella, nos orillan a consumir productos alimenticios de preparación rápida por falta de tiempo, pero sin duda, es necesario invertir ese tiempo, porque de lo contrario, en el futuro no tendremos una vida saludable.


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