• Laura V. Cuaya

Lo Etéreo en Nuestros Recuerdos



“Somos nuestros recuerdos” Esta frase siempre me ha parecido muy cierta. ¿Qué puede determinar más quiénes somos que nuestros recuerdos? No parece osado sugerir que nuestra identidad está basada en nuestros recuerdos. Un caso extremo lo representan los pacientes con amnesia anterográda (una incapacidad para formar nuevos recuerdos) quienes para mantener una identidad y en un intento de llevar una continuidad en su vida suelen escribir diarios que leen cada día al despertar para saber “quiénes son”. Tampoco resulta díficil imaginar que si tuviéramos recuerdos diferentes nuestra identidad cambiaría. Afortunadamente, guardamos celosamente nuestros recuerdos, ¿o no?


Ya quedó atrás la imagen de nuestros recuerdos como algo estático. Cada vez que activamos un recuerdo (al recordarlo) éste se desestabiliza y posteriormente se reestabiliza (Sara, 2000). Esto significa que potencialmente al recordar podríamos cambiar nuestro recuerdo. A este proceso se le conoce como reconsoldidación, el re se debe a que ese recuerdo ya se consolidó una vez (cuando lo almacenamos por primera vez). Nuestras memorias podrían ser vulnerables durante una breve ventana de tiempo, después de la cual vuelven a estabilizarse. Este fenómeno no es un fallo de nuestra memoria, de hecho se han propuesto dos funciones para la reconsolidación. Por una parte, la reconsolidación nos permitiría hacer más fuerte a una memoria; esto podría explicar en parte porque la información a la que no hemos accedido es más díficil de recordar. Por otra parte, permitiría actualizar los recuerdos para adaptarlos a las nuevas circustancias; esta función es congruente con los resultados del equipo de investigación de María Pedreira quien encontró que la incongruencia entre lo que se espera y lo que sucede es el detonador para desestabilizar un recuerdo.


Vayamos un poco más lejos, ¿es posible tener recuerdos falsos? Sí, una memoria falsa se define como un recuerdo que nunca sucedió (Brainerd & Reyna, 2005). Las memorias falsas suceden cuando se induce a las personas a imaginar los detalles de una historia, esto provoca que recuerden los detalles como reales. ¿Nunca te ha pasado que te preguntan sobre una historia que al inicio no recuerdas pero después de hablar de la historia la recuerdas? Entre más detalles imagines, más probable es que creas que realmente sucedió. Se pueden generar falsos recuerdos de algo tan personal como eventos de la infancia. En un experimento clásico del equipo de Elizabeth Loftus, los investigadores recolectaron historias verídicas de la infancia de los participantes y agregaron una historia falsa: un día al visitar un centro comercial con su familia se extraviaron hasta que una amable anciana los ayudó a encontrar a su familia. Al final del experimento alrededor del 25% de los participantes reportaron recordar detalles adicionales de la historia falsa, por ejemplo la apariencia de la amable anciana. Otros grupos de investigación han reportado que el 50% de sus participantes recuerdan memorias falsas al presentarles fotos modificadas de la memoria falsa. Este tipo de resultados ha generado preguntas éticas. En experimentos se ha mostrado que las memorias falsas pueden interferir en la conducta posterior, aunque no se sabe por cuánto tiempo. Por ejemplo, si el recuerdo falso es haberse intoxicado con fresas, después las personas tienden a preferir no comer fresas. ¿Sería ético generar memorias falsas que provoquen cambios en el comportamiento?


Ahora vayamos mucho más lejos, casi a la ciencia ficción. Las investigaciones de Steve Ramírez y Xu Liu mostraron que es posible evocar memorias y crear falsas memorias en ratones a la velocidad de la luz (Ramirez & Liu, 2013). Steve Rodriguez y sus colegas crearon una memoria de miedo en ratones, marcaron a las neuronas involucradas en esa memoria y las hicieron sensibles a la luz. Después, en un lugar donde los ratones exploraban (cuando los ratones sienten miedo permanecen inmóviles) activaron las neuronas con luz, ¡y los ratones mostraron miedo! En otro experimento lograron crear un falso recuerdo. Primero marcaron las neuronas relacionadas al recuerdo de un lugar y las hicieron sensibles a la luz, después activaron esas neuronas en un lugar diferente y simultáneamente aplicaron un leve choque eléctrico para generar un recuerdo de miedo. Cuando los ratones regresaron al primer lugar, ¡mostraron miedo! Porque tenían la falsa memoria de haber experimentado ahí un choque eléctrico... Simplemente sorprendente.


Terminaré con algo mucho más cotidiano, nuestras emociones. Un experimento demostró que cuando nos sentimos felices tendemos a recordar más memorias positivas que neutrales o negativas, mientras que cuando estamos tristes recordamos más memorias negativas que neutrales o positivas. Así que lo que recordamos no es azaroso, depende en parte de nuestro estado de ánimo. A pesar de la evidencia de lo étero que pueden ser nuestros recuerdos, la memoria nos permite mantener una identidad que nos recuerda quiénes somos.


“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.” Jorge Luis Borges.

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