• Alejandro Montes de Oca Acevedo

El Mundial de las Enseñanzas


Se estima que el costo del mundial fue de 11 mil millones de dólares. Pero por concepto de turismo sólo se ingresó un aproximado de 3 mil millones de dólares.

Al momento de escribir estas líneas tenemos ya al campeón del mundo, la selección de Alemania, un conjunto de jugadores que a lo largo del campeonato nos demostraron que la magia y la fuerza pueden fundirse en un binomio deportivo que dio como único resultado el triunfo.


Muchas fueron las expectativas de este certamen deportivo. En primer plano se encontraban las referentes al ámbito del futbol, donde el gran favorito era el equipo local, una selección que ha sido valuada según los expertos en casi 380 millones de euros, cifra exorbitante que testificaba la magnitud del equipo carioca. Por otro lado, estaba la expectativa sobre los estadios y la infraestructura que el país anfitrión había dispuesto para la justa mundialista. En este sentido, la presidenta Rousseff afirmó que sería la mejor copa mundial de futbol de la historia, intención que no se cumplió.


Este mundial ha sido, desde su inicio, el más polémico. Pareciera una sutil paradoja hablar del país con más canchas de futbol en el mundo, que manufactura jugadores de exportación al por mayor, donde el deporte de las patadas más que una pasión es casi una religión que se engarza directamente en la forma de vida de los brasileños y donde, con estas características sociales, el mundo esperaba un panorama alentador para el desarrollo del mundial, pero al pasar los meses la fotografía nos revelaba todo lo contrario.


Protestas, corrupción, opacidad, deficiencia en la construcción de la infraestructura, descontento social y un largo etcétera es lo que acompañó permanentemente la logística y organización del campeonato del mundo. Hay que recordar que éste fue gestionado en tiempo de Luiz Ignacio Lula Da Silva, quien en su afán de mostrar al mundo al gigante en crecimiento comprometió una importante cantidad de recursos públicos que dejaría en manos de la siguiente administración.

Así llegó Dilma Rousseff, con la herencia de realizar un gran evento y con la promesa de hacer campeona a una nación. Lamentablemente para ella, ninguna de estas metas pudo cumplirse y es justo en este punto donde vienen las enseñanzas que me gustaría compartir con ustedes, lectores.


En primer lugar, la esfera económica. Por más que un país emergente se proyecte como una nación de primer mundo, la realidad es que las condiciones sociales son muy distintas. Si conocemos el costo del evento, comprenderemos también las protestas y el descontento de los brasileños.


Se estima que el costo del mundial fue de 11 mil millones de dólares. Pero por concepto de turismo sólo se ingresó un aproximado de 3 mil millones de dólares. Adicionalmente, la inflación creció en 0.5 en el PIB, pues todos los productos y servicios se encarecieron tanto para turistas como para la población. Por ello, diversos analistas coinciden en que el mundial no fue un negocio rentable para el país organizador.


Con respecto a la esfera deportiva, este mundial rompió varias reglas. La primera, América para los americanos. La segunda, que las selecciones aparentemente modestas también pueden escribir su nombre en la historia. Y tercero, que las selecciones más caras y campeonas del mundo también son susceptibles de fracasos monumentales. Por estas tres reglas rotas el mundial fue distinto, fue sublime y agradable, pues la competencia deportiva estuvo por delante de la pose y la marca, por llamarlo de alguna manera.


Finalmente, la última reflexión que dejo en estas líneas es la de la esfera humana. Mucho se ha dicho sobre el reprobable racismo que se vive en los estadios de todo el mundo, o también del problema que para muchos jugadores representa el hacer pública su homosexualidad, pues son expuestos a juicios severos y absurdos.


Vaya lección que nos dio el portero alemán Manuel Neuer, aquel personaje sólido, imponente físicamente y contundente deportivamente, quien se llevará el premio al mejor arquero del mundial, cuando exhortó a los jugadores homosexuales a no tener miedo de hacer pública su preferencia sexual. Sus declaraciones provocaron serias críticas y hasta cuestionamientos sobre sus propias preferencias sexuales, de las que ha salido no sólo bien librado sino hasta celebrado por su actitud de compromiso total con el movimiento LGBTTTI.


En este sentido, la Copa Mundial nos enseña que el deporte fomenta la integración entre personas de distintas nacionalidades, de diverso color de piel y que a través del disfrute del futbol se encuentran coincidencias que permiten una sana convivencia.


Éstas son verdaderas enseñanzas que espero que Brasil deje como legado a un mundo que encontró 30 días de tregua a esa turbia cotidianidad.

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