• Martha Flores

Eduación en Valores y en Formación Ética


Hablar de ética y valores en la educación implica ir más allá de un concepto o una definición; por ello, el presente artículo no intenta hacer un recuento acerca de qué y cuáles son los valores importantes ni definir cómo significamos la ética dentro de la práctica docente. En cambio,se pretende entender hasta qué punto los sujetos que forman parte de los espacios educativos han obviado, transmitido o desarrollado de forma deficiente una enseñanza con base en valores y la formación ética en el actuar de los individuos.



Dado lo anterior, es importante señalar cómo en la actualidad los seres humanos enfrentamos una serie de crisis, entre ellas: la social, la económica,la cultural y la política; por lo que surgen preguntas como ¿hasta dónde esta situación tiene que ver con lo que en las escuelas se está realizando?¿Qué acciones se emprenden en las escuelas de nivel básico para transformar y mejorar las cuestiones personales, familiares, políticas,económicas y sociales que se viven en el mundo?

Al respecto, es posible decir que gran parte de lo que sucede en la vida cotidiana, no dista mucho de lo que se vive en las escuelas. Es decir, sabemos que los profesores somos partícipes y responsables, pero realmente¿cuánto nos preocupan? Quizá en las escuelas más allá de preocuparnos por el ser nos hemos ocupado solamente por el saber, hemos formado alumnos capaces de memorizar y recitar datos,de resolver exámenes, problemas matemáticos,aplicar fórmulas y contestar correctamente preguntas. Sin embargo, es posible que en el transcurso del proceso de formación hayamos olvidado desarrollar la parte ética y valores que deben fortalecer y practicar los alumnos; dicho de otro modo, hemos dejado de lado la formación integral para la vida.

Sobre ello, el Plan y Programas de Estudio de 1993 dice que los niños deberán ser formados éticamente mediante el conocimiento de sus derechos y deberes, así como la práctica de valores en su vida personal, en sus relaciones con los demás y como integrantes de la comunidad. Así, a la escuela primaria se le encomienda la tarea de que enseñe conocimientos, pero además, que realice funciones sociales y culturales (SEP, 1993, p. 13), ello conlleva a la necesidad de que más allá de formar al alumno para repetir una serie de informaciones, sea capaz de utilizar los valores en su vida personal, en su familia, con los otros y con la sociedad.

Por su parte, el Plan de Estudios 2009 y la Reforma a la Educación Básica proponen desarrollar competencias para la vida centradas en el saber, el saber hacer y en el saber ser (SEP, 2008): este último nos lleva a pensar en la formación de individuos desde el ser mejor respecto a las posibilidades personales, al desarrollo del yo y a la formación del sujeto respecto de sus actitudes, pensamientos, decisiones y acciones para actuar ante los otros, ante sus circunstancias y ante la sociedad en general.


Preguntemos entonces ¿cómo se enseñan los valores y la ética en las escuelas de nivel básico? Es posible que la enseñanza de los valores y de la ética se resuma únicamente a la transmisión de conceptos, de donde se deriva la siguiente frase muy parecida a la realidad del aula de clases “hoy vamos a ver la tolerancia, escriban en su cuaderno, la tolerancia: es el respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. Dado lo anterior, se pudiera pensar que la educación en valores se centra básicamente en el dominio de un concepto. Sobre este precepto estamos formando en el seguimiento de reglas y normas, en la acumulación de saberes y en la imposición de lo que el docente quiere, sobre ello Fernando Flores dice, “el recurso más importante del

Partiendo de lo dicho anteriormente, la sociedad merece respuestas más allá de la imposición y el castigo, de la acumulación de saberes y del seguimiento de reglas y normas, reclama una educación en valores y una formación ética. La educación en valores y la formación ética deben tomar en cuenta la necesidad de formar “hombres felices”, como diría Adela Cortina; para lograrlo “es necesario colocar a los sujetos en una posición que les permita alcanzar su propia felicidad y esto se da solamente mediante una formación basada en la reflexión, la razón, la crítica y la consciencia”. Siguiendo a la misma autora se desprende que:profesor es él mismo. Dependiendo del auto concepto es como percibe al mundo, como se relaciona y ve a sus alumnos” (Flores, 1999, p. 54). Es decir, en la práctica el docente parte de sus referentes, enseña cómo fue formado e impone lo que él considera que es lo adecuado. El papel del docente en el apoyo al desarrollo de la persona y en la contribución que hace a la construcción de la sociedad es fundamental y eso es una ley; por lo tanto, éste debe formar en los valores como experiencia de vida, desde las respuestas, la comprensión, el entendimiento y, sobre todo, en la práctica diaria.

frente a la imposición o la propuesta de normas; frente a la invitación para seguir determinados ideales de conducta, los hombres —tanto más cuanto más críticos— preguntan “por qué” o a sentimientos ambiguos, equivocadamente interpretables. La respuesta —y especialmente si se pretende filosóficamente— tendrá que consistir en razones, tendrá que posibilitar la continuidad de la argumentación, la prosecución del diálogo (Cortina, 1986, p. 79).



En este sentido, la respuesta a cómo educar en valores y en la formación ética está en el diálogo y la reflexión, hacer del aula un espacio de entendimiento del otro, de liberación de sí mismo, sujetos que argumenten, defiendan, expliquen, propongan y estén abiertos a diferentes opiniones, un espacio en donde la razón sea un estilo de trabajo. Para llegar a formar hombres felices no basta con el saber o, parafraseando a Weber, siguiendo las reglas de otros que decidieron dirigirnos la vida; sino más bien, preocuparnos por interpelar al otro, por lograr una autonomía basada en el diálogo, la argumentación y el entendimiento.

Puesto que cada sujeto tiene su propia escala de valores y da su oportuna significación a cada uno de ellos, a las escuelas les resta solamente educar para la libertad, para lo humano; esto es, formar sujetos capaces de reflexionar sus acciones, decisiones y elecciones para una buena vida (Cullen, 2004, pp. 29-31) sin olvidar al otro. La educación debe tener, entonces, el propósito de formar para pensar y actuar. Cullen diría que: “la educación se trata de aprender a usar bien la razón, tanto teórica como práctica”. Esto solamente se puede lograr haciendo de los niños sujetos críticos, capaces de atreverse a pensar desde sí mismos, no guiados por reglas y normas, sino por la razón que valide los conocimientos.

El debate en el aula, los dilemas, la vida cotidiana, la argumentación, el análisis, la reflexión, la duda y la lectura del otro abren la posibilidad para trabajar los valores de forma activa, para llevar a los alumnos al discernimiento, a la toma de decisiones y a la elaboración de juicios críticos.

Dejar atrás la enseñanza de valores como conceptos implica comenzar a formar alumnos capaces de inconformarse y que más allá de ser sujetos contemplativos o reproductores se formen desde su yo interno evaluándose, reflexionando y siendo los legisladores de sus propias acciones.

En resumen, la educación en valores y la formación ética deben dejar atrás las rutinas institucionalizadas que pretendían formar sujetos estáticos. Es entonces la oportunidad y la esperanza para superar las crisis presentes y futuras, para lograr que en el aula el alumno comience por pensar qué hace, por qué lo hace, desde quién y para qué lo hace. Logrando con ello la formación de sujetos autónomos y críticos, reflexivos y pensantes, capaces de atreverse a tomar decisiones y actuar de manera adecuada ante las circunstancias de la vida y contribuir en la construcción de la sociedad.

Por lo tanto, educar en valores y en ética conlleva la necesidad de construir pensamientos complejos, pero sumamente constructivos.

Fuentes consultadas


Cortina, Adela (1986). Ética mínima. Introducción a la filosofía práctica. Madrid: Tecnos. Cullen, Carlos (2004). Perfiles ético-políticos de la educación. Argentina: Paidós.

Flores Velázquez, Fernando (1999). Ser maestro el cambio por la actitud. México: La Salamandra. Secretaría de Educación Pública (1993). Plan y Programas de Estudio 1993. Educación Básica Primaria. México: SEP. Secretaría de Educación Pública (2008). Plan deEstudios 2009. Educación Básica. Primaria. México: SEP.

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