• Alejandro Furlong Gálvez

Alberto Herrera Aragón, su Paso por Amnistia Internacional México

Amnistía Internacional es una de las organizaciones defensoras de Derechos Humanos (DDHH) más importantes y grandes del mundo, cuyo origen se remonta a 1961. El 28 de mayo de aquel año el abogado Peter Benenson, considerado el fundador de la organización y fallecido en 2005, publicó un artículo en el periódico británico The Observer, titulado “Los presos olvidados”.


El artículo lo escribe tras haber leído una noticia sobre unos estudiantes portugueses condenados por haber hecho un brindis por la libertad y en el cual hacía un llamado a la acción, al que respondieron miles de personas. Es a partir de entonces que se pone en marcha un movimiento por la defensa de los llamados “presos de conciencia”; personas de todo el mundo encarceladas por sus ideas, creencias religiosas, origen étnico u otros.

Actualmente Amnistía Internacional (AI) tiene más de 2 millones de miembros con presencia en más de 150 países. La misión de Amnistía Internacional consiste en realizar labores de investigación y acción centradas en impedir y poner fin a los abusos graves contra el derecho a la integridad física y mental, a la libertad de conciencia y de expresión y a no sufrir discriminación.

En 1977, Amnistía recibió el Premio Nobel de la Paz por su trabajo en pro de la efectiva titularidad de derechos, del cimiento de las bases de la libertad y justicia, por ello también de la paz en el mundo.

Amnistía Internacional México es, sin duda, uno de los ejemplos más representativos del avance y desarrollo en el ámbito de los derechos humanos en nuestro país, además de ser la organización no gubernamental (ONG) con mayor impacto mediático a nivel nacional. Aun cuando Amnistía Internacional tiene presencia en México desde la defensa a las víctimas de la guerra sucia del 72, la sección mexicana parecía estar condenada a la desaparición en el primer decenio del nuevo milenio; sin embargo, un talentoso equipo de trabajo, liderado por Alberto Herrera Aragón, logró construir una de las ONG más importantes en México y la sección de Amnistía Internacional más grande de América Latina.

El periodo de Alberto Herrera Aragón como director de Amnistía Internacional México fue de septiembre de 2007 a noviembre de 2012, tiempo durante el cual logró encausar brillantemente los esfuerzos de un grupo de jóvenes talento altamente motivados, para transformar una organización que contaba con una centena de miembros activos y con riesgo de desaparecer, en una institución renombrada en el campo de los derechos humanos con más de tres millares de miembros en menos de cinco años.

Esta es una entrevista exclusiva en la que Alberto Herrera relata el proceso de construcción de AI México, los principales obstáculos de la organización a nivel nacional e internacional, así como un breve panorama de la situación de los Derechos Humanos en México.

Uno de los principales retos que enfrentaste, sin duda, fue el rechazo de los mismos integrantes de la organización por tu corta edad cuando inicias como Director Ejecutivo de AI (23 años). ¿Cómo resuelves este tipo de problemas?

Llegué a AI como producto de una crisis. La sección se encontraba en una situación muy complicada, proveniente, fundamentalmente, de la alta inversión de recursos que el movimiento internacional había aportado para el crecimiento y desarrollo de la sección mexicana, sin que ningún avance fuera hecho por esta última. La sección mexicana tenía, hasta ese momento, cerca de 40 años sin que hubiese más de 300 miembros en el país, con una presencia mediática mínima y una capacidad de recaudación ridícula, poniendo en tela de juicio la misma existencia de la sección mexicana. Y en medio de esta crisis, el Comité Directivo de AI se ve en la urgencia de instaurar un director ejecutivo transicional durante el tiempo en que se generara la decisión sobre el futuro de la sección.


En ese corto tiempo, desde que inicié mis funciones, Amnistía Internacional creció ampliamente en cuanto a su membresía y recursos; también se empezaron a sentar las bases para el desarrollo de grupos de activistas y comenzó una curva de crecimiento muy importante al interior de la sección. A los seis meses me realizaron una evaluación de desempeño y el Comité Directivo decidió que mi perfil era el adecuado para continuar en el puesto.

Entonces comienzo a ganarme la confianza de los miembros. La entrega de resultados fue siempre mi primer aliado contra las contracorrientes al interior de la organización: en cinco años y medio el equipo de trabajo de AI México logró incrementar la membresía de 128 personas a más de 3 mil; amplió los grupos de activistas de dos a 12 ciudades; logró que la sección mexicana fuera la quinta sección con mayor impacto en medios de comunicación en todo el mundo, entre otros.

¿En qué situación crees que dejas Amnistía Internacional México?

Aunque la organización creció 650% en recaudación y presupuesto durante mi periodo, la organización tiene un potencial inmenso aún de crecimiento. Cuando ocupé el cargo de Director Ejecutivo, en 2007, la organización recaudó ese año 50 mil pesos; el año en que salí recaudó 2 millones 500 mil pesos; lo que, a pesar de significar un incremento porcentualmente enorme, es una cantidad sumamente baja en relación con su verdadero potencial.

Existe una gran diferencia entre los países del norte y los del sur que se presenta como un grave problema en la constitución del movimiento internacional de Amnistía Internacional al que se le debe poner especial atención para mejorar el desempeño del movimiento a nivel mundial. Aproximadamente 85% de la membresía global de Amnistía Internacional proviene de países del norte. La sección más grande del mundo es la de Estados Unidos con aproximadamente 400 mil miembros y, en términos proporcionales, Noruega, donde, aproximadamente 5% de la población es miembro de Amnistía Internacional. Este gran flujo de recursos está destinado a proyectos, en su mayoría, en países del sur, sin embargo, las secciones del sur son en ocasiones incapaces de gestionar cantidades semejantes. Las secciones del sur deben de cambiar sus estándares organizativos poder tener acceso y capacidad de gestionar eficientemente ese flujo de recursos.

Creo que dejo la sección mexicana en una muy buena situación, a comparación de lo que era la organización a la que llegué, no obstante, AI ha llegado a un punto donde su curva de crecimiento se ha estancado e, incluso, disminuido y, para ampliar la curva ha llegado el momento de volver a invertir en la organización. La próxima dirección ejecutiva de la organización será responsable de diseñar o continuar con el diseño de la estrategia de crecimiento. Un proyecto multidireccional que implique el mejoramiento de los sistemas de atención a membresía, mejoramiento de los sistemas que aseguren el impacto de la organización en materia de derechos humanos, redefiniciones identitarias al interior de la organización, mejoramiento de planes operativos y, así, no únicamente enfocarnos en el tema de los recursos.

Como todas las organizaciones que cuentan con comités directivos u órganos de toma de decisiones constitucionales y fundacionales, AI no queda fuera de los grandes problemas de gestión que estos órganos provocan, ¿cómo resolviste estos problemas que son generados en el mismo seno de la organización?

Fueron justamente estas barreras que surgen desde el interior de la organización las que, en definitiva, se convirtieron en algunas de mis experiencias más difíciles. Mientras un sector muy importante de la organización me brindó su confianza y apoyo, hubo áreas que mostraban poca confianza y se mantenían reacias a los cambios que era necesario implementar. Para que cualquier organización pueda llevar a cabo sus funciones de manera eficiente, es necesario que la persona que está a cargo de su operación tenga condiciones adecuadas para operar. Cuando esto no sucede la organización se estanca.

Amnistía está obligada a revisar urgentemente la forma en que se organiza por dentro, para poder explotar todo su potencial de la mejor forma. Es un tema que la organización ha discutido durante años y que requiere de definiciones prontas que pongan como último sentido de su existencia los cambios que el mundo requiere en materia de derechos humanos. Me parece que si Amnistía quiere llevar su mensaje a todos los lugares del mundo a donde se lo ha planteado, estas reflexiones son indispensables.

¿Cuáles son los principales retos a los que la organización debe hacer frente a nivel internacional?

Actualmente se encuentra en marcha el proyecto más ambicioso en los últimos 20 años de la historia de Amnistía Internacional a nivel mundial. Una iniciativa llamada Moving closer to the ground. Este proyecto tiene como fin que el Secretariado Internacional, que es una estructura monolítica en todos sentidos, de gran tamaño, con un vacio de comunicación interinstitucional y una gran distancia de las secciones nacionales de la organización, cambie estas características con la creación de oficinas regionales en todo el mundo. Es un proyecto organizativamente revolucionario y desafiante que ha costado grandes recursos y esfuerzos sacarlo adelante; yo mismo participé en las discusiones sobre los criterios organizativos de la nueva estrategia y, en definitiva, creo que es la decisión correcta. Mi sueño de AI, que sea una organización capaz de funcionar sin secciones. Una organización que funcione de manera regional trazada con base en las necesidades de derechos humanos de cada región, donde cada parte de la organización tenga perfectamente claras sus funciones y expectativas.

Muchas de las funciones de la organización a nivel mundial son llevadas a cabo por distintos órganos que no tienen bien definidas sus funciones específicas. En muchos casos el trabajo sólo se duplica. A este mismo respecto, otra de las cosas que cambiaría sería replantar el lugar de los miembros dentro de AI. Creo que hay una confusión sobre el papel que debe desempeñar el miembro al interior de la organización. Se piensa que darle mayor importancia a la membresía es darle cargos de mayor responsabilidad, cuando ni siquiera se ha tenido un acercamiento sobre los deseos o intereses del miembro de AI. El miembro de AI ya se ha involucrado contribuyendo económicamente y, en la mayoría de los casos, está mucho más interesado en el activismo y el trabajo en derechos humanos del movimiento, que en sus discusiones organizativas o financieras.

La situación de los derechos humanos en México es sumamente controversial. Mientras por un lado el avance en la materia es indudable, por otro, nos encontramos en una de las situaciones más graves de violencia a las que el país se haya enfrentado. ¿Cuál es tu perspectiva de la situación en México para el siguiente sexenio en derechos humanos?

Es cierto que el tema no ha sido el fuerte del presidente Peña Nieto, incluso, el caso de Atenco tiene una alta probabilidad de que la Corte Interamericana lo admita y falle contra el Estado mexicano. Sin embargo, el tema de los derechos humanos en México ya tiene gran impacto en el seno de la sociedad, por lo que en algunos sectores la situación mejorará por la propia inercia que lleva el tema; no obstante en otros sectores la moneda está en el aire. Creo que para tener una perspectiva de la situación en México en el sexenio a venir, se debe hacer una lectura de corte político del contexto y sus actores y, sobre todo, es necesario comprender el funcionamiento del Partido Revolucionario Institucional (PRI), porque el partido en el poder no funciona bajo la lógica de un individuo, sino como una maquinaria compleja con características identificables. El PRI es una institución que trabaja buscando abarcar todos los espacios de poder posibles, es un partido sumamente pragmático y que puede apuntar hacia cualquier dirección. El PRI puede ser pro o antiderechos humanos o las dos cosas al mismo tiempo, en la medida que su posición le permita conservar el poder. Los derechos humanos en México se desarrollarán hasta donde sea conveniente para el PRI que se desarrollen y en los ámbitos y áreas que al partido le convengan.

Un claro ejemplo de esta situación sucede durante la transición Madrid-Salinas y durante el periodo del último. La Comisión Nacional de Derechos Humanos es creada en 1992, en la cumbre del modernismo priísta como parte de la liberación política y económica por la que atravesaba el país, especialmente por dos razones. La primera debido a que la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte así lo exigía; la segunda razón, porque en 1984-1985 se crea la primera ONG mexicana durante el proceso de liberalización política de De la Madrid, El Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria y, posteriormente, el Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez, lo que equivalía a la generación de un discurso autónomo al interior de la sociedad civil en el tema de derechos humanos y el PRI no podía permitir la existencia de ningún discurso autónomo en ningún área. Así es como se inicia, primero, como una dirección de derechos humanos en la Secretaría de Gobernación, posteriormente, como órgano desconcentrado y en el 92 como órgano constitucional autónomo, un proceso de monopolización del discurso de los derechos humanos, ya que es la Comisión Nacional de los Derechos Humanos la que durante muchos años ha buscado dictar dónde inicia y dónde acaba el discurso de los derechos humanos en el país. Es necesario, además, considerar que las comisiones de derechos humanos son particularmente susceptibles a quienes las encabezan, y los procesos de elección de los ombudsman en México están lejos de ser independientes y de cara a la sociedad. Por lo tanto, repito, el PRI no es ni pro ni anti, el PRI es y será todo aquello que le permita mantener el poder y México avanzará en materia de derechos humanos tanto como al PRI le convenga.

Después de más de cinco años a la cabeza de una de las organizaciones más importantes de derechos humanos en el mundo, ¿cuáles son los principales retos para que México pueda avanzar en la materia?

Para que México comience a avanzar de manera multidireccional es absoluto menester un profundo y urgente diagnóstico técnico de la situación en el país. Una clara identificación de los cambios estructurales y técnicos para que los derechos humanos se conviertan en una realidad.

Por ejemplo, los fallos de los sistemas de protección a defensores de derechos humanos a nivel local y nacional son, en ocasiones, causados por aspectos meramente operativos, ya que todos los procesos involucran procedimientos burocráticos que entorpecen cualquier esfuerzo para garantizar la protección de los derechos fundamentales. No todas las violaciones a los derechos humanos se cometen por la malevolencia de algún funcionario del bando de los malos; muchas veces las violaciones se llevan a cabo a causa de un aparato burocrático inmenso, ineficiente, con personal poco capacitado e incapaz de satisfacer las necesidades de protección de la ciudadanía.


Por ello, lo primero es tener una agenda perfectamente definida sobre las principales áreas de preocupación para el gobierno en materia de derechos humanos, la cual ha sido más que definida, tanto por órganos nacionales como internacionales, pero se requiere un compromiso abierto y firme del gobierno a este respecto. Y como segundo paso, hacer un escrupuloso diagnóstico técnico sobre la situación individual de cada uno de los temas que conforman la agenda. Es a partir de estos diagnósticos, de existir la voluntad política, que las autoridades podrán ser capaces de replantear sus estrategias operativas y ajustar los procedimientos para hacerlos más efectivos. Sólo mediante la examinación constante y sistemática de los sistemas de protección al individuo es posible acceder a la efectividad de las garantías individuales.

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