• Adolfo Mejía Ponce de León

Panorama General del Agua en el Valle de México



Por razones históricas y políticas, México es un país muy centralizado. A causa de esto los servicios gubernamentales y el desarrollo industrial se han concentrado en la Ciudad de México, donde se localiza 45% de la actividad industrial nacional, aporta 38% de su producto nacional bruto y, junto con la zona conurbada, concentra 20% de la población del país. La ciudad alberga casi todas las oficinas de gobierno, los centros de negocios nacionales e internacionales, las actividades culturales, las universidades y los institutos de investigación más importantes. El rápido crecimiento de los últimos 50 años se ha caracterizado tanto por la expansión de áreas urbanas y residenciales planeadas para las clases media y alta, como por las invasiones ilegales de tierra y los asentamientos no planificados en las áreas periféricas.


A lo largo del tiempo, las autoridades gubernamentales han prestado atención a este crecimiento, proporcionando los servicios urbanos desde la perspectiva de la oferta, es decir, buscando siempre nuevas fuentes de suministro para cumplir con los crecientes requerimientos de servicios en la Ciudad de México. El agua no ha sido la excepción, inicialmente con la explotación del acuífero y posteriormente con el desarrollo de grandes proyectos de infraestructura hidráulica para traer agua del Valle de Lerma (Estado de México), y del Sistema Cutzamala (Estado de México y Michoacán). A pesar del esfuerzo, de las millonarias inversiones y la sobreexplotación de las fuentes de abastecimiento, en no pocas zonas de la Ciudad de México el servicio de agua es insuficiente e inadecuado la mayor parte del tiempo.


La búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento, así como la sobreexplotación de las fuentes de suministro, como casi único medio para resolver la demanda de agua de la Ciudad de México, ha tenido su correlato. Es a partir de la década de los 40 cuando se manifiestan los efectos en la ciudad, por ejemplo hundimientos. Las últimas estimaciones en el acuífero arrojan un balance hidráulico negativo en 30%, es decir, de cada metro cúbico que se extrae tan sólo se recargan 300 litros.


En las diversas zonas de suelos arcillosos de la Ciudad de México, los hundimientos van desde 6 cm/año hasta más de 30 cm/año. El centro de la ciudad se ha hundido aproximadamente 10 metros en los últimos 60 años. Los costos de este hundimiento no son cuantificables: construcción del drenaje profundo, de los sistemas de bombeo del drenaje, deterioro de todo tipo de infraestructura pública y privada, entre otros. El descenso del nivel estático del acuífero se paga doble en términos del abasto de agua: por un lado, cada vez es necesario bombear a mayor profundidad y la calidad del agua va decreciendo, lo que incrementa los costos de operación y potabilización; y por otro lado, las afectaciones a la red de abastecimiento por los hundimientos del subsuelo, aunado a la edad de las tuberías, hace que 35% del agua que se distribuye se pierda por fugas.


Otro grave problema cuya solución ha seguido la tónica del abastecimiento de agua, solo que en este caso la consigna ha sido sacar el agua del Valle de México, es lo relativo al manejo de las aguas residuales. Como el Valle de México es una cuenca cerrada, se han construido obras costosas para desalojar las aguas residuales y de lluvia en un sistema de drenaje que es común para ambas descargas. Originalmente, los escurrimientos pluviales iban a concentrarse a los lagos del Valle, pero en la medida que éstos han sido ocupados por el área urbana, se ha vuelto necesario desalojar tanto el agua de lluvia como la residual para que la ciudad no se inunde. Actualmente son desalojados del Valle de México 40 m3/seg de aguas residuales, los cuales son producidos tanto por el Distrito Federal como por el Estado de México. Junto con el problema del volumen se encuentra el de la calidad del agua residual, para el caso de la Ciudad de México sólo 2.50 m3/seg reciben algún tipo de tratamiento.


No obstante lo grave de la situación y pese al conocimiento de los problemas ambientales, sociales, económicos y de salud que se generan por el inadecuado manejo del agua en la Ciudad de México, sigue siendo común el uso irracional del recurso: las redes de abastecimiento de agua y drenaje presentan importantes pérdidas por fugas que deben ser corregidas; el reuso de agua residual tratada sigue siendo muy bajo; la fuerte sobreexplotación del acuífero obliga a seguir importando grandes cantidades de agua de las cuencas vecinas con cada vez mayores gestiones para su obtención; el agua descargada fuera del Valle de México transporta los contaminantes generados por los usos domésticos e industriales sin previo tratamiento con los consecuentes impactos ambientales.


Un elemento que históricamente se ha dejado de lado y que será determinante para el desarrollo de una adecuada política de manejo de agua es el relativo al costo del servicio. En términos generales, la distribución y el costo del agua en la Ciudad de México son desiguales entre zonas de alto nivel económico y zonas populares, donde el mayor impacto negativo es en los usuarios de menor capacidad económica. Esta situación se agrava al no contar con un padrón de usuarios actualizado y a la existencia de tomas clandestinas que no son contabilizadas. Existe un subsidio generalizado y mal orientado que contribuye al mal uso del recurso. En conjunto, el resultado es la escasez presupuestal y el descontento de los sectores sociales más afectados. Cabe resaltar que la deficiencia en el cobro por el suministro del agua ha obligado al gobierno de la ciudad a cubrir el déficit de recursos económicos necesarios para el mantenimiento de la infraestructura existente y para la construcción de nuevo equipamiento.


Con todo, la problemática descrita tiene soluciones y debe ser abordada lo más pronto posible si se desea la supervivencia de la ciudad en el largo plazo sin un permanente estado de emergencia. El Gobierno del Distrito Federal con base en lo establecido por el Plan Verde y los Programas del Sistema de Aguas de la Ciudad de México ha identificado cinco ejes rectores: recarga del acuífero y protección al suelo de conservación; consumo de agua potable; detección y supresión de fugas; drenaje, tratamiento y reúso de agua residual tratada; y, parques lacustres y áreas de alto valor ambiental. El cumplimiento de las tareas gubernamentales se ha definido en dos estrategias: una de mediano plazo (2007-2012) y otra de carácter emergente. La primera encuentra su materialización en el Programa para el Manejo Sustentable del Agua para la Ciudad de México y la segunda en el Programa Emergente de Abasto de Agua en el Distrito Federal, puesto en marcha en el segundo semestre de 2009, a raíz de la súbita escasez del recurso hídrico para el abasto de la población.


Las estrategias que el Gobierno del Distrito Federal se ha planteado para avanzar en el manejo sustentable del agua habrán de dar resultados en los plazos esperados. Sin embargo, será preciso desarrollar políticas integrales de alcance metropolitano y regional que involucren al los tres órdenes de gobierno, a los actores sociales y económicos relevantes y a la ciudadanía en general si es que esperamos una solución de largo aliento y con carácter definitivo al enorme reto que implica la sustentabilidad hidráulica del Valle de México.



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